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CINCUENTENARIO DE ROCA

CINCUENTENARIO: Aporte de Roca a nuestro desarrollo democrático, por el Dr. Ezequiel Bustillo (Instituto Popular de ‘La Prensa’, 31/7/1964)

Conferencia sobre los aportes de Roca al desarrollo democrático dictada por el Dr. Ezequiel Bustillo en el Instituto Popular de Conferencias del diario La Prensa el 31 de julio de 1964, en el marco del Cincuentenario del fallecimiento del prócer. Se contó con la presencia del presidente del Instituto, doctor Arturo Capdevila, y presentó al conferenciante el vocal, doctor Horacio C. Rivarola.

Señoras; señores:

Nuestro país creyó haber afianzado definitivamente su democracia con la reforma de Sáenz Peña. Los hechos se encargaron bien pronto de demostrarnos, lo lejos que se está todavía de haber alcanzado ese gran ideal.

Muchas ilusiones empezaron a caer y no pocas esperanzas a desvanecerse. Es justo entonces –pienso yo– que los severos juicios que en los momentos de euforia del voto secreto y obligatorio se llegara a esterizar sobre ciertos gobiernos del pasado, deban también revisarse, si es que todo aquello que se condenó, no nos parece ahora tan condenable, ni todo lo que se nos exhibía como un triunfo resonante, no ha pasado de un engañoso espejismo.

Este planteo, que hace al fondo de nuestra crisis democrática, me ha hecho pensar que un estudio sobre el General Roca podría ser mas actual, si en vez de enfocar al estadista ya consagrado, mira un poco mas al Roca que por su conducción política e institucional ha sido y sigue siendo todavía objeto de constante controversia.

El tema no es nuevo; pero es menos trillado, como para que a base de un examen objetivo de nuestra evolución nacional, se pueda hoy establecer con fundamento, que Roca, por sus grandes realizaciones, no solo fue un estadista eminente, igual o superior a los más notables de nuestra historia, sino también uno de los hombres públicos que con mayor prudencia y juicio, procura consolidar las bases de la todavía hoy vacilante democracia Argentina. Porque si bien la libertad electoral de su gobierno fue precaria, lo cierto es que su constante defensa de la estabilidad institucional; su respeto por la división de los poderes y las garantías consagradas por la Constitución; su concepto evolutivo del sufragio universal y hasta su ordenado manejo de la moneda y de las fianzas públicas, constituyeron en los hechos, elementos de elaboración democrática, muchos mas sólidos y fecundos, que los que pudieron aportar con su predica apasionada los mas ardientes defensores de una democracia auténticamente representativa.

LA OBRA DE ROCA

Esta conferencia versará entonces, únicamente sobre aquellos aspectos de su vida que en alguna medida se vinculan a la marcha institucional de la República y sin entrar para nada al análisis de su obra de Gobierno que fue extraordinaria y tan excepcional, dentro de nuestro cuadro histórico, que si hiciéramos un paralelo entre el país que él recibe y el que nos deja al bajar del poder, ningún juicio sería mejor que decir –parafraseando a Churchill– que rara vez en nuestra historia tantos han debido tanto a tan pocos. Es decir: a este sagaz, prudente y reflexivo gobernante que, rodeado de un brillante núcleo de colaboradores, casi todos presidenciables, venciendo enormes dificultades, vuelca su acción, su inteligencia y su patriotismo para que un país embrionario y anárquico, se transforme rápidamente en una nación orgánica, respetada en el mundo internacional y con un desarrollo sorprendente para su escasa población y las todavía precarias fuentes de su economía (1).

LAS CRÍTICAS A ROCA

Sin embargo no todo el mundo participa de este juicio laudatorio. Se elogia siempre, la solución que da él a viejos y graves problemas de la República. Se admira su política de paz, orden y administración y cuanto de importancia realiza su gobierno; pero críticos e historiadores, señalan también con insistencia, el contraste entre ese pujante impulso impreso al país bajo su dirección y el notorio estancamiento de su progreso institucional y democrático.

Su proverbial personalismo, su famosa liga de Gobernadores; sus maquinaciones electorales; su arbitrariedad partidaria y hasta su diabólico maquiavelismo o zorrismo, son señalados –por estos críticos– como factores de corrupción institucional y de envilecimiento político que a la postre no hacen más que retardar y entorpecer nuestro desarrollo democrático.

Esto, que podemos calificar de dura sentencia sobre su acción política, se ha generalizado tanto y hecho de tal modo carne en la opinión publica, que hoy se ha convertido poco menos que en un axioma de nuestra historia contemporánea. Pero a medio siglo de su muerte es tiempo ya –creo yo- de que un período de transición institucional y de tan grande significación histórica, se le examine con un criterio mas sociológico que polémico y sin ese lenguaje de comité, del que tanto se ha abusado, cuando se juzga todo lo que precede a la reforma electoral de Saenz Peña.

La crítica al militante político ha perdido hoy toda razón de ser. Ahora lo que se quiere es ese trabajo que Ortega y Gasset llama de minero y que consiste en “cavar hondo en el subsuelo histórico”. Llegar a la entraña de la realidad social en que Roca debe moverse y en la que se pretende que arraigue una institución que como la del sufragio, aun hoy, ni con Ley Saenz Peña, la Republica ha logrado consolidar en siglo y medio de vida independiente.

Los gobiernos de Roca pueden haber incurrido en más de una irregularidad electoral; pero estas no fueron mayores y a veces menores que las cometidas por otros gobiernos. En todas las épocas fue lo mismo y pocos son los que no dejan en los comicios la marca de su impureza democrática. Roque Saenz Peña fue una de las pocas excepciones; pero como su mandato presidencial es también fruto del unicazo y de una elección regulada, le sería aplicable esta frase de Mansilla: “aunque el Presidente sea un hombre de bien, tendré que leer como una tacha en el puño de su bastón: no eres el elegido del pueblo”.

