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OPINIÓN

Posverdad y Negacionismo: armas culturales, por Jorge P. Mones Ruiz (La Prensa, 18-02-2020)

El término posverdad, según el actual director de la Real Academia Española Darío Villanueva, quiere decir que las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público. Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad (ideología) en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes políticas y sociales.

En el mito de la caverna de Platón, el filósofo griego planteaba que la verdad es independiente de nuestras opiniones. Siempre está, aunque nadie crea en ella. Sin embargo, esta idea también tiene un lado oscuro: la mentira, que también puede subsistir y acaparar toda la atención porque, si bien no describe fielmente la realidad, no le hace falta; simplemente funciona en nuestras cabezas. Nos permite construir un relato. Por eso sobrevive.

Entre la verdad y la mentira existe, pues, un terreno cenagoso que escapa a esas dos definiciones: la posverdad, que en reemplazo de la verdad, sienta las bases para instalar el “negacionismo” como sutil arma de la revolución política y cultural vigente en la Argentina. De acuerdo al autor Paul O’Shea, “es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. Es en esencia un acto irracional que retiene la validación de una experiencia o evidencia históricas”. El autor Michael Specter define el negacionismo grupal cuando “todo un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable”

Resulta que ahora quieren legislar para acusar a quienes, basados en la verdad, se oponen a la “historia oficial” construida sobre la posverdad: una ley mordaza a la libertad de expresión, propia de regímenes totalitarios o de novelas fantásticas, como Un Mundo Feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell. Lo curioso es que si de negacionistas hablamos, los primeros en merecer esa calificación son los que quieren instalar semejante adefesio jurídico.

ANTIHISPANISMO

Probaremos casos concretos sobre esto último.

Ciertamente, desde hace varios años cunde una visión (relato) antihispánica, anticatólica, indigenista y pagana (“Leyenda Negra”) que nada tiene que ver con la realidad histórica investigada por verdaderos especialistas académicos nacionales y extranjeros. En la Argentina brotaron una serie de “cartoneros de la Historia”, como acertadamente los caracterizaba un notable profesor, miembro de la Academia Nacional, a quien tuve la suerte de tenerlo como profesor hace algún tiempo. Pseudohistoriadores malversan los hechos del pasado con una clara intencionalidad política-ideológica. Se trata del conveniente relato o posverdad.

En nuestro país, uno de los colmos de la política difusora de la posverdad progresista llevó a cambiar el nombre de Día de la Raza por el Día del Respeto a la Diversidad Cultural (3 de noviembre de 2010), como si la denominación anterior hubiese sido inspirada por un oligarca racista, algún trasnochado militar golpista de derecha o por el “Kennel Club”. Otro relato posverídico.

Nada más lejos de la realidad. Recordaremos declaraciones de dos presidentes que gobernaron la Argentina en el siglo XX. Paradójicamente, hoy muchos de sus seguidores contradicen la opinión de esos líderes; enarbolan un antojadizo relato negando la verdad histórica proclamada y seriamente documentada por aquellos mandatarios.

De hecho, fue el presidente Hipólito Yrigoyen que inspiró el feriado 12 de octubre como “Día de la Raza”:

“…La España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales, y obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones americanas…” (decreto del 4 de Octubre de 1917)

Años más tarde, el Gral Perón coincidía con el líder radical. En un discurso pronunciado en la Academia Argentina de Letras el 12 de octubre de 1947, Perón decía:

“…La historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad, alcanzan sus más sublimes proporciones”(…)“reverenciar a la madre España, (…) afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna” (…) “Para nosotros los latinos, la raza es un estilo. Un estilo de vida que nos enseña a saber vivir practicando el bien y a saber morir con dignidad”.

En su discurso, Perón también defendió la conquista y evangelización de nuestra Madre Patria, nunca habló de “genocidio”, como hoy sostienen que hubo muchos de sus ex discípulos:

“…Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano” (…)“Para nosotros los latinos, la raza es un estilo. Un estilo de vida que nos enseña a saber vivir practicando el bien y a saber morir con dignidad”(…)“Porque la difusión de la leyenda negra, que ha pulverizado la crítica histórica seria y desapasionada, interesaba doblemente a los aprovechados detractores.”

La pregunta que nos hacemos es: ¿Quiénes dicen la verdad y quiénes la “niegan”, sosteniendo la posverdad o relato? ¿Irigoyen y Perón o los nacionales y populares del siglo XXI, los “aprovechados detractores”?

INFILTRADOS

Otro ejemplo sobre un hecho más reciente.
Como consecuencia de la guerra revolucionaria librada en nuestra Argentina se produjo un “sinceramiento ideológico” de los diferentes actores que protagonizaron aquellos acontecimientos. La ruptura entre el gobierno de Perón y un sector importante de sus seguidores ensangrentó al país y obligó a tomar posiciones.

