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CENTENARIO DE ROCA, OPINIÓN

OPINIÓN: Debates historiográficos en torno a la figura de Roca en su Centenario (Nicolás Pasamán, 21/09/2016)

Sep-21-16 – por Nicolás Pasamán

Agradecemos a Nicolás Pasamán la oportunidad de publicar en Roca Hoy el trabajo que oportunamente presentara en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación sobre los debates historiográficos en torno a la figura de Roca en su Centenario.

ISEN

Paper de Pensamiento nacional y latinoamericano

Profesora: Funes, Patricia

Becario: Pasamán Castillo, Juan Nicolás

Tema: Debates historiográficos en torno de la figura de Julio A. Roca en su centenario

Año: 2016

Resumen:

El trabajo tiene por objeto hacer una breve descripción de las distintas visiones de los  campos historiográficos argentinos respecto de la figura del general Julio A. Roca. Se hará referencia a cuáles han sido los principales autores e interpretaciones de las corrientes liberal, revisionista clásica y de izquierda. Según el enfoque liberal se estudiarán las biografías realizada por Leopoldo Lugones, José Arce y Félix Luna. Respecto de la visión revisionista histórica o clásica se evaluarán los aportes de Ernesto Palacio, Arturo Jaureche y José María Rosa. De la corriente de izquierda o marxista se estudiarán los escritos de Abelardo Ramos y Milcíades Peña. Finalmente, se realizará una reseña de las posturas surgidas en el debate en torno al centenario de su muerte, la “demonización” de la que fue objeto en los últimos años y las políticas públicas respecto de su figura.

Hay que tomar a los hombres y a los pueblos como son, como Dios los ha hecho, como no pueden dejar de ser para estar más cerca de la verdad y poderlos conducir o servirlos mejor si el destino lo coloca a uno entre los maquinistas o timoneles.” Julio A. Roca [1]

Introducción

El objetivo de este artículo es brindar un panorama de cómo se ha recordado, analizado y debatido a Julio A. Roca en la Argentina desde su muerte, abarcando tanto escritos de calidad historiográfica como los esfuerzos dedicados a la “construcción de la memoria” sobre su figura. Con el objeto de limitar su extensión, fue necesario seleccionar los autores considerados más representativos de cada una de las tres corrientes analizadas: liberal,  revisionista clásica y de izquierda. Según el punto de vista social, cultural o historiográfico que se adopte, Roca puede merecer el más amplio reconocimiento o el más rotundo de los rechazos. Se busca diferenciar los enfoques, y procurar comprender los supuestos que subyacen a cada uno de ellos, las lógicas, a menudo implícitas, que se conjugan para llegar a resultados tan dispares, y el modo en que se construye la fundamentación en un sentido u otro.

Julio A. Roca (1843­1914) fue el actor fundamental de los treinta años en que se constituyó la nación moderna, entre 1880 y 1910. En ese lapso, en el que ocupó en dos ocasiones la presidencia de la República, el proyecto de país esbozado por los padres fundadores encontró su rumbo definitivo: el país acogió a millones de inmigrantes, se sentaron las bases de la infraestructura en comunicaciones, se lanzó un formidable plan de educación pública, se organizaron los territorios nacionales y en materia internacional se resolvieron los pleitos de límites y se situó a la Argentina en el mundo. Sin duda, fue una personalidad relevante, que marcó con claroscuros el devenir de nuestra patria. 

Corriente liberal

Esta corriente historiográfica, también denominada “Historia Oficial” o “mitrista”, que se inicia antes de la muerte de Julio A. Roca y se prolonga hasta nuestros días, es explícitamente laudatoria de la figura del general. Al hacer un balance de sus resultados, las ventajas encontradas por los autores de esta línea son muchas, pero están centradas en la Conquista del Desierto, no solo por las leguas de tierra fértil incorporadas a la economía nacional o el coto puesto por la ocupación efectiva a las pretensiones territoriales chilenas, sino también por su  valor simbólico, llegándose a señalarla como un acto fundante de la nación argentina.

