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CINCUENTENARIO DE ROCA, ROCA MILITAR

CINCUENTENARIO DE ROCA: Roca: Soldado y pacificador, por el Gral. de División Rosendo María Fraga (Círculo Militar, 14/10/1964)

Julio A. Roca Hoy pone a disposición de sus lectores un segundo adelanto del libro conmemorativo por el Cincuentenario del fallecimiento de Roca de 1964, trabajo colectivo con el aval del Senado de la Nación que, por diversos motivos, no pudo ver la luz en su día, y del cual se proyecta hacer una edición digital.

En la presente ocasión presentamos Roca: Soldado y Pacificador, texto de la conferencia pronunciada por el General de División Rosendo María Fraga en el Círculo Militar el 14 de octubre de 1964, quien fuera a su vez presentado por el presidente del Círculo, General de Brigada Juan Garré.

Los textos presentados en esta sección del Cincuentenario fueron escaneados de originales mecanografiados y otros escritos a mano. Se optó por mantener las copias lo más fielmente cercanas al original en todos los aspectos posibles.

Capítulo 28:
ROCA: SOLDADO Y PACIFICADOR
General de División Rosendo María Fraga

SUMARIO: 1. Introducción.- 2. Formación del soldado.- 3. La escuela del pacificador.- 4. Confusión y montoneras.- 5. El Desierto y la barbarie.- 6. Primera Presidencia.- 7. Paz interna.- 8. Segunda Presidencia.- 9. El orden público.- 10. Problemas obreristas.- 11. Los derechos de las minorías.- 12. El gran estadista.- 13. Paz internacional.- 14. Ultimo tributo a la Patria.- 15. Conclusión.- 16. Bibliografía.-

 

  1. Introducción

Señoras y Señores:

En nombre de la Comisión de Homenaje al Teniente General Don Julio Argentino Roca, constituida para rememorar su vida en el cincuentenario de su desaparición, agradezco a las autoridades del Círculo Militar la hospitalidad acordada para que se realice en su sede uno de los actos de la “Semana Roca”.

Bien merece el Conquistador del Desierto ser recordado en esta casa, cuya organización e instalación apoyó en toda forma cuando se fundó, en 1881, al iniciarse su primer gobierno; de la que fue luego presidente, en 1886, al terminar el período como jefe del estado; y a la que facilitó su reorganización en el año 1900, mientras ocupaba por segunda vez la primera magistratura.

Cuando Roca murió, en 1914, la comisión Directiva del Círculo designó a uno de sus destacados miembros, el entonces Coronel y después General de División Don José Enrique Rodríguez, para que en nombre de la institución honrara la memoria del ilustre soldado desaparecido: “PAZ Y UNION nos aconsejaba su tumba”, escribió Rodríguez en una sentida evocación necrológica publicada en la Revista del Círculo Militar. El póstumo mensaje, traducido en sobrias palabras por los que fueron sus camaradas y contemporáneos, ha llegado a nuestros días confirmado por la historia.

  1. Formación del soldado

Roca nació en Tucumán el 17 de Julio de 1843, hijo del Coronel Guerrero de la Independencia Don José Segundo Roca, quien luego combatió en las campañas del Brasil y del Paraguay. La madre, Doña Agustina Paz, escribió en esos días en carta que se ha publicado: “He tenido un varón al que hemos puesto los nombres de Julio por haber nacido en el mes glorioso, y Argentino porque esperamos que sea como su padre un diligente servidor de la Patria”.

Prontamente manifestó el niño su inclinación por la carrera de las armas, una de las que mejor permiten servir bien a la Patria en tiempos de incertidumbre y discordias. Cuando apenas contaba trece años, ingresó a la Sección Militar, creada en 1857 en el famoso Colegio de Concepción del Uruguay, fundada por el General Urquiza.

A partir de entonces, el mundo del cadete Roca fue la vida en campaña y sus maestros los soldados valerosos y experimentados a cuyo lado prestó servicios.