Hoy día, ex terroristas reciclados en políticos y otras profesiones son patéticos heraldos de la posverdad; son los que traicionaron al General hace cuatro décadas y hoy se cobijan bajo su figura, deshonrando su memoria y su doctrina, aunque apelen a sus frases docentes: “…como dijo el General…”); hasta siguen canturreando la “Marcha de los Muchachos”, a la cual, “heréticamente”, le agregaron estrofas que reivindican a una organización (la JP – Juventud Peronista) que fue en su momento anatematizada por el propio General. Se trata de una cáfila nacional y popular, huecos lenguaraces de cuentos mendaces surgidos de la “caverna de Cristina”, usina de relatos y caprichos que anonadarían al mismísimo Platón.

Dijo Perón el 1 de Mayo de 1974 desde la Casa Rosada y refiriéndose a los Montoneros (ex “juventud maravillosa”) y otras organizaciones subsidiarias:

“…estos infiltrados que trabajan adentro y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría son mercenarios al servicio del dinero extranjero”(…) “Mocosos imberbes y estúpidos…”

No eran como sostiene el actual relato: ni jóvenes idealistas ni perseguidos o muertos por pensar diferente. El difunto General ya había ordenado exterminarlos el 20 de enero de 1974. Su sucesora, poco tiempo después, decretaría su aniquilamiento.

El Dr. Ricardo Balbín, jefe del radicalismo de entonces, no se quedó atrás; y el 6 de octubre de 1975 declaró:

“La guerrilla metida en los montes carece de banderas y de sentimientos; no tiene sentimientos porque destruye y no tiene banderas porque es antinacional. Hay un seguro de vida contra ellos; cuando atacan no miran a quienes matan y cuando los toma la Justicia reclaman la solidaridad del pueblo para sacarlos; es decir que la guerrilla con seguro de vida es la guerrilla de los cobardes”.

¿A quién creer?

¡¡Cuántos de esos “infiltrados, traidores, imberbes y estúpidos” volvieron de la guerrilla y el terrorismo, mutados en demócratas e indemnizados con cuantiosas sumas de moneda imperialista, y cuántos hoy ocupan cargos públicos!! Es que el relato (posverdad) fue y es, sobre todo, un fenomenal negocio. Obviamente, solventado con dineros públicos.

Sigamos con otra posverdad o relato.

Muchos escribas de historietas dentro de la corriente populista, más proclives al marketing mediático que a la investigación profesional de la historia, descubrieron un General Julio A. Roca genocida, feroz, oligarca y antipatria. No pocos compraron ese relato y derriban o pintan monumentos del militar, cambian su nombre en calles o pueblos y falsean su historia en las aulas de nuestras escuelas. ¿Tan “inculto” era el General Perón que no estaba al tanto de las felonías del (dos veces) presidente de la República? ¿Cómo se le ocurrió la “nefasta y reaccionaria” idea de cambiar el nombre del Ferrocarril del Sud cuando lo nacionalizó en 1948, reemplazándolo por Ferrocarril General Roca, honrando “injustamente” al “Zorro” tucumano?  Un político o militante nacional y popular que me lo explique, por favor. Mientras tanto me defino “negacionista” respecto a la versión difamante sobre la figura del General Julio Argentino Roca.

Finalmente, el relato (posverdad) más grotesco es el mito de los 30.000 desaparecidos, víctimas, según los que sostienen esa cifra, del último gobierno militar. Lo curioso es que fue el propio estado, durante los últimos gobiernos de Kirchner y Macri, el que niega esa cantidad. El último número oficial es de 6.447 desaparecidos (la mayoría guerrilleros y terroristas), más allá de que varios aparecieron. La demostración palmaria de que el relato es una construcción política-ideológica, y en este caso un garrafal negocio, es que algunos hoy pretenden, ley por medio, penalizar a los que proclaman la verdad histórica, so pena de ser catalogados como “negacionistas”, neologismo absurdo e hijo putativo de la posverdad. En este caso, también me declaro “negacionista”, me amparo en los números oficiales del Estado Argentino, no en mitos.

Me pregunto a la luz de todo lo mencionado: ¿Quiénes son los verdaderos negacionistas? Estos relatos ideológicos y falaces nos constan que lo son porque fuimos testigos o protagonistas de los hechos históricos, o al menos recurrimos a fuentes serias para informarnos. Pero las nuevas generaciones están siendo embebidas por ese cúmulo de posverdades a las que hay que desenmascarar. Es una acción necesaria y permanente para, como decíamos en artículos anteriores, recuperar nuestro pasado verdadero, con sus luces y sus sombras, rescatando nuestra esencia y restaurando los valores heredados a través de generaciones. Y así, finalmente, poner a la Argentina nuevamente de pie.

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