Tal es el caso de Leopoldo Lugones (1874-1938), que escribe su biografía por encargo de la Comisión Pro Monumento al General Julio A. Roca[2] de la que el presidente Agustín P. Justo (1876-1943) oficia como presidente honorario. La Comisión no sólo se ocupará de  los monumentos, sino que publicará una veintena de títulos en torno a la vida y obra de Roca. Lugones solo hará llegar su relato hasta el episodio de la Conquista, quedando inconclusa la obra por su muerte[3]. Mientras otros biógrafos prefirieron destacar el perfil civil, para este autor, por sobre todas las cosas, es un jefe militar, un general victorioso, que constituye un ejemplo de la necesidad de establecer el poder político sobre la base de los valores del ejército, centrados en la disciplina y el orden.[4] En la visión que le interesa transmitir al poeta cordobés, la patria se construyó desde el ejército, sus mejores conductores fueron   militares, el pueblo argentino está “predestinado a la espada”, y el “estadista completo debe ser militar”[5]. El tono de Lugones es de celebración integral, pero éste ya no es el liberal de la época de la primera guerra, sino el militarista acérrimo partidario de los fascismos y crítico de la democracia representativa. La Comisión publica el libro, pero en el prólogo, Octavio R. Amadeo (1878-1955), se encarga de señalar negativamente esas posiciones del autor, a las que llama “divagaciones”.

Lugones,  refiriéndose a  la Conquista del Desierto dice que: “…la  idea del ataque a fondo, para suprimir la frontera y la beligerancia con el salvaje; la anulación de este último, no sólo como enemigo, sino como obstáculo al progreso nacional; la marcha paralela para arrollarlo de frente y cerrarle a la vez la escapatoria andina(…) fue obra de Roca”[6]. El general es exaltado una y otra vez como el visionario que concibió la operación que muchos otros juzgaban inviable o destinada a demorar siglos. El que cambió la táctica del enfoque a la defensiva y provincial de Alsina, a una de proyección ofensiva y nacional.

En la década de 1960, José Arce (1881-1968), médico muy destacado, profesor universitario y diplomático, se dedicará a reavivar el culto, con un nuevo  emprendimiento apologético, que incluirá una nueva biografía, y que dejó incluso un fruto institucional, el Museo Roca[7], erigido gracias a la donación de una parte de su patrimonio. El tratamiento que le da Arce a su biografiado se inscribe en la línea del elogio irrestricto, formulado desde  una defensa plena de su ideología liberal, y una presentación de todas sus decisiones como las más acertadas, siempre estrictamente adecuadas a las circunstancias de momento y lugar. Arce valora a la Campaña del Desierto como el hecho que da completitud a la guerra de independencia[8], y coloca “a quien la sugirió e, inmediatamente, le dio cumplimiento (…) entre los próceres de la nacionalidad”[9].

La publicación de biografías de Roca en vena celebratoria, marca una tendencia que, intermitente, se prolonga hasta nuestros días. En 1989 se publica una biografía novelada, narrada en primera persona como una suerte de memorias ficticias, el “Soy Roca” de Félix Luna (1925-2009)[10], que constituyó un enorme éxito de ventas. Capitalizando el desacartonamiento que facilita la ficcionalización, Luna logró un relato verosímil y ameno, que proporciona una pintura del personaje con toques de realismo, que no empañan, al contrario, el trazo de una visión ampliamente favorable. Se halla implícita en el transcurso de toda la novela, una evaluación similar a la que Luna explicita en un breve trabajo reciente: “Un hombre de su tiempo, escéptico sin duda, pragmático y hasta cínico a veces, pero con una clara conciencia de los intereses de su país. En suma, un estadista con el que la Argentina tiene una deuda de gratitud porque supo encarrilarla en las difíciles singladuras de su modernidad.”.[11] Representativa del espíritu de época de “transición a la   democracia”, presentaba un Roca de espíritu moderado y juicio ecuánime, cuyos defectos y errores quedaban redimidos por sus objetivos impregnados de “conciencia  nacional” y la vastedad de su obra constructiva. Esta obra inauguró una larga serie de éxitos en el rubro de la novela histórica y la biografía más o menos ficcionalizada, que en su mayoría convergieron en el   efecto   de  revalorizar   la   visión   tradicional de  la  historia, con sus “próceres” al frente, tan desprestigiada en el ciclo historiográfico anterior, hegemonizado por una historiografía revisionista y marxista que reflejaba y  proyectaba una radicalización política en ascenso y una agudización del conflicto social y político.