Pellegrini en un debate en el Senado nos hace un relato de la evolución seguida por el fraude desde los días de extremos que el partido que se apoderaba primero de la mesa electoral, ganaba ya la elección. Según él la legislatura que al rechazar el acuerdo de San Nicolás, retarda una década la organización nacional, habrá sido elegida por el fraude. Sarmiento a su vez nos cuenta también cómo el realizado por Borrego en la elección de 14 de Mayo de 1828 resultó la causa indirecta de la dictadura de Rosas.

Acababa Borrego de provocar la caída de Rivadavia y en ejercicio del Gobierno de Buenos Aires convoca a elecciones para renovar la legislatura, designando presidentes de parroquia a los principales guerreros de la independencia: Generales Alvear, Necochea, Soler, Martín Rodríguez y Lavalle, etc.

La página de Sarmiento es de un gran colorido. Es también de un realismo casi fotográfico, porque nos va describiendo la escena en que estos próceres van llegando al comicio: todos visten uniforme de gala; el pecho cubierto de condecoraciones; el General Necochea luce sus 12 heridas de la batalla de Junín y el General Lavalle avanza apoyado en muletas por la que ha recibido en la batalla del Yerbal.

Se inicia el acto y como la gran afluencia de público deja a Borrego pocas esperanzas de ganar la elección, viene entonces su treta: bandas de forajidos irrumpen en los atrios al grito de “viva los de chaqueta” produciéndose el disturbio que el juez de Paz necesitaba como pretexto para anular la elección. Resultado: la Legislatura sigue funcionando con sus mismos miembros, no obstante que sus mandatos habían caducado y los generales indignados –según Sarmiento– ese mismo día dejan concertada la revolución que estalla el 1º de Diciembre y termina en el fusilamiento de Borrego, prologo del advenimiento de Rosas.

De esta manera nuestros malos hábitos cívicos no solo tuercen mas de una vez el curso de nuestra historia, sino que también sus raíces eran tan profundas, que casi todos los gobiernos resultaron impotentes para extirparlos, antes y después de la reforma de Saenz Peña.

ANARQUÍA MONTONERA Y CAUDILLISMO

Cuando Roca llega a su primer Gobierno, si bien esta violencia en los atrios empezaba a ceder reemplazada por el empresario de votos, no había todavía el menor indicio de que las malas prácticas electorales se hubiesen corregido. Su propia victoria Presidencial es lograda a través de una cruenta revolución que mostraba en sí misma el estado social y político que imperaba en la República.

Era todavía tiempo de montonera, anarquía y caudillismo. Hacia pocos años que tres gobernadores de provincia y el propio Urquiza había caído asesinados; las huellas de El Chacho estaban frescas después de su último asalto a la provincia de Córdoba; el motín militar era crónico y el último acababa de ensangrentar las calles de Buenos Aires. Completaba el cuadro el malon indígena que recién Roca frena; pero que hasta muy poco antes de subir él al Gobierno, diezmaba la vida campesina, aquí no mas que en el Azul, a pocos kilómetros de la Capital Federal.

Cabe preguntarse: ¿Era propicio este momento como algunos parecen admitirlo para implantar en el país las bases auténticamente populares del Gobierno?¿ Para levantar, como lo hace Mitre 6 años antes, sin duda con convicción sincera y patriótica, la bandera del sufragio libre que luego pasaría a manos de Leandro Alem?¿ Había alguna posibilidad que en la Argentina de 1880 ó 1898, y mismo de 1900, se pudiese, no digo organizar, pero ni siquiera intentar una democracia al estilo de la Inglesa o americana de nuestros días? La mejor respuesta –creo yo- nos la da nuestra evolución institucional de los últimos 50 años, cuando ya muerto Roca, con reforma de Saenz Peña, sin montonera y sin indios, estamos todavía en la situación en que nos encontramos.

Roca no participa de esa fantasía. Sus pies están siempre sobre la tierra, como lo prueba esta carta todavía inédita de Diciembre 17 de 1883 cuando siendo ya Presidente le escribe a Miguel Cane que está en la diplomacia: “Hay que tomar a los hombres y a los pueblos como son, como Dios los ha hecho, como no pueden dejar de ser, para estar mas cerda de la verdad y poderlos conducir mejor. El destino lo coloca a uno entre los maquinistas o timoneles. Cuantos hombres hemos tenido nosotros – continua- que han detenido unos el progreso del país y otros causado grandes daños y perjuicios, por haber carecido de ese instinto de la posibilidad que los ha hecho andar su vida a tientas. Veo con gusto que Ud. no pertenece a esta familia, que es mas numerosa en el mundo de lo que uno se puede imaginar”.

Roca no es pues un ideólogo, ni un romántico. Tampoco un retórico, ni un erudito de gabinete. “Nuestro taciturno”, como le llama Del Valle es mas un realista, un intuitivo que se inclina antes a la practica que a la teoría, a la verdad que a la ilusión. Ha recorrido el país palmo a palmo. Sabe tomarle el pulso y conoce con exactitud, que es lo que en el se puede hacer y lo que ni por asomo se debe intentar.

Ve con entera lucidez nuestro problema institucional. Al Sufragio libre llegaremos algún día; pero antes – piensa él – hay que quemar varias etapas. La primera é impostergable es empezar por robustecer el principio de autoridad de un gobierno históricamente débil, que pocos respetan y que hace apenas unos meses ha sido corrido hasta Belgrano por un gobernador insurrecto. Luego, la más difícil, asegurar su estabilidad, como para que nadie lo amenace ni pretenda derribar. Por último, cuando estas etapas quedan cumplidas echando sus buenas raíces, y las condiciones económicas, sociales y culturales lo permitan, haría llegado reciñe para la Argentina la hora de preocuparse de las bases populares de aquellos poderes que la Constitución prescribe.

Este esquema de evolución institucional fluye implícitamente de todos sus documentos oficiales. En ellos repite con insistencia la necesidad de concluir con la revolución como instrumento de política y de asegurar el orden y la paz mediante la práctica de las instituciones como paso previo hacia una definitiva organización democrática, que vendría a ser con el tiempo la coronación de todo el proceso histórico e institucional de la República.