A las órdenes del Teniente Coronel Don Simón Santa Cruz, distinguido jefe formado en el ejército francés, recibió su bautismo de fuego en las acciones del Rosario, conoció la satisfacción que proporciona la victoria en la batalla de Cepeda, en 1859, y los sinsabores de la derrota dos años después, en la batalla de Pavón.

Incorporado en el año 1862 al batallón 6º de infantería de línea que mandaba el sereno y audaz Teniente Coronel Don José Miguel Arredondo, conoció otros escenarios de lucha y dos nuevos y temibles adversarios: Las montoneras, que eran las fuerzas del desorden y la anarquía, y los indios, que representaban la barbarie y con frecuencia el anta-argentinismo.

Al promediar el año 1865, iniciada la guerra del Paraguay, Roca, ya capitán y teniendo ahora como jefe al bravo entre bravos Teniente Coronel Don Luis María Campos, marchó a Corrientes para intervenir primero en la reconquista de la provincia invadida por el ejercito del Mariscal López y para luchar luego en territorio paraguayo, hasta la batalla de Curupaytí inclusive.

“En esta batalla – dice en sus libros el General Francisco Vélez – Roca empieza a poner en evidencia las condiciones inherentes al futuro comandante en jefe y Conquistador del Desierto. Desafió la muerte, manteniéndose a caballo frente a las trincheras enemigas, soportando el fuego graneado de la infantería paraguaya, dando ejemplo a sus soldados y alentándolos para tratar, en un supremo esfuerzo, de abordar la posición enemiga que, en realidad, de acuerdo a las condiciones en que se realizó el ataque, era inabordable”.

Para sintetizar la actuación de Roca como oficial, basta consignar que después de Cepeda fue ascendido a teniente 2º, enseguida de Pavón a teniente 1º; a capitán al finalizar la primera campaña contra El Chacho y a sargento mayor por su actuación en Tuyutí. En todos sus grados militares había enfrentado al enemigo.

Luego de Curupaytí las condiciones de Roca quedaron definitivamente consagradas. Después de casi diez años, de los cuales pasó seis en actividad de campaña, presente en 14 batallas y combates y en numerosas acciones menores, era a los 23 años de edad un jefe de gran prestigio, en condición de continuar una carrera brillante y de alcanzar los mas altos grados.

  1. La escuela del Pacificador

Estos primeros diez años de la carrera de Roca, de ardua y cambiante actividad en las filas del ejército, de constantes sacrificios, de continuó enfrentamiento con la destrucción y la muerte, fueron la dura escuela militar que formó al soldado de honor, enérgico y valiente.

Pero ¿dónde, cómo y cuándo este mismo recio soldado, hecho en los campamentos y en el combate, amoldó su inteligencia y su carácter para ser a un tiempo y por el resto de su vida, el conciliador democrático en momentos de discordia nacional y el inteligente apaciguador frente a pleitos internacionales?

Acaso en Cepeda y Pavón entendió Roca que era urgente terminar con las guerras fratricidas; tal vez en las luchas contra las montoneras nació su aversión por las revoluciones y el desorden; sin duda en el servicio de fronteras vio como indispensable solucionar el problema del indio para pacificar los extensos territorios argentinos sometidos al vandalismo; y, ciertamente, en la campaña del Paraguay comprendió que debía evitarse las guerras entre naciones americanas, entre países hermanos, siempre que no estuviera comprometido el honor nacional.

Esa fue la telúrica escuela donde pudo formarse el joven general pacificador del Desierto, el enérgico estadista republicano, el demócrata sincero, el político sagaz y el hábil defensor de la paz interior e internacional que asumió la presidencia de la nación en 1880 y por segunda vez en 1898; el único argentino que haya presidido la Republica durante dos completos períodos constitucionales, 12 intrépidos años.

Con bien dispuesto corazón y fina inteligencia, el joven Roca supo ver la humilde realidad de cada día en el agitado mundo que lo rodeaba, y con patriótica inspiración de soldado argentino y generoso genio de ciudadano de América, brindó su vida a la denodada defensa de nuestras incipientes instituciones republicanas.

