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CINCUENTENARIO DE ROCA

CINCUENTENARIO: Discurso del Ingeniero Rodolfo Martínez, Presidente de la Comisión del Cincuentenario en Córdoba (1964)

Discurso pronunciado por el Ingeniero Rodolfo Martínez, Presidente de la Comisión de Homenaje del Cincuentenario de Roca en Córdoba.

Venimos en nombre de Córdoba trayendo en el bronce la expresión del reconocimiento a virtudes republicanas, la admiración a la espada que fue civilizadora, a los laureles que son de gloria, al talento de este prócer que soldado con sus manos heroicas se puso al servicio de la paz y del progreso, que ató su caballo de guerra y se despojó de sus armas para vestido de estadista, hablar con los hermanos, encarar todos los problemas, de dentro como de los de fuera; consiguiendo la tranquilidad para el trabajo y la seguridad y el camino para la permanencia definitiva y cierta de nuestras fronteras. Espada y caballo de guerra que estilizados por el arte y el mandato de la gratitud nacional fueron puestos aquí para señalar quizás que con ellos entró en la gloria sujetando a veces el impulso del corazón y el estímulo clamoroso y la impaciencia lo mismo que con ellos galopando sobre las pampas delimitó el dominio real de la tierra argentina.

Y ha dispuesto la ley que yo llamaría de la justicia histórica que este monumento se levantara aquí en la ciudad de Buenos Aires, capital por mandato de tradición y por la voluntad de todos los argentinos, desde donde nacen y adonde se dirigen casi todas las corrientes que agitan al país pues no hay acontecimiento que nos conmueva a todos que no tenga aquí su repercusión necesaria como un reflejo o su origen como una inspiración. Ciudad cosmopolita pero argentina, rica pero con gran espíritu; de las grandes indiferencias pero también de las grandes iniciativas; con enormes antenas para recibir los avances de la vida humana pero con un gran acerbo en su tradición y en sus anales; de la cual nos quejamos cuando estamos dentro y nos enorgullecemos cuando estamos fuera; ciudad crisol de razas y de caracteres y de costumbres, de modalidades e idiomas; mezcla fecunda de cosas propias y cosas extrañas, de cosas bellas que alientan el recuerdo y de cosas que surgen en el instante creador de su progreso; ciudad inmensa por su extensión magnífica y noble porque tiene escudo, que no es solo el de Garay que puso la primera piedra sino el que ella se ganara al plantar la semilla de la libertad en un día lluvioso de Mayo.

Ciudad en la que tomó asiento en nombre de la Nación y a la que no trató de vencer sino de atraer y conquistar en base de su obra fecunda y embellecer con la acción extraordinaria de sus grandes Intendentes.

Porque si a su ilustre antecesor Avellaneda le cupo la gloria de hacer la capital para unificación definitiva del país, a el le tocó la tarea difícil de vivir la capital, y gracias a su sagacidad probada y la comprensión y voluntad del pueblo y sociedad de Buenos Aires el triunfo definitivo fue de la Nación Argentina orgullosa de la acción y del progreso en que se desarrolla hasta el presente esta magnífica portada del Plata abierta a todos los hombres de la tierra.

Con el prestigio de sus antorchados y el valor de sus batallas pudo tal vez como nadie servir a la paz del continente. Fue como amigo a la casa de Campos Salles, a la República del Brasil; para recibirlos luego en la casa argentina con singular esplendor. Fue a Punta Arenas a entrevistarse con el gran chileno Errásuriz en cuya entrevista llamada del Estrecho se abrazaron los Presidentes, repitiendo el abrazo de Maipú mientras en la inmortalidad bendecían su obra el espíritu de O’Higgins y el Padre de la Patria.

Y las escuadras destinadas con sus cañones a disputar supremacías se pusieron de frente mirándose cara a cara para hacer salvas de honor al mismo tiempo, para demostrar que en la parte sur de este continente nuevo en la historia humana había hombres y pueblos capaces de entenderse, de arreglar diferendos, sin la cirugía de las guerras que siempre dejan en la cicatrización obligada la infección de los rencores o el amargo dolor de los recuerdos.

Fue un ejemplo al mundo el que dieran estos dos países jóvenes y lejanos; la historia señala que no hubo imitación, ni se siguió el ejemplo; pero también se señala que después de cada angustia las naciones tratan de buscar tribunales, sociedades o medios, que hagan posible vivir en paz, que fijen normas, que intervengan y que en nombre de la civilización y de la concordia humana fallen pleitos y problemas. Y cada día que pasa parece que puede afirmarse este principio que está fundado en la sensatez humana y al cual los pueblos, los continentes y los hombres, como una esperanza o como una afirmación de la concordia posible le han puesto el nombre simbólico y alentador de Naciones Unidas.