En su segunda presidencia, en uno de sus mensajes al Congreso, define este pensamiento en forma mas explicita: “se nota –dice- grandes defectos y deficiencias en la practica de nuestras instituciones políticas; pero no debe desconocerse las ventajas que proporciona la continuación de un orden regular aunque adolezca de defectos cuya eliminación no depende de la acción de los gobiernos, cualquiera sea su origen y que solo puede desaparecer con el tiempo, los progresos de la civilización y la transformación de la educación y las costumbres políticas”.

Es un punto de vista que sin duda impresiona por su equilibrio y madurez. Resume toda una doctrina realista de lo que debe ser nuestra evolución democrática. A ella ajusta su conducta política y sin el lastre de un sectarismo estrecho, ni de una lírica ideología, avanza Roca con pausa y método por la áspera senda institucional de la República, llegando a los 37 años de edad, a sentarse en el sillón de Rivadavia, siempre tan inestable, con una firmeza que pocos de sus ilustres predecesores logran alcanzar. El propio Avellaneda que ha pasado 6 años sobre un volcán, al entregarle las insignias del mundo, con cierto dejo de envidia, se lo hace notar: “vais a ejercer el Gobierno ejecutivo –le dice- con toda la plenitud de su poder y sin que tenga otro limite que el fijado para el bien común por nuestra ley fundamental”.

Avellaneda resulta profético. Apenas Roca asume la Presidencia, esa “Plenitud de Poder”, se traduce en una autoridad nueva, viril, vigorosa y casi desconocida en el país, que sin hacerle confundir jamás mando con Gobierno, le sirve para que desde ese día nadie dude de que el Gobierno existe. Su efecto es inmediato: El motín se acaba y la soberbia de los caudillos encuentra al fin la horma de sus zapatos. En algunos casos como el de Jose Manuel Estrada y el de monseñor Mattera se pretenderá todavía desafiar esa autoridad; pero la respuesta llega de inmediato. Una honda sensación de respeto se extiende así por toda la República y una paz, tan anhelada como necesaria empieza a ser la primer bendición de un gobierno, que sabe ser fuerte sin caer en lo autoritario y enérgico sin llegar a lo tiránico.

ESTABILIDAD INSTITUCIONAL

En un medio social como el nuestro, proclive a la anarquía y al pronunciamiento militar, de típica herencia española, un gobierno con autoridad y fuerza suficiente como para hacerse respetar, significaba ya –quien puede dudarlo- un paso decisivo hacia la estabilidad institucional, sin la cual el sistema democrático se convertiría bien pronto en simple quimera. No de otro modo llegan a desenvolverse las democracias Anglo-sajonas, tenidas siempre por modelo y cuyas estructuras, durante muchos años, no consistieron en otra cosa que en mera estabilidad institucional.- Porque ni la Inglesa, ni la Americana, alcanzan su actual sufragio universal, sino en forma paulatina y después que sus instituciones parlamentarias o republicanas acaban por incrustarse previamente en sus costumbres mediante su funcionamiento regular y permanente.- Ambas también –como la nuestra- pasan por las mas duras pruebas de venalidad y corrupción electoral.

Asegurar la vida del gobierno y su renovación por las vías legales se presentaba entonces en la hora de Roca como un problema de solución impostergable, si es que se quería acabar con la anarquía y seguir avanzando institucionalmente, hacia el ideal de la democracia.

Conseguirlo no era asunto fácil. No lo era en casi ninguna parte del mundo y por supuesto menos en la Argentina donde los gobernantes que habían llegado al término de su mandato se les podía contar con los dedos de la mano. Y digo que no era fácil, porque como nos advierte S.Maine, eminente jurisconsulto y escritor ingles, desde los tiempos en que los emperadores romanos estaban a merced de la guardia pretoriana, la humanidad no había visto gobierno mas inestable –según él- que los de origen popular. Todavía con estos agravantes: que su fragilidad fue contagiada a todos los otros sistemas políticos, que antes de la aparición del régimen de la república, habían tenido una estabilidad de muchos siglos. Los mismos constituyentes americanos –dice- mas de una vez dejan traslucir su recelo al haber optado por un sistema de gobierno que si bien les era impuesto por factores históricos y sociales, era también el más inestable de todos los experimentados en el curso de la historia política.

Sin embargo, este temor de los constituyentes, señalado por S.Maine, no solo no llega a confirmarse, sino que por el contrario, la estabilidad institucional que consigue asegurar la constitución americana se convierte en el acontecimiento político más trascendente y espectacular del siglo XIX. El mundo se queda atónito frente a esa constitución y de todas las partes se lanzan a copiarla o a imitarla.

Los primeros en precipitarse fueron los flamantes estados de la América latina, con la consecuencia de que su inestabilidad institucional ha llegado a ser la tragedia de todo un continente. Aún hoy, como nos lo muestra Arciniegas en su conocido libro “Entre la Libertad y el Miedo”, este rasgo de su civilización política, sigue tan actual, como en los tiempos de San Martín, Bolívar y Miranda.

Durante mucho tiempo nuestro orgullo nacional ha pretendido limitar al caribe ese fenómeno de inestabilidad política; pero la verdad es que nuestro “record” poco ha tenido que envidiar a sus hermanas de centro América, cuando no ha conseguido superarlas, sobre todo antes de la organización nacional, en que casi ningún gobierno concluye su mandato, inclusive los de Pueyrredón y Rivadavia, que fueron dos notables ejemplos de buen gobierno (2).-

Sarmiento en sus diversas obras hace un extenso estudio de esta inestabilidad continental, sin llegar a soluciones concretas; pero nos deja algunas observaciones tan sabrosas como éstas: “Hacemos dice – revolución tras revolución y luego vienen los votos de arrepentimiento que a nadie logran convencer porque a nuestra promesa de corregirnos se nos contesta: te conozco mascarita sois sud América”. Su propio gobierno debió sufrir más de una revuelta y la ultima por lo violenta y regresiva, llega a desconsolarlo tanto que, entre burlón y triste, le escribe a su ministro de guerra General Martín de Gainza: “me han aguado la fiesta tan luego cuando ya me preparaba a festejar con bombos y platillos el termino legal de mi mandato”. Se ve que para Sarmiento era también imprescindible un mínimo de vida constitucional, si se quería dar a nuestra democracia una base verdaderamente sólida.

