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OPINIÓN

OPINIÓN: peligro en la Patagonia: guerra social, por Jorge P. Monez Ruiz (La Prensa, 11-01-2020)

Valentín Sayhuequé, cacique huiliche manzanero, se niega a enarbolar la bandera chilena frente a su humilde toldo, ante el requerimiento del capitán chileno Bermudas que trata de entregársela para ponerla en reemplazo del pabellón argentino que Sayhuequé enarbolaba todas las mañanas. “Te la manda el coronel Serrano del Destacamento Militar de Osorno”, le dice Bermudas. Pero el huiliche argentino se la devuelve y le contesta que él solo levantaba la bandera de su país, porque era indio argentino” (Terrera, Guillermo Alfredo, Dr., La Gran Mentira sobre los Mapuches, pág. 64, Ed. Patria Vieja, Buenos Aires, 1987).

El indigenismo constituye un tema de características muy particulares, ya que si bien no puede ser considerado un conflicto (y si lo fuera sería interno, en apariencia), de alguna manera se va configurando como tal. Se trata de una nueva expresión ideológica, política y cultural; es una corriente inserta en nuestro continente y afecta en mayor o menor medida a todas las naciones.

Está fuertemente vinculado con la ecología, ya que vastos territorios, considerados de alto valor ecológico, constituyen el hábitat natural de diversos grupos aborígenes, que se extienden desde Lacandona hasta la Patagonia.

El tema es complejo y presenta varias aristas. Algunas de ellas constituyen realidades que habrá que atender para solucionar problemas graves e inobjetables, relacionados con ciertos reclamos legítimos de las comunidades aborígenes. Este caso adquiere especial atención cuando percibimos que detrás de justas aspiraciones se esconden intereses de otro tipo y que pueden afectar seriamente la Soberanía Nacional.

LAS USINAS

La denominada Reivindicación Indigenista va acompañada por una campaña psicosocial internacional de considerable magnitud y gran impacto en la opinión pública, que puede poner en peligro la integridad territorial.

Los países desarrollados son usinas y, a la vez, eco de pretensiones cuasi segregacionistas en diferentes territorios nacionales sudamericanos. En Francia, años atrás y con el apoyo de intelectuales belgas, se generó la idea de la “internacionalización del Amazonas” para “proteger a los aborígenes y a los recursos naturales” de esa región.

Al respecto, el general brasileño Luis Eduardo Rocha Paiva, expresó la convicción de que “Brasil debería estar muy atento a la posibilidad de que se produjeran en la Amazonía conflictos con actores extranjeros debido, entre otros, a la riqueza de sus recursos”. Asimismo, Rocha Paiva alertaba sobre la posibilidad de injerencia de potencias extrarregionales en este espacio.

En este sentido, nuestro país comparte con Chile un problema común: La Nación Mapuche (Wall Mapu) Esta nación originaria incluye bajo una misma región una porción de territorio chileno y argentino (en este último caso en la provincia de Neuquén y su proyección del otro lado de los Andes)

Destaquemos que dentro de esta comunidad, la nación mapuche, existen posturas encontradas, ya que la mayoría de sus miembros, aún sintiéndose discriminados en varios aspectos, manifiesta su pertenencia y lealtad a la República Argentina, compartiendo el espíritu nacional, el respeto a la Constitución y su identidad como argentinos.

A partir de ello, las tradiciones, la cultura y las costumbres de estas comunidades, merecen el mismo respeto y consideración que las que profesan otras colectividades integradas como connacionales en nuestra sociedad. En todo caso, la discriminación aludida no es un tema sólo de los aborígenes, si consideramos la situación socioeconómica, (v.g. jubilados) o el acceso a la educación, la salud y al trabajo de otros ciudadanos pertenecientes a diversos sectores sociales de nuestro país.

SEGREGACIONISTAS

Otros grupos, como la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), por el contrario, expresan un sentimiento netamente segregacionista, y reclaman derechos (aún ejerciendo la violencia) que pueden ser considerados como un primer paso hacia una partición territorial, independencia y propia soberanía.

En Chile, la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco-Malleco (más conocida como Coordinadora Arauco-Malleco o CAM) es una organización política mapuche de naturaleza indigenista, cuyo brazo armado son los denominados Organos de Resistencia Territorial (ORT), que efectúan diversas acciones de sabotaje y otros crímenes. Es por ello que importantes sectores de la sociedad trasandina le han otorgado la calificación de grupo terrorista, vinculado estrechamente a las FARC de Colombia.
El indigenismo constituye una amenaza latente, que afecta sustancialmente al patrimonio geográfico, a la cohesión territorial y los intereses nacionales.

Se hace necesario determinar la evolución y proyección del problema en la región, y en particular en nuestro país, a partir del auspicio de agentes exógenos que instrumentan una nueva teoría del espacio vital para el control de los ecosistemas. Intereses extranacionales potencian su actitud a partir de un mundo en el cual la degradación ambiental, la discutible explosión demográfica y la escasez de recursos naturales constituyen, entre otros, importantes generadores de conflictos que caracterizan el contexto estratégico global del siglo XXI. Es en las regiones de baja densidad demográfica, pero atractivas por sus riquezas económicas y recursos naturales, donde muchos grupos pretenden instalarse.