Y en cuya tribuna, la más alta del mundo, hace pocos días llegó un peregrino vestido de blanco, que no tenía mas tierra que la que pisan sus sandalias y mas armas que sus manos que solo se alzan para saludar o bendecir y recordó a continentes, naciones, pueblos y hombres, el mandato de Yavé en ley de Moisés: el amor al semejante.

Claro que no se terminaron los problemas con el abrazo efusivo de los Presidentes; hombres eminentes y multitudes patrióticas en ambos países levantaban su voz y su rugido amenazando con quebrar la siempre frágil vara del equilibrio pacífico cuando no se apoya sobre conquistas. Pero igualmente hombres eminentes de uno y otro lado levantaban su voz tranquilizadora o trabajaban por la concordia ante la responsabilidad de la historia desafiando con valor extraordinario y aún a riesgo de su reputación personal el clamor no siempre acertado de las muchedumbres.

Y así llegan los pactos célebres que González informara al Senado con palidez de rostro y emoción de espíritu, mientras en un silencio de hora grave se le escuchaba con seguridad y admiración. Cuando sonó la voz de Pellegrini que dijo “Nada mejor se ha podido hacer que lo hecho“ y fue la paz.

No habríamos dejado de tener la carrera de los armamentos acumulando las naves y mejorando la organización de los ejércitos. Pero todo pudo hacerse también en armonía y sin aprensión de nadie. Todas nuestras fuerzas armadas pudieron crecer y perfeccionarse sin ser carga dolorosa para el país y sin que el ojo escudriñador pudiera encontrar con verdad peligro para la cordial amistad de los vecinos.

Y así la organización de nuestras fuerzas armadas de tierra, mar y aire, pasaron a ser fuerza y símbolo. Fuerza porque representan la potencia misma de la nación, la que da vigor a su existencia, impone respeto, garante sus fronteras, protege su tradición, hace guardia a sus héroes, defiende su historia, asegura su soberanía, perpetúa su independencia, escuda sus libertades y ampara sus derechos.

Y símbolo porque son la mas alta significación de la unidad nacional. En ella se confunden en comunidad de ideales el hijo del pobre cuyo sustento es ganado cada día con la tarea de sus manos, con el hijo del acaudalado a quien la fortuna sonríe y la cuna protege. En ellos están todos, los de la pampa y los de la montaña, los del litoral y los del centro, los del norte y los de cuyo, los que nacieron a la vida de las orillas del Paraná y el Plata y sus almas recibieron el saludo de todos los pueblos de la tierra en la brisa que llegara a besar su frente y los que crecieron mirando la nieve de la cordillera y escucharon la sinfonía del viento que sabe a trompetas victoriosas; los que vieron en la llanura la inmensa heredad y aprendieron en su cultivo la continuación en el esfuerzo; los que conocieron la ley del trabajo bajo los climas subtropicales o soñaron a la sombra de la selva perfumada; los que bajaron a las ciudades para formar su cultura y servir al país en las ciencias y en las letras; los que aman la tierra por tradición y los que la adoran por su futuro promisorio. Los que tienen en la fuerza de sus brazos la seguridad de su destino y los que marchan por la senda seguros de su Ley. Los nobles, los generosos, los valientes y los buenos; los tímidos, los impetuosos y los sin empeño.

Todos están en ella; a todos une y a todos mejora porque ellas son la expresión magnífica de la sangre joven y renovadora de la patria al servicio integral de la argentinidad.

Y estas fuerzas armadas reciben esta esperanza que es la juventud, y no le preguntan por su pensamiento, no se detienen a averiguar sus preferencias, ni examinar su ideología, sino que juntándolos a todos en igualdad de vida les ordena en nombre de la disciplina obedecer, en nombre de las almas el honor, en nombre de la tierra su defensa, en nombre de la ley el respetarla, en nombre de la historia el heroísmo y en nombre de esa tela sagrada y bicolor la exigencia de la vida y la afirmación de gloria.

Y este general de entorchados con victorias se convirtió también en el estadista que dio nombre a una época y en el político que se engrandeció como gobernante; porque esto lo fue en el grado más alto.

Porque si gobernar es elegir como se ha dicho con agudeza; su acierto en la elección fueron sus características, sus ministros de ambas presidencias pudieron a su vez ser Presidentes, algunos lo fueron y otros dejaron sus huellas fecundas en la obra de gobierno; sus funcionarios no tenían nunca por solo mérito el título de una amistad personal o política.