ROCA Y LAS REVOLUCIONES

Roca tiene el mismo pensamiento y su destino histórico, en materia institucional, no será otro que el de afianzar la estabilidad política y el de desarrollar la vida constitucional de la República. Ya en un manifiesto, durante la campaña electoral de su primera presidencia, anticipa que en ningún momento su nombre servirá de bandera para la guerra civil. No es ésta una simple frase, lanzada en medio del calor de la lucha política, si no una promesa que cumplirá con toda fidelidad porque nunca se le va a encontrar del lado del desorden o de la insurrección. Nunca tampoco, aspirando al poder por medio de la Violencia, ni Menos aun dejándose tentar por un 18 Brumario que lo perpetué en el mando, no obstante su enorme prestigio en las fuerzas armadas conservará hasta el día de su muerte.

Es un militar con mentalidad civil, cuya influencia estará siempre al servicio de las instituciones. Aplicada a sostenerlas y fortalecerlas; pero jamás para debilitarlas o destruirlas. Sus dos gobiernos son modelos de estabilidad de orden y de paz pública tanto en el ámbito nacional, como en el provincial.

Lo destaca bien el mismo Roca cuando en su ultimo mensaje al terminar su primera presidencia nos hace este balance institucional, que es ya la mejor semilla de una futura democracia: “concluye felizmente mi gobierno –dice- sin haber tenido en todo él que informar de guerras civiles, de intervenciones sangrientas, de levantamientos de caudillos, de empréstitos gastados en contener desórdenes y sofocar rebeliones, de depredaciones de indios, de partidos armados y semi-alzados contra la autoridad de la Nación, sin haber decretado en fin, un solo día el estado de sitio, ni condenando a un solo ciudadano a la proscripción política”.

Esto que no ven los que hablan de nuestro problema democrático porque se dejan llevar mas por el árbol que es el sufragio, que por el bosque que es todo el mecanismo constitucional, precisamente es lo que el país necesitaba después de décadas y décadas de anarquía y de las agitadas presidencias de Sarmiento y Avellaneda, si se quería partir de un cimiento sólido para edificar una democracia que fuera flor de un día como resulto la de Saenz Peña, sino una democracia de raíces profundas, orgánicas y permanente.

Esta fue su obra de gobernante. Como soldado y como hombre público durante toda su vida no hará otra cosa también que contener la anarquía y defender el orden constitucional.

Empieza en Cepeda y en Pavón siendo casi un niño, por combatir al lado de Urquiza, porque considera que el gobierno de Paraná y no el de la provincia segregada de Buenos Aires es que el representa a la Constitución y a la organización Nacional. Luego por dos veces salva de su caída al gobierno de Sarmiento, que en pleno campo de batalla le vale el grado de General por su lealtad al Gobierno de la Constitución. Este gesto de Avellaneda es de un simbolismo que no se puede ocultar.

En el 80, su propio ejercito que acababa de organizar desde el ministerio de guerra, es el que sofoca con violencia la revolución de Tejedor y cuando Avellaneda, moralmente vencido por el fracaso de la conciliación presenta su renuncia de presidente, es de nuevo Roca que con sus amigos políticos mueve los hilos para que el Congreso de Belgrano la rechace y quede así, una vez mas asegurada la continuidad legal del gobierno de la Nación. Y todavía hace algo más: fuerza la mano del Presidente para que intervenga la Provincia y acabe con el foco rebelde que esta comprometiendo, no solo la estabilidad de su gobierno sino también toda la unidad de la república.

En el 90 repite su actitud, aunque esta vez se la pretende discutir. Sin embargo, de acuerdo a la documentación que hoy se conoce, debe admitirse que su comportamiento fue, como siempre, estrictamente constitucional. Estalla la revolución y de inmediato, vistiendo uniforme de campaña, se presenta en el cuartel del Retiro para tomar las armas, “en defensa del gobierno constituido”, según textualmente lo expresa Balestra en su libro El 90. Levalle, ministro de guerra, pone bajo su mando dos compañías del ejército de línea con la misión expresa de defender la Casa Rosada. Si hubiese estado Roca complicado con la revolución, como algunos sospechan, ni Lavalle, ni menos Capdevila que tenia una completa información del complot, hubieren sido tan ingenuos de confiarle a él, nada menos lo que era la sede del Gobierno y por lo tanto el objetivo inmediato del comando revolucionario. Esta fue su conducta en la faz militar de la crisis. Pocos la discuten y casi ningún cronista o historiador lo niega. Pero en la faz institucional cuando el peligro de derrocamiento ha pasado, otro es entonces el problema y otra también su actitud. No se trata ya de sofocar una revolución que ha sido aplastada. Lo que preocupa es evitar que un Presidente que sin duda ha realizado una muy ponderable acción de gobierno por la que algún día se le hará justicia, debilitado como estaba por una violenta oposición de los partidos y la reciente conmoción publica, se pueda derrumbar arrastrando en su caída el sistema constitucional, sumiendo de nuevo al país en la anarquía e interrumpiendo casi 30 años de gobierno legal. De ahí que no solo Roca, sino también Pellegrini y muchas otras figuras del parlamento y de la política activa, no viesen otra solución que el alejamiento de Juarez Celman para salvar al régimen institucional.

Todo hace pensar, entonces tal como se desarrollan los hechos, que Roca tuvo una correcta apreciación del momento institucional que vivía la república. La misma correcta apreciación que debió tenerse el 6 de Septiembre de 1930 que de haberse limitado la crisis al retiro del Presiden, se hubiese podido evitar las grandes calamidades que significó para la República la quiebra del orden institucional.

Por otra parte, Roca unos días después de la revolución aclara su actitud en un reportaje en el diario La Prensa y particularmente en una carta que escribe a su amigo Enrique Garcia Merou, documento histórico de gran valor que pública por primera vez Ricardo Saenz Hayes en su obra “Miguel Cane y su Tiempo”. En ella se confiesa autor de la solución que busca por igual la derrota de la revolución y el alejamiento de Juarez Celman, completando su pensamiento con esta frase, que confirma la tesis que sostengo “Estamos dice Roca – en el terreno de la constitución”.

