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OPINIÓN: disertación “Roca: Hombre”, por Gonzalo Roca (19-10-2020)

El profesor Gelly y Obes dijo en una conferencia que “La historia debe ser idealmente contemporánea y nunca distorsionado su proceso, aplicando criterios actuales para juzgar hechosremotos” 1. Esto es lo que hoy llamamos hechos “ahistóricos”, al margen de la historia y/o del
tiempo en que transcurrieron.


José Arce nos propone estudiar a Roca Hombre tanto por sus cualidades hereditarias, como también por las adquiridas.


De las hereditarias, su madre, Agustina Paz desciende de Sancho Paz y Figueroa, primer vástago americano de la familia nacido en 1565, cuyo padre, Sancho de Paz, había ingresado a las Indias por Perú cinco años antes.2 Fueron conquistadores y fundadores de ciudades. Es también Sobrina bisnieta de la beata María Antonia de Paz y Figueroa, Mama Antula y de quien esperamos su próxima canonización.

De Agustina se decía que era guapa, distinguida y esbelta, novena hija de los doce que tuvo el matrimonio de Juan Bautista Paz y Placida Pereyra Mariño. Fue Agustina de la mayor transcendencia en la familia Roca Paz, no solo en la crianza y educación de sus vástagos, que fueron 9, sino además en el inicio de esta familia, tras salvar a Segundo Roca de la pena capital impuesta por el gobernador Alejandro Heredia, a quien quiso derrocar en enero de 1836 junto a otros jefes revolucionarios unitarios el general Javier López y su sobrino el Dr. Ángel López. Derrotados, Agustina hizo saber a
su padre acerca del secreto amor que se tenían y, como nos cuenta Julio Costa en una carta que tituló “Un condenado feliz”, pidió por su vida para contraer matrimonio, librándolo para su felicidad y la de toda nuestra familia y de la Patria, al darnos el prócer que hoy homenajeamos.


Ejemplos cercanos para Julio Roca, fueron su abuelo, Juan Bautista Paz y Figueroa, ministro delegado de Alejandro Heredia; sus tíos, Marcos Paz y Gregorio Paz y Figueroa; y seguramente el amor de su tía, Juliana Paz, que los cobijó en la orfandad temprana por la muerte de su madre a los 45 años.


Por su padre, Segundo Roca, hijo de Pedro Roca, natural de Tarragona, y de María Antonia Tejerina y Medina, descendiente directa de Gaspar de Medina, militar y funcionario nacido en España hacia 1530, y corregidor del Tucumán, quien vino primero al Virreinato de Nueva Granada y tiempo
después fue enviado a Chile. Allí, en la ciudad de La Serena, contrajo matrimonio con Catalina de Castro Coya, hija de García Díaz de Castro y la ñusta Bárbola Coya Inca, “de real, alto y serenísimo linaje” según consta en el expediente sucesorio, bisnieta de Huayna Cápac, hija del Inca Sayri Tupac
(1544), hijo este de Manco II, hermano de Huáscar y Atahualpa, que hace a Roca, al decir de un genealogista, un verdadero hijo del sol” 3 y le imprime a Roca una identidad americana muy interesante para el Conquistador del Desierto y Constructor del Estado Nacional.

Vayamos ahora a las cualidades adquiridas. No hubo ninguno como su padre Segundo Roca que, en la intimidad del hogar y con la sencillez que lo caracterizaba, le contaba la historia de la Argentina naciente y de los innumerables combates a las órdenes de San Martín, de Bolívar, de Juan Antonio Álvarez de Arenales, Andrés Santa Cruz, José de La Mar, Lavalle, y Carlos de Alvear; además de las luchas internas en las que combatió a las órdenes de Mariano Necochea, José María Paz y Gregorio Araoz de Lamadrid. Tampoco faltaron los relatos sobre su batalla con Facundo Quiroga en la ciudadela de Tucumán, cerca del campo El Vizcacheral, donde nacerían todos sus hijos; así como también del destierro obligado, los enconos en las políticas locales, la sangre derramada que no lograba encauzar la patria –sentimiento siempre presente en él–. Todo esto era escuchado con atención y, en su mente de niño, seguramente tomaba una nueva forma.