Si gobernar es prever pocos hombres del país entre los grandes vieron con mas realidad el porvenir halagüeño y el futuro promisorio; le dio tierra a la nación y empuje para su cultivo; le dio paz para su trabajo y medios para realizarlo; se asentó en la capital para embellecerla. Fue partidario de la concordia americana porque vio claro que nosotros y nuestros vecinos cada año ganábamos una guerra contra el atraso sin sangre y con el empuje de los países nuevos. Tuvo fe en el pueblo sin adulación y fomentó sus posibilidades. En el orden social se anticipó a la época en las primeras determinaciones y su código de trabajo.

Si gobernar es realizar, allí están sus mensajes y sus memorias ministeriales: sobriedad en los gastos, justezas en las determinaciones, respeto por la libertad, tolerancia en la crítica, moderación en el triunfo, legislación adelantada para el trabajo, notas internacionales que hicieron doctrinas y señalaron rumbos; sometimiento a la opinión cuando no votaba sus propias iniciativas quebrando a veces amistades con años de luchas comunes y con hombres que como el compartes a justo título el bronce de la recordación permanente. Ferrocarriles y caminos inmigración de brazos para transformar la tierra en productora, inmigración de capitales para ayudarnos en el andar de los tiempos duros, sin abdicación de soberanía y sin declinación de la dirección orientadora, escuelas, hospitales, mejoras en los estudios y en las universidades; todos con firmeza y con acierto; también con errores, errores que a veces corregía él mismo y otras toleraba la rectificación en homenaje al patriotismo que admitió en otros y al talento ajeno que siempre respetó.

Si gobernar es administrar, allí están las prolijas cuentas de sus grandes ministros de hacienda; el cumplimiento de las deudas, el mantenimiento del crédito, la salvaguardia del respeto por el interés privado y la defensa del interés público; la firmeza de la moneda, el fomento de las industrias madres y la libertad de iniciativa para aquel que creyendo en el país venía a plantar su carpa en nuestra tierra de acuerdo a la generosa invitación institucional.

Si gobernar es dirigir, que no significa mandar con exigencia de sometimiento pero sí señalar los rumbos y marcar caminos, con el sentido que da la responsabilidad del poder, y con el conocimiento que enseña el mecanismo complejo del gobierno, que debe exteriorizar unidad en la diversidad de los organismos, métodos y soluciones de acuerdo siempre a los problemas diversos que toca afrontar. El dirigió el país con manos de conductor y visión de estadista, con sentido de la responsabilidad y certeza de la ruta, escuchando los consejos pero tomando el las determinaciones; dispensaba la crítica para atenderla sin agresión, aceptarla sin enojo, afrontarla con valentía, seguirla con patriotismo o desdeñarla con resolución. Sus grandes ministros colaboraron por él dirigía; le daban ideas pero él era el de las determinaciones; el país tenia piloto con un talento de excepción y con excepción de voluntad. Nadie dudaba de quién llevaba el mando, se le combatía con respeto y el respetaba sin debilidad.

Si todo esto hemos dicho es gobernar, el lo hizo siempre con la firmeza que su nombre significa en las formaciones geológicas que estudian los sabios y con la finísima penetración, aguda observancia y paciente espera con que uno de los ejemplares mas hábiles de todas las especies vence siempre y con cuyo nombre lo bautizó el dicho popular, en algunos casos por simpatía afectuosa, en otros por rencor disimulado y siempre por admiración innegable.

Y así terminó sus presidencias agrandando en cada una: en la primera, la difícil porque le tocó hacer efectiva la ley de capitalización. Presidencia que al terminar y al dirigirse al Congreso permitió la Providencia que con su sangre y sobre la seda y escudo de nuestra bandera por pergamino firmara su último mensaje de rendición de cuenta.

Y la segunda, la de las grandes construcciones, de la cual tuvo la sentencia definitiva en las palabras de Mitre, que ya era historia, con la afirmación rotunda del juramento cumplido.

Pero si todo lo hizo en bien del país a Córdoba le hizo un bien especial porque, por la ley de la sangre y del ejemplo, años después de su influencia, el dio un gobernante sin reproche. No se ha de quebrar la línea del no acontecer político en este acto si evocamos el espíritu del hijo para que nos acompañe en el homenaje; no tendríamos derecho a negarle nosotros satisfacción tan legítima. Evoquemos el alma del hijo en esta consagración gloriosa del padre triunfador.

Y por lo que hicisteis por el país y por el afecto que tuvisteis siempre a Córdoba; Córdoba quiere estar con su bronce aquí al lado vuestro, señor General.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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