Llegada la oportunidad, su incansable actividad pública posterior a sus 25 años, pareciera tener en cuenta el principal objetivo de defender el orden para asegurar la paz, como cartera base de fortalecimiento de la Nación. Y su espada de militar, sus decisiones como político y su acción de gobernante se complementan para lograrlo.

  1. Confusión y montoneras

A fines de 1868, Roca, ascendido a Teniente Coronel, fue nombrado jefe del Batallón 7º de Infantería de Línea. Casi inmediatamente recibió orden de marchar a la provincia de Salta para solucionar un serio conflicto producido entre el gobernador, Don Sixto Ovejero, y el jefe militar de la guarnición, Coronel Don Martín U. Cornejo.

Ocho años después, Sarmiento se refirió a este episodio en los siguientes y característicos párrafos: “No bien fui encargado de la presidencia, dos gobernadores de la provincia de Salta me escribieron, sucesivamente, que eran tales en nombre, pues un jefe militar de la Nación, teniendo el parque y la tropa a sus órdenes, era quien en realidad mandaba. El caso era grave y yo me proponía que las palabras fueran realidades. Era preciso que los gobernadores, gobernasen.- Mandose orden al jefe de trasladarse de Buenos Aires, pero como fuera temer que, por esos mismo, las palabras se quedasen en palabras, pedí un militar de confianza y de peso para darle una comisión arriesgada. Presentáronme un joven de buena apariencia; pero, por serlo, no cuadraba a mi propósito. Necesitaba un hombre de más años y si posible era, un poco más feo. Insistiéndose en recomendarlo, partió con 50 hombres de línea de Buenos Aires a Salta, llevando las instrucciones siguientes: Llegado a Salta, sabrá si el comandante tal ha cumplido una orden; si no, lo prenderá y someterá a juicio; si se resiste procederá militar y sumariamente. Era por esto que hubiera querido más años y menos elegancia en el ejecutor de semejante orden.- Esta es la primera campaña que a mis órdenes hizo el Teniente Coronel Roca, Coronel en Naembe, General en Santa Rosa”.

La situación se hacia mas delicada porque el Coronel Cornejo, salteño, tenía amplias vinculaciones en la provincia y gozaba de prestigio no solo en salta sino también en todo el Norte.

El Teniente Coronel Roca cumplió su delicada misión sin disparar un solo tiro ni disponer detenciones u ordenar juicios sumarios, autorizados por las instrucciones recibidas. Sagazmente resolvió el pleito salteño, Cornejo marchó a Buenos Aires a comparecer ante la Inspección General de Armas y quedó pacificada la provincia.

En adelante, cada vez que fue alterada la tranquilidad del país se pensó en Roca como el indicado para restablecer el orden y sostener las instituciones.

Tres años más tarde, la insurrección de López Jordán cunde en la Mesopotamia. El mismo presidente Sarmiento dispuso por telegrama concebido en los siguientes término: “Que marche inmediatamente el 7º a Corrientes; quiero ahí la presencia del Teniente Coronel Roca”.

Incorporado a las fuerzas de Corrientes, el jefe del 7º se convirtió en consejero militar del gobernador Baibiene, quien comandaba en jefe las tropas nacionales y correntinas.

El 27 de enero 1871 chocaron los adversarios en la batalla de Nambé. Roca, en momento oportuno, al frente de su batallón cargó a la bayoneta para apoyar al batallón “Goya” y entre ambas unidades arrollaron a la vanguardia enemiga, tomaron la artillería y contribuyeron a la derrota de la caballería de López Jordán.

La actuación del Teniente Coronel Roca fue decisiva para alcanzar el triunfo; el gobernador Baibiene lo proclamó coronel sobre el campo de batalla mismo, ascenso que el presidente Sarmiento confirmó de inmediato.

Nuevamente el país se conmueve al producirse la revolución de 1874 y otra vez Roca debe intervenir para defender la estabilidad de las autoridades constitucionales. Pero esta vez lo hace como comandante en jefe del Ejército del Norte que debía operar contra su antiguo jefe, el General Arredondo, quien se había sublevado en Villa Mercedes, San Luis. La revolución encabezada por el General Mitre, si bien estaba vencida en Buenos Aires, continuaba en armas en la zona de Cuyo.