De su infancia en Tucumán con los Franciscanos aprendió las primeras letras, matemática, geografía y ya tempranamente demostró su inclinación por los libros de historia y los clásicos latinos, pasó luego al colegio de Concepción del Uruguay, con trece años.

Lo describe Marcó del Pont: “Lo que en Roca acusaba su espíritu y, en cierta forma lo resumía por completo, eran sus ojos de un color cambiante verde y gris-acero, relampagueantes e irónicos; mirada taladrante. Su alma, toda, estaba en sus ojos, eran unos ojos alerta, que estaban en perpetuo acecho. ¡Signo prematuro de genio político, en un niño de apenas trece años!”.

La adolescencia y la juventud de Roca se funden en un solo período y transcurre entre su llegada al colegio de Concepción del Uruguay a los 13 años, el artillero de Cepeda a los 16, el héroe de Curupayti con el grado de mayor a los 23, las batallas de Ñaembe y Santa Rosa, ¡general a los 31
años! Después vendrá la Campaña al Desierto, donde se vislumbra el político.


Mariano de Vedia, quien lo conoció íntimamente, lo describió como “un maestro acreditado en el conocimiento, el trato y la aplicación de los hombres, una inteligencia penetrante, singular perspicacia, absoluta serenidad, mucho don de gente, una psicología vivaz, y otros elementos
combinados que deben surgir alternativamente de la cabeza y el corazón”.


Completa Marcó del Pont: “Su característica, es la diplomacia: un profundo conocimiento del alma humana y una extraordinaria habilidad para sondearla4 . Joven y taciturno, rubio y elegante, parco y prudente, pero no distante; alejado siempre de la grosería y la vulgaridad”.


Nicolas Repetto, medico, discípulo de Juan B. Justo, de joven radical, más adelante socialista, que combatió en la Revolución del Parque, y en carta a Mariano de Vedia, muchos años después, declara que “gracias a la astucia de la política del acuerdo, Roca había prestado un inmenso servicio, salvando al país del caos y la anarquía en que indefectiblemente habría caído si hubiera triunfado el grupo inorgánico, heterogéneo e inmaduro del 90. Rosendo Fraga, en su libro sobre historia contrafáctica, dice que, si los revolucionarios hubieran conseguido tomar prisioneros a Roca y a Pellegrini, seguramente hubiera precipitado una guerra civil como ocurría en ese momento en Brasil y en Chile, reeditando el conflicto del Interior con
Buenos Aires, que se había cerrado en 1880.5

Roca fue un estadista. Goza de los condimentos personales para serlo: prudencia política, conocimiento del pasado y del presente, interpretación de las necesidades del momento histórico. Nos dice Carlos Piedra Buena, que un estadista “debe poseer cuatro cualidades: solidos principios,
limites morales, visión y habilidad para construir consensos y que trascienda las generaciones”6


Disfrutamos hoy las grandes obras perdurables que hacen a la Nación Argentina, por ejemplo la Campaña al Desierto y su resultado, que es la soberanía sobre la totalidad del territorio argentino, incluidos los espacios marítimos; la división política de Argentina, la solución del conflicto Interior con Buenos Aires que había durado 60 años, la capitalización de Buenos Aires, la ley 1420 de Educación obligatoria, gratuita, gradual y conforme a los principios de la higiene, y laica, la obra más conocida aunque no identificada con Roca, que hace a la nacionalidad, a la igualdad y al desarrollo. Años más tarde en la segunda presidencia, con la misma visión, inicia la presencia soberana argentina sobre la Antártida. ¡Territorio y Educación, dos pilares de la Patria!