Su propio apoyo a la candidatura del General Mitre en la política del acuerdo y la circunstancia de no haber sucedido a Pellegrini en el gobierno, prueban que no se guió solo por ambiciones personales, que las pudo tener y hasta pudieron coincidir con el interés de la nación, sino por el propósito de salvar a cualquier precio, en momentos tan críticos, la marcha de la república hacia formas definitivas y estables de organización política.

Y tan frágil era esta todavía, que apenas transcurren 3 años, cuando en 1893 una nueva crisis de características similares, aunque menos aguda, vuelve a poner en tela de juicio la estabilidad constitucional. Su conducta es la misma; en la faz militar defiende al gobierno del Dr. Luis Saenz Peña haciéndose cargo de la guarnición de Rosario; vencida la revolución de Alem su juego político que será todo lo confuso que se quiera pero que nunca se desenvuelve en detrimento del orden legal, hará todo lo posible para que un presidente que ha agotado su prestigio en un “record” de crisis ministeriales, y que amenaza como Sansón derrumbarse con todo el templo constitucional se vaya a su casa cuanto antes, sin que la república salga del marco de la constitución.

Su conducta en todas estas revoluciones ha sido así perfectamente congruente, como la hubiere sido en 1905, de no haber Quintana sofocado de inmediato y con la mayor energía la revolución radical que amenazaba su gobierno. Sin embargo, desde Santiago del Estero Roca, que ya esta casi fuera de la política telegrafía al Presidente poniéndose a sus órdenes para defender el gobierno constitucional.

APORTE DE ROCA A LA DEMOCRACIA

Esta reseña de hechos militares y políticos, en los que Roca aparece en forma constante defendiendo la paz pública y el orden legal, nos lleva a esta primera conclusión: de los 68 años de ininterrumpida vida constitucional que alcanza a tener la república y que es la que nos da prestigio internacional, crédito y desarrollo económico casi 30, los mas duros e indecisos, fueron en gran medida su obra o por lo menos juega él en los acontecimientos un rol de primera línea. Son los famosos 30 años del dominio roquistas, que son decisivos para las instituciones argentinas.

Admitamos que no había libertad electoral o que si la hubo –como ya lo he dicho– fue precaria o mínima; pero cuando llegamos a tenerla o a intentar tenerla con la reforma de Saenz Peña, en los 52 años que lleva la experiencia, solo 14 duran nuestra estabilidad institucional y también solo tres presidentes concluyen su mandato.

En los 38 años restantes hemos debido soportar la más infame dictadura de la historia nacional y un periodo de una inestabilidad política que seria necesario volver los ojos al año 20, después de la sublevación de Arequito, para encontrarnos con una situación parecida.

Esto nos prueba que si en 1912 se debía ya hablar de mayor libertad electoral, lo que nuestra democracia en ese momento necesitaba para poder avanzar y afianzarse definitivamente, era mas que nada seguir consolidando todavía la estabilidad política que a Roca tanto le preocupaba y asimismo continuar con el aprendizaje constitucional que su gran talento político intuye desde que aparece en la vida pública.

Votar libremente lo consideraba él de gran importancia y admitía que a eso había que llegar en alguna hora, pero mucho más importante y mas urgente era procurar que la estructura republicana aunque fuese en ficción – se mantuviese de pie. Que el pueblo se acostumbrase a obedecer la ley que es la suprema disciplina social. Igualmente a la renovación periódica de los mandatos constitucionales, viendo subir y bajar a los mandatarios a su termino legal y no por derrocamiento militar como había sido poco mas o menos la tradición argentina.

La división de los poderes, que es un seguro contra la tiranía y un resorte importantísimo de la vida democrática, en su concepto, debía ser también una realidad funcional y otra la justicia sin la cual se vuelven ilusorias las garantías individuales. Y ponía un énfasis especial en el respeto al derecho de propiedad y en la inviolabilidad de los contratos, que al contribuir al enriquecimiento colectivo, es lo que mejor allana el camino hacia una democracia, no solo estable sino también prospera.

Completaba esta política de paz, estabilidad y ordenamiento constitucional, su permanente preocupación por una moneda sana y una prudente administración de los recursos fiscales, que en su gobierno, se traduce en la ley de unificación monetaria, en la Caja de Conversión; en doce presupuestos cerrados casi siempre con superávit y en el estricto cumplimiento de los compromisos del tesoro público. Veía así que una sana política económica y financiera, era uno de los mejores puntales de la estabilidad constitucional.

Institucionalizar el país, completando la obra iniciada por Mitre y seguida abnegadamente por Sarmiento y Avellaneda, vino a constituir entonces el pensamiento rector de una política que lleva a Roca, no solo a que la función publica se desenvuelva dentro de normas jurídicas y prácticas civilizadas, sino también a respetar en forma ejemplar las libertades constitucionales, sin mas limite que la de preservar el orden publico. La propia libertad de prensa, tan resistida siempre por los gobiernos, durante el suyo, alcanza una tal amplitud que hace sentir su fronda con una violencia pocas veces igualada en la historia de la república.

Todo esto: Principio de autoridad en el gobierno; estabilidad política; funcionamiento sistemático de la constitución, buen administración y prosperidad económica, es lo que yo llamo el aporte de Roca a nuestro desarrollo democrático porque en su conjunto definía ya a una democracia, tan incipiente o embrionaria como se quiera pretender; pero que en poco se diferenciaba de la que Tocqueville tanto había admirado en la constitución americana, cuando ésta, mas que una expresión de sufragio libre y universal que no se aplicaba en ese momento, no era sino un ejemplo de estabilidad política y una síntesis de los principios de justicia, libertad e igualdad, que por encima del voto popular, constituyen la verdadera esencia de un régimen de democracia. Un gobierno puede proceder de una entera libertad electoral; pero si no respeta la división de los poderes, ni las garantías individuales será antes una dictadura o tiranía de masas que una verdadera democracia cuya finalidad primordial es proteger los derechos humanos por medio de una autentica justicia, en un nivel de libertad y de estricta igualdad.