Aunque el gobierno nacional lo apremiaba para que atacase a Arredondo, sólo lo hizo cuando su ejército estuvo en condiciones, iniciado la ofensiva que terminó con la victoria de Santa Rosa, el 7 de diciembre de 1874, cumpliendo en tal forma lo prometido a las autoridades constitucionales, mientras algunos, sin conocerlo, dudaban de su actitud.

Santa Rosa es una batalla de líneas clásicas, en la cual el Coronel Roca, al comandar por primera vez un ejército, revela notables condiciones de organizador militar y de estratega.

El vencedor, ascendido a general sobre al campo de batalla, tomó prisionero al derrotado General Arredondo, pero con hidalguía propia de corazones bien templados y poniéndose por encima de las pasiones que cegaban a los hombres de la época, le tendió la mano fraterna y encontró también la forma de facilitar a este noble soldado, a quien el país tanto debía, los medios para que se exilase en chile. En que Roca sabía que cualesquiera sean las ideas políticas por las que lucha un militar, siempre lo inspira el deseo de servir a su país; y que ensañarse con el compatriota vencido enardece los espíritus y, lejos de apaciguarlos, los predispone a continuar la lucha.

  1. El Desierto y la barbarie

Muerto el Doctor Adolfo Alsina, en diciembre de 1877, el joven y brillante General Roca, comandante de la Frontera Sud de Córdoba, San Luis y Mendoza, es designado sucesor de aquel en el Ministerio de Guerra y Marina. Allí traza nuevos planes para proseguir la obra de Alsina y en 1879, como comandante en jefe, lleva victoriosamente la ofensiva, en todos los frentes, hasta el Río Negro.

Este Avance y las campañas complementarias realizadas durante su primer gobierno presidencial en el Neuquén, Chacho y Formosa, pacificaron la totalidad del territorio argentino y abrieron el camino para que el bienestar y el progreso llegaran a los más alejados rincones de la Patria.

La Conquista del Desierto llevada a término por el Ejército y la Armada al mando del General Roca, es la más grande y fructífera campaña civilizadora y cultural cumplida en el país. Pero tuvo otra consecuencia muy importante; permitió definir y proteger nuestras fronteras internacionales y alejar el peligro de que intereses extranjeros intentasen hacer pié en territorios argentinos que, al estar en poder del salvaje, parecían tierra de nadie y resultaban de muy difícil o imposible defensa militar.

La expedición al Río Negro y la pacificación del Desierto consagraron a Roca como el hombre indicado para suceder a Avellaneda en la Presidencia de la República. En 1880, el General pasó de su tienda de campaña a la primera magistratura.

  1. Primera Presidencia

Al asumir la presidencia por primera vez, así como en su segundo gobierno, constituyó su ministerio con hombres de talento y experiencia, elegidos también entre sus adversarios políticos a los que supo convertir en colaboradores de su obra de gobierno. Resultaron por ello gabinetes de verdadera conciliación nacional, que inspiraban respeto y creaban un ambiente de confianza y tranquilidad en el país.

Si cómo militar puso Roca su espada al servicio de la pacificación nacional, como gobernante adoptó innumerables medidas civilizadoras para consolidarla definitivamente.

El presidente Avellaneda, con la capitalización de la ciudad de Buenos Aires había dado solución legal a un candente pleito, pero era urgente adoptar las medidas prácticas para hacer efectivo el cumplimiento de la ley, antes de que las heridas recién cerradas se reabrieran y de que la paz fuera nuevamente alteradas; medidas que el entrante mandatario adoptó sin demoras.

Los límites interprovinciales no estaban definidos; ello había originado conflictos entre los gobiernos de provincia y podías, en el futuro, ser causa de que se alterase la tranquilidad. La ley 1.168, promulgada por Roca el 30 de mayo de 1882, estableció un plazo para que las provincias solucionaran sus diferencias dentro del orden jurídico.

Claro está que para respaldar la política pacificadora del gobierno nacional era necesario contar con fuerzas armadas adecuadas; por eso el presidente buscó soluciones para los graves problemas legales y orgánicos que las afectaban e inició su modernización.