Y en los intangibles también. Como ejemplo traigo solo dos: Uno, la inmigración, es un acto político, por un lado, decisiones y acciones concretas del Estado para llevarla adelante, leyes,
financiamientos, estructuras, pero es también la transformación de la nación, de la cultura nativa, criolla y española, al crisol de razas, distintas costumbres, otras religiones. Argentina duplica su población y para el centenario prácticamente éramos 50% de nativos y 50% de inmigrantes. ¡Qué fortaleza moral tan grande tuvieron para animarse a tanto!


Otro intangible, es la Paz, así con mayúscula. Roca asume la segunda presidencia porque todos los políticos coinciden que estábamos muy cerca de un conflicto armado con Chile por la cuestión de límites y que Roca era quien tenía las mejores condiciones para conducirla en caso de guerra. Roca supera toda expectativa, y en una larga cadena de decisiones y actos, y de una fortaleza espiritual y moral, logra una Paz con Chile, sin comprometer la dignidad de la Nación ni renunciar a los derechos que nos correspondían en la integridad del territorio, habiendo sido crucial su propia fortaleza espiritual y moral en la prueba extrema en que fue puesto cuando su gran ministro de Guerra, Pablo Riccheri, va a su casa a las doce de la noche del 24 de diciembre de 1901, en que se habían agotado todos los recursos de la diplomacia, para pedirle la autorización para poner en
marcha al ejército, que estaba listo para iniciar la guerra. Roca, después de una larga meditación le dice: vamos a esperar un poco para dar tiempo a los chilenos, que en este momento están sabiendo que estamos dispuestos a ir a la guerra, tengo una esperanza de la reanudación de la
negociación. Agrega, “Tendremos una paz honrosa o haremos la guerra como es debido”


Finalmente llegó el embajador de Chile, trayendo la noticia del inicio de las negociaciones, que terminaron con los Pactos de Mayo de 1092, que son ejemplo del mundo.


Otra vez el estadista, otra vez el futuro como visión: le había dicho a Riccheri: “Estas naciones nuevas necesitan de todo su poder afectivo y de mutua confianza para vincularse un día ante peligros mayores”.


Para este general victorioso, la Paz se le había hecho carne y estaba en su alma, desde su niñez y su juventud, sabia de los horrores de la guerra; por eso al asumir su primera presidencia, el lunes pasado se cumplieron 140 años, puso como lema “Paz y Administración”. En el primer mensaje al
Congreso dice que: “Las naciones conservan su independencia e integridad, con la paz interior, las virtudes cívicas del ciudadano, el respeto al principio de autoridad y el acatamiento a la Constitución y las leyes”. Y lo cierra: Honorables señores: Invocando la protección divina para vuestras deliberaciones, para mis actos y para la felicidad de la patria, declaro abierto el período legislativo de 1881.”7


Roca se casa con Clara Funes Díaz, en la catedral de Córdoba en 1872; mujer bonita, discreta, sensible e inteligente, vivieron 18 años de feliz matrimonio y tuvieron seis hijos, un varón y cinco mujeres, hasta que, en mayo de 1890, un tumor sin cura se la llevó a los 41 años. Julito el mayor tenía 16 años, Josefina la menor 7 años. Fue un duro golpe para Roca, como lo hace ver en la carta que le escribe a su hermano Alejandro: “Ha muerto como una santa y más linda que nunca. El vacío que deja una mujer como Clara es inmenso. Aquí todo me la recuerda”. Roca también derrababa lágrimas y vivía las emociones familiares de manera muy demostrativa.


Roca gozaba de una paz interna personal, tenía la sabiduría de conocer el ser, conocía a los hombres, pero también se conocía a sí mismo, y las condiciones límites de la naturaleza y de la vida.


Dejo muchas frases elocuentes y profundas, que las trata muy bien Mariano de Vedia8 , cada una puede ser el nombre de un capítulo para desarrollar su contenido. Traigo una que muestra esa sabiduría interior y la prudencia como virtud: en la comida con el gobernador de Rio, con motivo
del viaje presidencial de 1899, en el discurso de agradecimiento le dijo: “En pocas ciudades es más difícil que en ésta el gobierno comunal, porque se encuentra fatalmente colocado entre las exigencias del confort, de la comodidad privada y los derechos de la naturaleza al respeto de sus
encantos. ¿Cómo se puede establecer en tales condiciones la línea divisoria entre las frondosidades de la tierra desbordante y la obra de progreso esencial que se quiere realizar? ¿Dónde detenerse? ¿Hasta dónde avanzar? La mano que trata de ser benéfica puede resultar profana.”