DEMOCRACIA EVOLUTIVA

Pero si Roca se había preocupado de establecer con prioridad lo que él llama “Un orden regular”, consolidando la vida republicana y asegurando condiciones de paz, bienestar y progreso, para por ese medio crear un clima propicio a una democracia orgánica y estable, no quiere decir que no se diere cuenta que se aproximaba la hora de un régimen electoral que garantizase el sufragio.

En esto mismo no era un ortodoxo, ni un teórico. Su buen juicio no lo hará olvidar un instante el medio social en que una institución tan revolucionaria como el sufragio universal, pudiese ser aplicada sin antes calibrar sus posibles y peligrosas consecuencias. El país, lo sabia Roca muy bien, había necesitado muchos años de lucha y sufrimiento para llegar a organizarse y construir todo lo que había construido. Se debía entonces tener mucho cuidado de no dar pasos inconsultos, arriesgando de un golpe, lo que se había logrado con tanto sacrificio y sin adoptarse previamente todas las precauciones que fuese necesario adoptar.

Tal vez sin darse cuenta seguía la experiencia de las grandes democracias Anglo-Sajonas, que ya hemos visto como se preocuparon primero de afianzar la estabilidad política para continuar luego desarrollando el sufragio en forma prudente y experimental. En Inglaterra este proceso dura casi un siglo, Empieza con la reforma de 1832 cuyo debate es famoso en la historia del pensamiento político universal y en el que Macaulay pronuncia su celebre frase: “El demagogo es el ser mas despreciable de la especie humana”. Luego se sigue ampliando el sufragio en las sucesivas reformas de 1867 y 1884; pero se mantiene todavía cierta calificación del voto por el derecho de propiedad – Property Qualification – hasta 1918. Así, recién en este año bajo Lloyd George, al termino de la primera guerra mundial es cuando la cámara de los comunes sanciona su “People Act” que otorga el voto a todos los hombres mayores de 21 años y las mujeres mayores de 30, elevándose de ese modo el cuerpo electoral de 8 millones cien mil a 16 millones de votantes. Es decir: Que Inglaterra con su cultura milenaria, su tradición política, su estabilidad de siglos y su espíritu de orden, llega a la democracia del sufragio universal 6 años después de la Argentina, que avía tenido un siglo de anarquía, revoluciones y guerras civiles. Llega todavía con un freno: La Cámara de los Lores que a pesar de la reforma de Mr.Asquith de 1912, conserva aun hoy atribuciones para detener por dos años las leyes sancionadas por la Cámara Popular. La última ampliación del sufragio se vota en 1928 al reducirse de 30 a 21 años la edad de la mujer.

Este pausado andar es lo que hace que la democracia inglesa se consolide y se convierta en ese instrumento de progreso que admira el mundo entero. Un instrumento de progreso que admira el mundo entero. Un instrumento que le ha permitido a Inglaterra completar su revolución industrial, conquistar por muchos años la hegemonía mundial y en nuestros días la revolución pacifica del Laborismo.

En Estados Unidos el desarrollo de su democracia, tuvo una duración casi igual. Su constitución es de 1780, 90 años después, al aprobarse la XV enmienda que elimina la discriminación por raza, color, religión, servidumbre, etc, alcanza el sufragio su dimensión actual. Pero debe aclarar que como en E.U. las leyes que rigen la elección del Gobierno Federal son las Estaduales, durante más de un siglo también los requisitos para ser elector variaban tanto como leyes de estado estaban en vigencia. Hubo tremendas restricciones y hasta se dio el caso –como señala Jepherson- de dos estados que enviaban al colegio electoral delegados sin siquiera haber hecho consulta popular. La última etapa de la democracia americana se cumple apenas hace 10 años cuando la Corte Federal edicta un fallo declarando de insanable nulidad cualquier ley estadual que intente restringir en alguna forma la plenitud del sufragio universal.

Este lento desarrollo de las democracias Anglo-Sajonas – que nos revela la alta sabiduría de esos pueblos – mucho más que la experiencia de la primer republica francesa que desemboca en el terror desacreditando por muchos años el sistema republicano, es lo que influye en nuestra generación de 1837, que organiza la república y nos da la constitución de 1853.

Si se exceptúa Mitre que postula siempre el sufragio libre sin condición, ni demora alguna, en su mayoría esta generación es decididamente partidaria de una democracia progresiva, que se vaya desarrollando paralelamente con la educación, costumbres políticas y el crecimiento económico de la república, como para que algún día el Gobierno representativo de autentica base popular pueda llegar a ser una realidad institucional. Jamás la encara como una conquista de aplicación inmediata.

Echeverría es el primero en darnos su opinión. Autor de un dogma socialista que según Groussac tiene de todo menos de socialista porque sus páginas son un himno a la libertad que es precisamente la negación del socialismo, que busca esclavizar el individuo al estado, sobre nuestra democracia se expresa así. “La joven generación Argentina cree que la democracia existe en germen. La obra de organizarla no es de un día; las constituciones no se improvisan; la libertad no se funda sino sobre el cimiento del perfeccionamiento de las costumbres y la razón de un pueblo que aspira a ser libre no se sazona sino con el tiempo”. Y completa su pensamiento dejándonos este botan de muestra, tan poco socialista y tan poco democrático: “Se cometió un error –dice- al haber dado el voto y la lanza al proletario porque se puso los destinos del país a merced de la muchedumbre”. (4)

Sarmiento que ya hemos visto desesperarse por no poder concluir su mandato en paz y cuya acción civilizadora no es necesario destacar, tiene un concepto de nuestra evolución democrática que poco se aparta del de Echeverría. Su dogma “educar al soberano” por definición no es sino la idea de que aquella marche del brazo con la cultura popular. Toda su acción política y de gobierno se inspira en ese principio; pero ya viejo en vísperas casi de la muerte, en su ultima obra “Conflictos y Armonías de las Razas” define su pensamiento en esta forma: ¿”Qué queda por hacer –pregunta- para seguir los destinos libres y prósperos de la otra América? Nivelarse contesta – por la elevación del nivel intelectual y mientras tanto no admitir en el cuerpo electoral sino a los que se suponen capaces de desempeñar sus funciones”. Esto que nos suena hoy a tan reaccionario, lo escribió cuando Roca estaba ya en su primera presidencia. Después de una larga vida de acción y pensamiento y de haber pasado por la experiencia del gobierno.