En el plano internacional, Roca estableció buses firmes para que los pleitos internacionales pendientes en todas las fronteras no alteraran la paz con los vecinos y para que su solución se encaminase por la vía del arbitraje. Firmó con Chile el convenio de límites de 1881 y con Brasil el tratado de 1885.

La tranquilidad se mantuvo durante todo su gobierno y la confianza en el país creció en el exterior; acudieron capitales y grandes masa de inmigrantes europeos.

El lema “Paz y administración”, con el que Roca inauguró su primera presidencia, fue cumpliendo cabalmente en el periodo.

  1. Paz interna

Luego de dejar la presidencia, cuando se produjo la revolución de 1890 y la estabilidad de las instituciones y la paz de la República se encontraron gravemente amenazadas, Roca era presidente provisional del Senado. Pudo haberse mantenido en una actitud expectante o procurado desempeñar el papel de mediador y de simple consejero, para luego proceder de acuerdo al curso de los acontecimientos; su posición en el senado y su actitud durante el proceso que culminó en el movimiento revolucionario le permitían adoptar cualquiera de aquellas conductas.

Dejando de lado toda especulación políticas, juega el paso de su autoridad, de su prestigio de militar y de hombre público, para defender las instituciones y restablecer el orden. Después de entrevistarse con el Vicepresidente Pellegrini y con el ministro de Guerra y Marina. General Levalle, pues el presidente titular había marchado había marchado hacia Campana, el Teniente General Roca asume la defensa de la casa de gobierno, donde se establece con sólo dos compañías de infantería. Quien ejerciera el comando en jefe de ejércitos de campaña no vacila en aceptar el comando de efectivos inferiores a un batallón cuando la paz del país lo reclame. Pellegrini y Levalle sabían que sus sola presencia era la mejor defensa que podía intentarse de la sede del gobierno constitucional; conocían sus convicciones democráticas y confiaban en su lealtad a las instituciones.

Sofocada la revolución y aceptada por el Congreso la renuncia de Juárez Célman, el Doctor Carlos Pellegrini asumió el gobierno en condiciones harta difíciles. Roca, quien con propósitos conciliadores opinara públicamente a favor del alejamiento del primer mandatario – según destaca Juan Palestra – renuncia a la presidencia provisional del Senado y por ende a la sucesión constitucional del presidente de la República en caso de acefalía y acepta el ministerio del Interior en el primer gabinete formado por Pellegrini; a los pocos meses deja el ministerio para hacerse cargo del Comando del Primer Cuerpo de Ejército.

¿Qué consideraciones pudieron haber impulsado a Roca a abandonar su influyente, segura y promisoria posición en el Congreso? Sólo la convicción patriótica de que su presencia en el ministerio del Interior, primero, y en el comando militar activo, después, contribuirían decisivamente a restablecer el orden y asegurar la paz pública; como efectivamente ocurrió.

Cuando en el año 1892 se aproximaba la terminación del período de Pellegrini, el problema de la sucesión presidencial agitó otra vez el ambiente nacional. Las pasiones se encendieron a tal punto que las controversias políticas amenazaban alterar la tranquilidad popular y con fundamento se temía que pudiera llegarse a la lucha armada entre hermanos.

Por encima de toda otra consideración, era necesario que el hombre llamado a suceder a Pellegrini constituyese a una solución nacional que desarmara a los espíritus e hiciera renacer la calma.

El General Roca inicia la llamada política del acuerdo y señalado el General Mitre, figura consular, como el indicado para aunar opiniones, el célebre abrazo entre ambos sella una definición histórica inspirada en los más elevados propósitos. La posterior renuncia de Mitre a sus candidatura, motivada por la división de la Unión Cívica que lo había proclamado, hizo surgir el nombre del Doctor Luis Saenz Peña.

Roca y Mitre apoyan esta nueva candidatura, dejando de lado justificadas aspiraciones personales e intereses de partido, para contribuir a la pacificación pública.