Esta frase es toda una Ecología integral de la naturaleza, del hombre y de la política, ¡dicha hace 121 años!


A medida que avanzaban los años desfrutaba de la soledad y el silencio que lograba en La larga, lugar que se hizo muy entrañable para el general. Allí es el Roca poblador de estancias, que es el significado de la industrial rural, consecuente con el proceso civilizador y de desarrollo, decidió
poblarlas, alambrarlas, levantar las poblaciones que se requerían para el personal y para el trabajo, los puestos, los corrales, las mangas, los molinos, las aguadas, lo jagüeles, refinar los pastos con alfalfas, que se consideraba el petróleo verde de principios de siglo, con gramíneas, con maíz, con trigo; su poblamiento con ganados, primero ovino, después bovino, yeguarizo; el arbolado de esa inmensa llanura, al cual Roca le dedicó especial atención; puso más de un millón de plantas de eucaliptus, araucarias, cedros, pinos, cipreses, sauces, paraísos, álamos y muchas otras variedades.

Pasaron los años, se acercaba el fin de la vida. En una oportunidad dijo: “meditemos como alivio para nuestra pena y aflicción, que la muerte no es al fin más que el supremo e infinito descanso de los afanes incesantes de la vida”9


Le escribe a un amigo: “Cuando quiera puede venir la muerte sin encontrarme en pecado ni remordimientos”. Estaba preparado, así con humildad y resignación.


Durante doce años fuimos con Ana María mi mujer a Bariloche, y a visitar a indios amigos nuestros, como los Ancalao en Ñorquincó, que participaron en la Campaña, y a Antonio Fermín en Cushamen, de la familia de los Nahuelquir, cacique que fue baquiano del perito Moreno en la fijación de los límites con Chile; al llegar nos parábamos frente al monumento del Centro Cívico: ¡Aquí venimos mi general a saludarlo y agradecerle, y decirle que ha cumplido sobradamente con la Patria! ¡Dios lo guarde y descanse en paz!

1 Gelly y Obes, Conferencia sobre “Manuel Belgrano: los fundamentos de su obra”, citando a Benedetto Croce.

2 Aldo Marcos de Castro Paz.

3 Carlos Méndez Paz, trabajo en mi carpeta de genealogía, sección Inca. También Luque Colombres y Narciso Binayan Carmona. Ver también mail mío a Bebi del 13 de septiembre del 2003. Y Susana D. Soler.

4 Augusto Marcó del Pont, “Roca y su tiempo”

5 Rosendo Fraga: ¿Qué hubiera pasado si…?

6 Carlos Piedra Buena: “Los días de Julio Argentino Roca”, tomo I Academia Provincial de San Isidro

7 Museo Roca, documentos II, Mensajes al Congreso

8 Mariano de Vedia, “Roca en el escenario político”, capítulo X

9 José Arce, tomo II, pág. 255. Lo dijo en el entierro de su secretario Navarro Viola en 1885

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7 de Octubre: a las 13 hs, en el tradicional encuentro semanal del Rotary Club Aires, disertará vía zoom, especialmente invitado, el Grl Raúl J Romero sobre el tema “1880-2020: A 140 años del primer gobierno del Grl Roca”. La misma será exclusivamente para socios de la Institución.

9 de Octubre: a las 19 hs, organizado por la Delegación Bariloche del Instituto Roca, el Historiador Eduardo Lazzari, dará una conferencia, vía Google Meet ,acerca de “Roca y la integración de la Patagonia al Estado Nacional”. El ingreso será libre a través de Google Meet  meet.google.com/dtg-gpvj-pmp

 

 

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