Alberdi, es todavía mas preciso en cuanto al concepto de una democracia progresiva. Su opinión es también de un gran valor por ser el autor virtual de nuestra constitución y adquiere así el alcance de una interpretación de los principios contenidos en sus disposiciones.

Este “Publicista militante” como le llama Ricardo Rojas, después de aclararnos que la legislación debe adaptarse al verdadero estado social, se expresa así: “Los pueblos no tienen alas, hacen sus jornadas a pie, paso a paso. Como todo en la creación tiene su ley de progreso y desarrollo. La idea representativa es la virilidad de los pueblos. Saltando de la edad colonial a la edad representativa, quisimos ser viejos cuando recién nacimos. Nos hicimos independientes y enseguida demócratas. Intentamos así principiar el camino por el fin, cuando la democracia es el fin y no el principio de los pueblos. Sin embargo –concluye- una convicción es necesaria y en que es menester dejar pasar a nuestra democracia por la ley del desarrollo sucesivo a que todo esta subordinado en la creación”.

ROCA EN LA HORA DEL PROGRESO SOCIAL Y POLÍTICO

Tal era el pensamiento de los hombres que inspiran nuestra constitución. Es el mismo que guía a las democracias rectoras cuyo desarrollo ya he explicado. Refleja un ambiente, la filosofía política de una época en la que el gobierno representativo empieza a imponerse cada día más.

Roca siente su influencia. Su misma admiración por Alberdi, cuyas ideas realiza desde el gobierno, según así nos lo enseñaba Juan A. Garcia en sus clases de la facultad de Derecho y lo repite luego Octavio Amadeo, no hará sino empujarlo mas y mas hacia una prudente política de evolución electoral.

“La noción de gobierno libre –dice Roca en uno de sus mensajes- es el producto de una civilización que se desenvuelve con la calma de la naturaleza”. No se puede pedir una mejor forma de expresar el concepto de la democracia evolutiva que él aspira a realizar.

Es la tesis de Alberdi que llevada a la práctica se traduce simplemente en la conveniencia de no innovar en materia electoral sin ir pulseando el clima y experimentando previamente. Según sus resultados se avanzará o se retrocederá; pero sin comprometer jamás en aventuras o improvisaciones los valores fundamentales de la república. De ahí que la acción de Roca, siempre tan dinámica y pujante cuando del desarrollo material se trata, se vuelva tan cauta y prudente en lo que se refiere a cambios o progresos de orden institucional.

Prefiere siempre tantear el terreno y si no lo encuentra firme o se equivoca dará marcha aras, como lo hizo con el Concejo de Deliberante que después de crearlo en la primera presidencia, lo suprime en la segunda de acuerdo con su ministro del Interior Joaquín V. González, ante el notorio fracaso de su funcionamiento.

Va así haciendo su jornada de a pie, paso a paso como lo predicaba Alberdi. Su marcha será lenta pero de seguro avance para que según la ley del progreso la democracia vaya madurando junto con el desarrollo de las instituciones para convertirse algún día en un instrumento útil y no por prematura en una catástrofe de imprevisibles y graves consecuencias para la nación.

En su segundo gobierno son muchas las iniciativas que prueban que él ve ya la necesidad de pasar del problema de la estabilidad política, aparentemente superado, a una nueva etapa de evolución democrática.

Las masas no se mostraban ya mansas, ni dóciles. En el mundo entero, como consecuencia de la revolución industrial y de nuevas teorías económicas, un movimiento obrero, inquietante y revolucionario, ha descubierto su mejor herramienta política, en ese sufragio universal que, se ha ido extendiendo a todas las naciones, precedido casi siempre de violentas conmociones sociales.

No basta ahora entonces que la constitución funcione y que el gobierno se mantenga de pie, que fue hasta ese momento su preocupación principal, sino que urge completar la obra, procurando que el pueblo, conforme al dogma de la soberanía popular, comience también a participar cada día mas en el manejo de la cosa pública, mediante el pleno ejercicio del gobierno representativo. La técnica del gobierno debe ser ya otra y otro también el sentido de la legislación.

Es entonces cuando empieza a mirar ya un poco más hacia el progreso social y sin descuidar en lo mas mínimo el desarrollo económico que lo considera principal elemento de una feliz y sólida evolución política, después de haber dado al país en 1884, una ley tan democrática como la 1420 de enseñanza común y obligatoria, continua ahora una legislación de carácter igualitario como la de servicio militar, o de marcado significado social como su proyecto de código de trabajo redactado por su ministro de interior Joaquín V. González que contiene, según reciente estudio del Dr. Jose Arce, principios mas avanzados que los de la actual legislación, Sanciona las primeras leyes obreras como la de accidentes del trabajo; la de la jornada de ocho horas y la descanso dominical que iniciadas por un diputado socialista, son sin embargo aprobadas por un congreso que su partido controla y promulgadas bajo el sello de su gobierno. Porque Roca lo quiso esos proyectos fueron convertidos en ley, sino hubieran dormido quien sabe por cuanto tiempo en las carpetas parlamentarias.

Pero faltaba el paso más difícil: Abrir el comisio para empezar la democracia política. Los procedimientos electorales que durante largo tiempo habían servido para conjugar un mínimo de vida constitucional y respaldar todo lo que se había construido en la republica, no eran ya armas eficaces, frente a una masa encrespada por la predica de los tribunos y la agitación de los partidos políticos. Roca, habituado a auscultar la opinión pública, percibe el rumor que brota de las entrañas del pueblo. Se decide entonces a dar un nuevo paso institucional enviando al congreso en 1903 un proyecto de reforma Electoral que, al estableces el voto por circunscripciones, no solo abría el parlamento por primera vez en la historia Argentina a la representación de las minorías, sino también al descentralizar el comisio aseguraba éste una mayor garantía de corrección. El proyecto se convierte en ley creando también el registro cívico, precursor de la actual Libreta de Enrolamiento.