Corriente revisionista

En el campo del revisionismo histórico clásico, la mirada sobre Roca es más bien desfavorable, asociándolo a la “oligarquía” en su política probritánica, y marcando una relativa continuidad con la época precedente. Las críticas no abarcan a la ocupación territorial, a la que suelen ver como una necesidad histórica, y una afirmación de la soberanía nacional. Mientras la historiografía liberal, aún con matices, coincidió en que Julio A. Roca se instituyó en el gran organizador un Estado Nacional erigido a partir de la sanción del orden constitucional inspirado ideológicamente por el liberalismo, los revisionistas, comenzaron a formular discrepancias respecto al rol que le cupo al tucumano en el devenir histórico del país. Mientras gran parte de los integrantes del revisionismo coincidirán en el que el roquista constituyó un período de afianzamiento de la dependencia argentina, otros, sin refutar radicalmente esta circunstancia, resaltarán algunos aspectos de su gestión.

En esa línea se mueve Ernesto Palacio (1900-1979), que visualiza la continuidad de la Campaña del Desierto con la obra de Rosas, alcanzando esta vez el éxito en la tarea de arrebatar a los “salvajes” los territorios  del sur[12]. La población indígena es considerada como un “flagelo” que había que “eliminar”, destacando además la idea de que los indígenas servían a los intereses chilenos[13]. Resulta llamativo que, si bien Palacio califica el desempeño de Roca como gobernante y conductor político de “entregador” y “corruptor” y lo asocia al perfeccionamiento del “estatuto de factoría”, que es como denomina al pacto neocolonial basado en el perfil agroexportador del país, coincide casi a pie juntillas, en la apreciación de los hechos de  1879, con los liberales.

Arturo Jauretche (1901-1974), por su parte, concuerda en términos generales con esta interpretación del roquismo. Los años ochenta expresan la derrota de los porteños a manos de los provincianos, por lo que “…en esa medida el roquismo significa una integración nacional pues después de Pavón sólo habían contado los porteños y aporteñados. Ahora el poder estaba en manos de la liga de gobernadores y el caudillo del ejército, también provinciano” [14]. Este autor considerará a Julio A. Roca como gestor de ciertas políticas de carácter nacional. La creación de un ejército moderno y profesional y ciertas medidas económicas impulsadas durante su gobierno que constituirán pasos efectivos que posibilitarán un incipiente desarrollo industrial. A fin de sustentar su tesis, el fundador de Forja, alegará que en aquella época se producirá “la modernización y crecimiento de las industrias azucareras y vitivinícola, a la que por cierto la metrópoli británica no opuso mayores dificultades”.[15]

Más escéptico es el acercamiento de José María Rosa (1906-1991), que tratando en una obra de historia general un período que no fue mayormente objeto de su dedicación, prefiere destacar el escaso contenido militar de la Conquista. La trata como una suerte de mascarada lanzada sobre los restos ya derrotados de las tribus, esgrimida como advertencia frente a las pretensiones de Chile, y erigida en instrumento del encumbramiento político de su comandante, por medio de un “aparato militar que deslumbrase tanto en Buenos Aires como en Santiago de Chile”[16]. Opinará que Roca fue el auténtico “jefe” de un “régimen” donde las minorías “…se consagraron a gozar de la riqueza material despreocupándose de otra cosa”, donde la política “…quedó en manos de pocos”, y donde la Argentina “…se transformó en una factoría, en un emporio mercantil”. Para el autor, este régimen“… surgió con el asentimiento general, y donde los partidos provinciales terminaron entregándose a un presidente que les garantizaba estabilidad contra las revoluciones locales”.[17]

Corriente de izquierda o marxista

Una mirada particular de la figura de Julio A. Roca es la de la izquierda nacional, sustentada en la tradición socialista y marxista. El decano de esa tradición, Jorge Abelardo Ramos (1921-1994), encuadra el grueso de la actuación de Roca en la entronización de una perspectiva nacional enfrentada a los intereses de la oligarquía porteña. El tucumano aparece como representante de un patriciado provinciano, opuesto al orden  instituido después de Pavón, menos influido por ideologías cosmopolitas que la clase alta porteña, cuyo ideario define como liberalismo sí, pero adjuntándole los adjetivos de nacional o patriótico.