Se han tejido abundantes comentarios y formulado variadas suposiciones respecto a la solución políticas alcanzada, inclusive se ha buscado segundas intenciones en la proclamación de Don Luis Sáenz Peña; pero es indudable que tal como jugaban los factores de opinión en ese momento, entre las fórmulas de conciliación, el nombre proclamado era el que prometía mayores seguridades de entendimiento.

Los contemporáneos adjudicaban a Roca suma habilidad para manejar entre telones las luchas electorales e imponer candidaturas. Con su fina sensibilidad y el enfoque realista de las situaciones, lo que realmente lo destaca como conductor político es la capacidad para armonizar las pequeñas conveniencias electorales de sus adictos y sustentadores con los altos intereses del país y con el respeto por las instituciones fundamentales. Esa y no otra constituye la verdadera e inigualada habilidad de Roca.

Antes de cumplirse el primer año del gobierno de Sáenz Peña, nuevamente el país se agita. La dificultosa gestión del presidente trae la inestabilidad de sus gabinetes que encabezan como ministros del Interior, primero el Doctor Manuel Quintana, luego el Doctor Aristóbulo del Valle y después nuevamente Quintana; los esfuerzos de este último no logran conjurar el peligro revolucionario y el estallido se produce en septiembre de 1893.

Roca, quien desde mayo del ’92 era nuevamente senador nacional por Tucumán y presidente provisional del Senado, renuncia como lo hiciera en 1890, pero no para ocupar como entonces un ministerio, sino para asumir la Comandancia en Jefe de las fuerzas organizadas para sofocar la revolución, a la que se habían plegado importantes unidades del Ejército y la Armada.

La presencia del General Roca en el Comando en Jefe de la fuerzas de la ley aseguraba el pronto acatamiento de los demás comandantes de tropas que permanecían fieles a la autoridad constitucional, inclinaba a su favor a los indecisos y desmoralizaba a los que apoyaban el movimiento revolucionario. Por todo ello, no obstante discrepar con el gobierno desde tiempo atrás, Roca le brinda su colaboración y se instala en Rosario, principal centro revolucionario; en esos momentos se encontraban en juego intereses muy superiores a los distanciamientos personales y a los enfrentamientos políticos.

Sofocada la revolución y pacificado el país por el Ejército a las órdenes de Roca, éste, ante el reconocimiento manifestado por el presidente Sáenz Peña, le contesto: “Señor Presidente, yo no he hecho sino llenar mis obligaciones de soldado”. Fue la última vez que empuño las armas para defender a las instituciones y pacificar al país.

Meses más tarde, el Doctor Sáenz Peña renunciaba a la primera magistratura y asumía el cargo el vicepresidente, Doctor José Evaristo Uriburu.

  1. Segunda Presidencia

El período presidencial que finalizaba en 1898 y el que lo había precedido, fueron conmovidos por agitaciones políticas tan intensas que provocaron las renuncia de los respectivos primeros mandatarios. Esta inestabilidad de los gobiernos preocupaba a todos y la gran masa de la opinión independiente -dice Carlos Ibarguren- ansiaba que la nueva autoridad constitucional fuera acatada para que se desarrollase la vida política y económica dentro del orden y la libertad y, en caso de conflicto internacional con Chile originado por el pleito de límites pendiente de solución, ese mismo futuro gobierno tuviese la firmeza necesaria para hacer respetar los derechos de nuestro país.

Si la Conquista del Desierto consagró a Roca presidente por primera vez; su actuación durante los sucesos del 90 y del 93 convenció a muchos de sus adversarios que el pacificador, el probado defensor de las instituciones, era el indicado para conducir al país en momentos difíciles como los que parecían avecinarse y para otorgar la estabilidad que todos deseaban.

Cuando asumió Roca su segunda presidencia, el período de gran progreso argentino iniciado durante su primer mandato había engendrado nuevos problemas políticos, económicos y sociales que ese mismo progreso originara y que reclamaban soluciones.

Si el lema del primer gobierno fue “Paz y Administración”, de acuerdo a la hora, la consigna de su segundo período se tradujo en “Paz y Amistad con las Naciones Vecinas”, porque a la sazón negras nubes oscurecían alguna de nuestras fronteras internacionales. Siempre la paz y el orden fueron primordiales objetivos para el estadista de la extensa Argentina.