En su primer ensayo de aplicación, que su hijo el Dr. Julio A. Roca en el debate sobre la reforma de Saenz Peña evoca como un espectáculo democrático verdaderamente nuevo en el país, se incorpora a la Cámara de Diputados una pequeña minoría. La suficiente como para marcar un progreso y hacer una experiencia limitada de una real y efectiva democracia. Es decir: Abre la canilla exactamente como empezaron a hacerlo los Inceses e 1832, para dejar caer solo unas cuantas gotas y sin llegar al chorro pleno que le estaba reservado a la reforma de S. Peña.

El hecho es que varios diputados, como Alfredo Palacios, Eliseo Canton, Juan Balestra, Aniceto Latorre y Carlos Delccase y otros que no eran roquistas entran al parlamento representando auténticamente al pueblo de la nación. Es una oportunidad para que la oposición pueda compartir las responsabilidades del gobierno y seguir avanzando con prudencia y sin temor a los contrastes que podrían resultar, de no respetarse como Roca quiere, esa ley del desarrollo sucesivo tan preclaramente señalada por Alberdi.

Desgraciadamente su gobierno terminaba. Empezaba también a cerrarse la parábola de su larga y fecunda vida pública, durante la cual quedaban resueltos problemas fundamentales y cumplidos una acción de gobierno que había cambiado por la fisonomía de la nación, sin haberle alcanzado empero el tiempo para construir, no una democracia instituida a ciegas, impuesta por decreto, sino como la que él quería: cimentada por la práctica de las instituciones y por una larga estabilidad política. Desenvuelta también con ese sentido de la posibilidad a que alude en su carta a Miguel Cane. Pero dejaba el terreno preparado para que otros la continuaran desarrollando sin caer en peligrosas improvisaciones.

Su misma reforma electoral señalaba ya también un avance tan significativo que según Joaquín V. González: “Constituía una brillante experiencia que hubiera debido ser el principio de una nueva era en la historia del sufragio argentino; “pero se la prefirió suspender restableciéndose el sistema de lista completa y de simple mayoría. Se abrió así el camino para ese “salto en las tinieblas”, del que tanto se hablo y al que tanto se temió, en el histórico debate en la reforma de 1912 y cuyo análisis no es asunto de esta conferencia.

Señoras; señores: Tal fue el aporte de Roca a nuestra democracia. Los últimos retrocesos que ha debido soportar la republica, empiezan recién a ponerlo en evidencia y darle su verdadera significación.

Hace unos meses uno hombre público de la jerarquía del Dr. Nicolás Repetto, declaraba en los diarios: “Si yo supiera orar, oraría para que el gobierno actual llegue hasta el fin de su mandato”. Tácitamente reconocida así la enorme importancia de la estabilidad política y del régimen de la constitución como basamento de la democracia que todos anhelamos.

Este basamento es precisamente el que Roca aspira a construir. Hoy pocos lo comprenden todavía, pero ello no obsta a que constituya uno de los capítulos mas relevantes de su larga e intensa vida pública.

Es posible que en el curso de esta exposición haya abusado del panegírico. Tengo una excusa muy simple: Confesar lisa y llanamente ante vosotros, la gran admiración que siempre he sentido por este ilustre argentino, a quién, entre mis brumosos y lejanos recuerdos de la infancia, veo todavía defilar por las calles de Buenos Aires al lado de Campos Salles, luciendo su señorío inconfundible y su “Phisique du role” de gran estadista. Una admiración que fue creciendo con mi propia existencia, a medida que penetraba los secretos de nuestra historia política contemporánea y a medida también que su obra de gobernante, de soldad y de político, no pudo ya ser disimulada a ningún hijo de esta tierra.

Tan admire y veneré siempre s figura histórica, que deseo hoy recordar –aunque el yo sea odioso según Pascal- quefui yo quien tuvo la iniciativa y la lleva delante de erigir su estatua en Bariloche, que había sido la meta de su ejercito expedicionario y que está al lado de la frontera que a él le toca definir tras larga y difícil lucha diplomática.

Esa estatua fue inaugurada hace ya un cuarto de siglo en un día luminoso del lago Nahuel Huapí. Se pronunciaron varios discursos. Entre ellos uno vio, en el que después de definir a Roca como el verdadero “Arquitecto de la argentina moderna”, terminaba con las mimas palabras con que deseo cerrar hoy esta conferencia: “por su realismo político; por su espíritu constructivo y por su acendrado patriotismo –tal como yo lo siento- decía entonces, el General Roca ha sido, es y seguirá siendo todavía por mucho tiempo el Gobernante ideal, que la Republica necesita para alcanzar sus grandes destinos.

NOTAS

(1) El conferenciante manifestó: “si hay alguien que pueda parecerle exagerado este juicio sobre la acción de Gobierno del General Roca, puede leer los 12 mensajes que durante sus dos gobiernos dirige al congreso dando cuenta de su labor anual. Se tendrá entonces un panorama exacto de lo que Roca significó en la historia de la República y se verá así que la frase de Churchill está en este caso correctamente aplicada.

(2) El conferenciante aclaró que sin contar la dictadura de Rosas, los únicos gobiernos de ese periodo que llegaron hasta el fin de su mandato fueron los del Gral. Martín Rodríguez y el de Las Heras.

(3) Generalmente dijo el Dr. Bustillo aclarando sus conceptos, se confunde los medios de la democracia que es el sufragio basado en la teoría del contrato social de Rousseau, con sus fines que están representados por los derechos de hombre proclamados por la revolución francesa. Los Gobiernos anteriores a la reforma de Sáenz Peña dijo también – dieron preferencia a los fines por considerar que el país no estaba todavía preparados para el sufragio libre. En cambio los posteriores a la reforma de 1912, no consiguen todavía asegurar el sufragio y han engendrado un caos constitucional al no respetar los fines de la democracia que solo asegura la duración de los poderes y las garantías constitucionales.

(4) El conferencista dijo: “cuando se lee estos conceptos resulta inexplicable que los izquierdistas de nuestros días se hayan convertido en propietarios de Echeverría. El dogma socialista no es sino un programa de organización nacional o condenación de principios constitucionales. Las bases de Alberdi apenas esbozadas.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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