La Conquista se inscribe en esa lógica interpretativa, y lo conduce a un elogio que poco se diferencia del de los historiadores de orientación liberal que escribieron sobre el  tema. Así destaca la incorporación de tierras al circuito económico, el avance de la línea de fronteras, y la enorme fuente de recursos abierta para antiguos y nuevos estancieros. El reparto de tierras no es cuestionado, porque no beneficiaría a la oligarquía sino a los jefes militares y a propietarios rurales ajenos a la casta porteña[18]. Esta ferviente defensa histórica de tal acción, que mantiene una elogiable visión equitativa sobre el roquismo, le ganó la crítica de sus colegas de la corriente de izquierda. Ramos hace una original defensa de la ocupación patagónica, manifestando que “la oligarquía terrateniente que se apoderó de las tierras de indios y gauchos, condenó a ambas corrientes del pueblo a sufrir un destino aciago, pero es justo consignar que la conquista del desierto realizada por Roca y el Ejército de su tiempo no sólo establece un principio de soberanía en ese tiempo harto dudoso, sino que libera al gaucho retratado por Hernández del martirio inacabable del fortín en la frontera”.[19]

Para Ramos, Roca será un caudillo liberal, pero liberal nacional “ya que encarnó el progreso histórico y llevó el presupuesto nacional hasta el último rincón de las provincias” además, “…creó todas las estructuras modernas del Estado, restableció aranceles proteccionistas y se impulsó las grandes obras con las que el país cuenta todavía”. Con Roca y la reconstrucción del Ejército Nacional empieza a definirse una política nacional. Según Ramos, en un principio, Hipólito Yrigoyen (1852-1933) estuvo junto a Roca y algunos sostienen que en esas políticas de nacionalismo incipientes debe rastrearse el origen del radicalismo y de los consiguientes movimientos populares. En un artículo publicado sentenciará tajantemente: “Así como no se puede entender a Perón sin comprender a Yrigoyen (…) tampoco puede inteligirse realmente a don Hipólito sin rastrear los orígenes del radicalismo en las huestes del roquismo moribundo”[20].

También dentro del campo de la izquierda, el tratamiento de Milcíades Peña se revela diametralmente opuesto al de Ramos, estando incluso su escritura surcada con frecuencia por la polémica directa contra el primero. Para Peña, Roca es, en lo sustancial, un continuador de Mitre y aún de Rivadavia, el realizador del plan de la burguesía porteña, de integración de las provincias una vez dominadas las resistencias a la política oligárquica. Para Peña “la carrera política de Roca se halla evidentemente ligada a su éxito como conquistador del desierto y liquidador del problema indio. Pero la conquista del desierto sirvió para consolidar a la oligarquía y acrecentar su poderío, de modo que Roca resulta el ejecutor consciente de una política oligárquica y un verdadero héroe de la oligarquía.”[21]

En esta visión, Roca es más bien el dirigente máximo de un proceso de unificación y nacionalización de la clase  dominante, que sutura el eje porteño-provinciano que la dividía, construyendo un poder nacional que logra beneficiarlos a todos, tal como la Conquista del Desierto le otorga nuevas tierras a la mitad de las provincias argentinas entonces existentes, incluyendo la de Buenos Aires, amén de dotar al Estado Nacional del  reservorio convertido a poco andar en una serie de territorios nacionales. La carrera político-militar de Roca hasta 1880, adquiere coherencia, para Peña, en la encarnación orgánica por aquel de los intereses de la oligarquía, lo que lo lleva a combatir por décadas todas las manifestaciones de autonomía por parte de las clases subalternas, incluyendo a los indígenas en ese conjunto. Y a recibir el apoyo de muchos de los más caracterizados terratenientes porteños, tanto a la hora de la expedición militar como en la candidatura presidencial lanzada apenas culminada aquélla.

Debates en torno al centenario

El 19 de octubre del año 2014 se conmemoró el centenario de la muerte de Julio A. Roca, reavivando la discusión entre las distintas corrientes historiográficas en los medios de comunicación, que polemizaron acerca de su rol en el naciente Estado argentino y también problematizaron la “demonización” de la que fue producto en los últimos años. Acercándose la fecha, el Ministerio de Cultura de la Nación emitió una disposición al Museo Roca para que no se realice ningún homenaje en alusión a los cien años de la muerte del general y, además, se les sugirió al resto de las instituciones históricas que de realizarse alguna actividad conmemorativa a la fecha se llame a historiadores pertenecientes al Instituto Nacional Revisionista Manuel Dorrego. Este organismo, creado por decreto N° 1880/11, recientemente eliminado, tenía por objeto interpretar la historia a favor de quienes “defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante”, manifestando la decisión de ese gobierno de  impulsar esta corriente historiográfica en detrimento de las otras.