El Almirante argentino Jorge A. Fraga (miembro de la Academia Nacional de Geografía) refería, a comienzos los años 90, la cuestión mapuche como “una circunstancia de particular relieve en el planteo geopolítico y geoestratégico de la Patagonia”.

Señalemos que los territorios reclamados constituyen ecosistemas sobre el sector cordillerano en lugares de gran atractivo e interés turístico, como ser Bariloche, El Bolsón, El Maitén, San Martín de los Andes, Lago Escondido y Lago Mascardi. Otros reclamos de tierras se asientan sobre tierras con recursos naturales de alto valor estratégico y económico, como es Loma de La Lata en, Vaca Muerta, etc. En ambos casos, algunos de ellos ya están siendo ocupados por sectores violentos de estas organizaciones de pueblos originarios.

Las diferentes normativas, entre ellas el Convenio 169 de la OIT de septiembre de 2007 contemplado desde entonces con rango constitucional constituyen el andamiaje jurídico básico y necesario para avanzar en reclamos que ponen en peligro la integridad de los estados y atentan contra cualquier “proyecto sugestivo de vida en común” (definición de nación, según Ortega y Gasset), condición esencial para el desarrollo de las sociedades civilizadas al amparo, cada una, de su propia identidad nacional.

LA ESTRATEGIA

El movimiento revolucionario indigenista es un actor más en el desarrollo de la estrategia de la Guerra Social, pergeñada en el Foro de San Pablo (1990) y definida en el Primer Encuentro Antiimperialista en Manta, Pcia. de Manabí, Ecuador, auspiciado por el Movimiento Tohalli el 28 y 29 de julio de 2000 y en el marco del foro mencionado. Esta nueva guerra debe entenderse en la dimensión y profundidad que encierra.

La idea estriba en sustituir las acciones armadas (foquismo militarista) empleadas por las organizaciones terroristas subversivas de los años 60,70,80 y 90 -que provocaron rechazos casi unánimes de las sociedades afectadas- por una violencia (larvada o manifiesta, de menor intensidad) ejercida por movilizaciones masivas.

Podemos decir que la Guerra Social es la continuación de la Acción Insurreccional de Masas (AIM) de neto corte trotskomaoísta de los 80, aggiornada al siglo XXI.

Estas manifestaciones son orquestadas para explotar en forma permanente las carencias o injusticias propias de cada sociedad, provocando el desgaste progresivo de instituciones y autoridades que permita a la dirigencias populares establecer una suerte de gobierno paralelo, en conflicto con el oficial.

Cuando este último acumula el suficiente descrédito en la confrontación, llega el momento de su desplazamiento para poder así asumir el poder político: objetivo final de esta Guerra Social. La lucha de clases, como método de acción dialéctica y praxis revolucionaria, fue reemplazada (o potenciada) por la lucha de razas (pueblos originarios vs. blancos) y, últimamente y en forma sorprendente, por la lucha de géneros (ideología de moda).

La característica esencial de esta guerra es la movilización permanente para generar un estado de desorden e indisciplina social que permita medir y evaluar la capacidad de respuesta de autoridades y organismos legales. De esa forma se podrá decidir la conveniencia de continuar o incrementar la escalada en la confrontación. En estos últimos meses hemos comprobado este nuevo tipo de lucha en varios países de la región.

TIRE Y AFLOJA

En este juego de tire y afloje la Guerra Social aprovecha todas las libertades que el sistema democrático otorga para llevar sus reclamos hasta los extremos que le permitan la falta de claridad legislativa y las vías legales y normativas. Si por razones tácticas trasponen esos límites con actos de fuerza o violencia desmedidas, apelan a justificarlos públicamente como medidas de reivindicación social frente a la “brutal e ilegal represión del Estado y responsable, de inmediato, de crímenes de lesa humanidad”.

Finalmente, las características del conflicto moderno y su dinámica multifuncional permiten concluir que los recursos naturales de los países que los poseen, más aquellos ecosistemas que por su alto valor constituyen reservas estratégicas, serán las causas que potenciarán el enfrentamiento de intereses extranjeros con intereses nacionales.

Asimismo se incentivarán las contradicciones internas de las naciones, en particular aquellas de carácter cultural. En este contexto, el indigenismo es un vehículo que, a partir de soportes ideológicos, políticos, financieros y mediáticos proporcionados por países desarrollados, ONG (s) y corporaciones transnacionales, atenta contra la identidad nacional primero, y contra la integridad territorial después.

Comentarios

Un comentario en “OPINIÓN: peligro en la Patagonia: guerra social, por Jorge P. Monez Ruiz (La Prensa, 11-01-2020)

  1. Muy interesante el artículo de Jorge Mones Ruiz, en cuanto explica las causas y la dinámica de los hechos de violencia que vienen protagonizando las comunidades indígenas asentadas en los territorios del sur argentino-chileno, y señala con claridad a los agentes exógenos que los fomentan.

    Fuerte abrazo.

    R. R.

    Publicado por Ricardo Reto | 13 enero, 2020, 23:57

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