Durante la última década, Roca fue convertido en la “bestia negra” de la historia nacional. Ello ha llevado a que en los manuales de enseñanza del secundario no se mencione que fue presidente, aunque haya sido el que ejerció el cargo durante más tiempo y siempre en períodos constitucionales. En parte, la campaña contra Roca ha tenido que ver con la “desmilitarización de la historia”, ya que un militar profesional haya sido el gran constructor del Estado Nacional no encaja con la interpretación de la historia que la divide entre militares golpistas y civiles democráticos. Lógicamente, esto no se corresponde a la realidad, donde las cosas han sido mucho más complejas y contradictorias. Este forzamiento de la historia ha llegado a plantear que la campaña para ocupar los territorios fuera del control del Estado Nacional es un “adelanto o ensayo del genocidio de los años setenta del siglo XX[22].

En esta línea, el historiador y escritor anarquista Osvaldo Bayer inició una campaña ante la opinión pública denominada “Desmonumentar” con el objeto de “terminar con el endiosamiento del genocidio y propender a que se quiten los monumentos de la persona de Roca, se reemplace su nombre a todas las calles que lo ostentan”. Para esto, Bayer presentó un proyecto de ley en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que finalmente no fue aprobado, proponiendo el traslado del monumento dedicado al general Julio A. Roca emplazado en la avenida que también lleva su nombre, conocida como Diagonal Sur, a las “tierras bonaerenses recibidas por Roca como premio a su matanza[23] y su reemplazo por un monumento a la mujer de los pueblos originarios, además del cambio de nombre de la mencionada arteria. En los fundamentos del proyecto de ley se hace referencia a Roca como el “genocida-presidente”. También se realizó una campaña  para que se quite el retrato del tucumano de los billetes de cien pesos y el cuadro que figura en el dorso “de los militares que consumaron el genocidio a tiros de Remington”, lo que sí fue conseguido, reemplazando su figura por la de Eva Perón. Según Bayer, Roca “no sólo había realizado una campaña para eliminar a los habitantes originarios de nuestras pampas sino, además, para quedarse con esas tierras”[24], agregando que “los argentinos  honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud”.

Conclusiones

El pasado ocurrió de una sola manera, pero el juicio acerca de lo sucedido, favorable o desfavorable, varía según la escala de valores del relator. Detrás del relato, está presente su ideología, la cual colorea a su modo los sucesos relatados, otorgándole mayor o menor importancia a cada uno, según su particular óptica. No existe una historia “neutra”, sino diversas interpretaciones que responden a distintas ideologías. A todas ellas debe exigírsele la mayor rigurosidad científica en los datos, al tiempo que debe aceptársele la mayor libertad en la interpretación que responde a cada peculiar cosmovisión del mundo. En estas condiciones, se deben asegurar la posibilidad de confrontación entre las diversas corrientes, tanto en las escuelas como en los medios de comunicación.

Desarrollar un juicio crítico en torno a la actuación pública de Roca, y acerca del período histórico durante el cual fue el dirigente político más gravitante, exige contextualizarlo   verdaderamente en la época, la clase social a la que pertenecía, y el aparato estatal desde el cual desarrolló toda su vida pública. Una visión que divida las fuerzas sociales y los actores políticos en una dicotomía entre tradicionales y modernizadoras, y sitúe sobre ese eje la llave maestra para interpretar las transformaciones sociales, encontrará, sin duda, que Roca fue el modernizador por excelencia. El desarrollo ferroviario, la construcción de los principales puertos, la enseñanza laica y obligatoria, el rápido ingreso y difusión entre las elites de los  últimos avances de la cultura y la tecnología europeas, el ejército provisto de mejor armamento, los edificios públicos grandiosos, las obras de salubridad, todo rezuma modernidad, nos habla de un crecimiento vertiginoso, y construye la imagen de una  Argentina  “con destino de grandeza”.  Si se mantiene esa perspectiva se podrán formular objeciones a tales o cuales actitudes de Roca, criticar ciertas políticas, señalar luces y sombras en su relación con las instituciones republicanas y las libertades públicas, pero es altamente probable que se arribe a un juicio favorable.

La visión histórica de Julio A. Roca depende del valor que se asigne a la construcción del Estado Nación y del grado de pertenencia que se sienta respecto de este proceso. Depende, asimismo, de que se tenga o no voluntad de reconocer que somos un país con historia, donde no se pueden ignorar figuras porque no nos simpaticen o porque nos repugnen. Condenar la Campaña del Desierto por solidaridad con los pueblos originarios es desconocer el difícil momento político en que se gestó, con Chile victorioso sobre Perú y la Patagonia catalogada de terra incognita en los mapas. Implica asimismo desinteresarse del destino de una parte de la Argentina actual y de los pioneros que vinieron a habitarla.  Quizás, el epígrafe escrito por Roca que encabeza este artículo, sirva también para meditar la proyección de su figura en la historia del país, tomándolo como fue, como Dios y la vida lo hicieron, imperfecto sin duda, pero alineado entre los que contribuyeron a su progreso y entre sus más eficaces timoneles.

Bibliografía

Libros

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Artículos

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Artículos periodísticos

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NOTAS:

[1] Carta del  año 1883 a su amigo el escritor Miguel Cané.

[2] Esta Comisión Nacional fue creada por Ley N° 12.167, de 1935, que dispone una suma de dinero para erigir el monumento a Roca en Buenos Aires y ampliada en sus objetivos por la ley N°12.565, de 1939, que agrega  a sus finalidades la construcción de un segundo monumento, en la ciudad de Tucumán.

[3] El 19 de febrero de 1938 Lugones se quitó la vida en una isla del Tigre. “No puedo concluir la Historia de Roca. Basta…”, escribió de puño y letra momentos antes de beber cianuro.

[4] LUGONES, Leopoldo; “Roca”, Coni, Buenos Aires, 1938, p.116 y ss.

[5] LUGONES, Leopoldo; “Roca”, Coni, Buenos Aires, 1938, p.58 a 59.

[6] LUGONES, Leopoldo, La personalidad del general Roca. Conferencia dada en el Prince George’s Hall, el 31 de mayo de 1926, Guillermo Kraft, Buenos Aires, 1926,  p. 27-36.

[7] El Museo Roca,  dependiente de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, sigue funcionando en la casa donada por Arce, en la calle Vicente López al 2200 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

[8] ARCE, José; “Roca 1843-1914. Su vida, su obra”, Buenos Aires, 1960, p. 37.

[9] ARCE, José; “Roca 1843-1914. Su vida, su obra”, Buenos Aires, 1960, p. 75.

[10] Luna es un represente de la vertiente divulgadora de la “Historia Social”, variante socialdemocráta de la corriente liberal, que busca alcanzar una síntesis superadora de las viejas disputas, ofreciendo un relato proclive a la conciliación y el equilibrio, capaz de reconocer virtudes y defectos de nuestros próceres.

[11] LUNA, Félix, “La familia” en AA.VV.; “Iconografías Argentinas. Roca, 1843-1914”, Buenos Aires, 2004, p.19.

[12] PALACIO, Ernesto; “Historia de la Argentina”, Tomo 2, 6° Edición, Buenos Aires, 1973, p. 249.

[13] PALACIO, Ernesto; “Historia de la Argentina”, Tomo 2, 6° Edición, Buenos Aires, 1973, p. 250.

[14] JAURECHE, Arturo;  “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”, Corregidor, Buenos Aires, 2008.

[15] JAURECHE, Arturo; “Ejército y Política”, Corregidor, Buenos Aires, 2008.

[16] ROSA, José María; “Historia Argentina, Tomo VIII, El régimen, 1878-1855”, Buenos Aires, 1981, p. 138.

[17] ROSA, José María; “Historia Argentina, Tomo VIII, El régimen, 1878-1855”, Buenos Aires, 1981, p.157 a 191.

[18] RAMOS, Abelardo; “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, Volúmen II, Del Patriciado a la Oligarquía (1862-1904)”, 4° Edición Revisada, Buenos Aires, 1970, p. 124.

[19] RAMOS, Abelardo; “Roca como caudillo”, Diario Mayoría, Domingo 21 de Julio de 1974.

[20] RAMOS, Abelardo; “Roca como caudillo”, Diario Mayoría, Domingo 21 de Julio de 1974.

[21] PEÑA, Milcíades; “De Mitre a Roca. Consolidación de la oligarquía anglo-criolla”, 3° Edición, Buenos Aires, 1975, p. 77 y 78.

[22] BAYER, Osvaldo; “Desmonumentar”, Página 12, Domingo 16 de mayo de 2010.

[23] Hace referencia a la Estancia La Larga ubicada en Daireux, Provincia de Buenos Aires.

[24] BAYER, Osvaldo y otros; “Historia de la crueldad argentina: Julio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios”, Ediciones El Tugurio, Buenos Aires , 2010, p. 7

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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