  1. El orden público

Con el ministro de Hacienda, Doctor José María Rosa, emprende Roca desde el gobierno la importantísima tarea de legislar una reforma monetaria de efecto tranquilizador para todos los sectores. El comercio y la industria, conmemorando la sanción de la ley de conversión, obsequiaron al presidente de la República una medalla de oro con su efigie; la medalla, acompañada de expresiva carta, fue puesta en manos de Pellegrini, el destacado colaborador del Poder Ejecutivo en el Senado.

Así como Roca sabía impulsar sus proyectos hasta convertirlos en leyes, también sabía renunciar a ellos y sacrificar afectos y hasta su prestigio personal cuando se convencía de que una medida de gobierno, no obstante parecer necesaria, era circunstancialmente inconveniente.

Tal ocurrió con el proyecto de unificación de la deuda pública, anunciado en los mensajes presidenciales pero que al ser tratado por el Congreso provocó vivas controversias y gran agitación popular que, avivada por los comentarios periodísticos, llegó a la Universidad y hasta originó tumultos callejeros.

Roca asumió personalmente la responsabilidad de retirar del Congreso el proyecto, pues el sancionarlo en tales condiciones hubiera exigido adoptar medidas de fuerza que, en el caso, no creyó justificadas. El retiro del proyecto dio lugar a serias críticas; Pellegrini censuró el desistimiento con duras palabras, pero el presidente decidió el punto inspirado por un evidente espíritu conciliador. “Cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón”, había aconsejado a Mitre, consultado por Roca días antes, refiriéndose al proyecto.

Como consecuencia de la decisión presidencial dos ministros renunciaron, Enrique Berduo, de Hacienda, y Ezequiel Ramos Mejía, de Agricultura, y se dividió el Partido Autonomista Nacional del cual el presidente era considerado jefe, perdiendo así apoyo político. Pero, pensaba el pacificador, puestos en el platillo de una balanza poco importaban estos sacrificios, bien grandes por cierto, frente al restablecimiento de la tranquilidad y a la demostración presidencial de democrático respeto por la opinión pública.

  1. Problemas obreristas

Al iniciarse el presente siglo [XX], los problemas sociales y laborales son planteados en el mundo entero. En nuestro país, los obreros agrupados en pequeñas uniones y sindicatos reclamaban mejoras en las condiciones y en la retribución del trabajo y soluciones para el problema de la desocupación obrera en aumento.

El día 12 de agosto de 1901 una nutrida columna de trabajadores y desocupados, organizada por los socialistas y encabezada por los Doctores Julio Arraga, Juan B. Justo, Alfredo Palacios, Nicolás Repetto y otros, desfiló en son de protesta por las calles centrales de la Capital y llego hasta los balcones de la casa de gobierno. El presidente de la República recibió a una delegación, escuchó atenta y cortésmente y prometió que sería satisfecho en todo lo posible el petitorio presentado, palabras que reiteró al despedir a los manifestantes desde el balcón de su despacho. “Id tranquilos – les dijo – que el gobierno, dentro de sus atribuciones, hará todo lo que pueda en el sentido de vuestro, pedido, que cree justo y necesario”.

El espíritu imparcial del veterano soldado advertía la magnitud que podían alcanzar estos problemas en un próximo futuro, si no es adoptaban previsoras medidas para solucionarlos dentro del orden y la ley, sin esperar reclamaciones airadas. Entretanto, cumple con sus promesas y promueve una serie de disposiciones, entre las cuales la que luego dio origen a la organización del Departamento Nacional del Trabajo, hoy Ministerio.

Con el Doctor Joaquín V. González, su ministro del interior e infatigable colaborador, proyecta el Código del Trabajo, por el que se reglamentaban en forma integral y con criterio moderno, las relaciones entre patrones y obreros. El proyecto fue al Congreso y de haberse convertido en Ley, quizás no hubiéramos vivido tristes experiencias y los demagogos no contarían a favor de sus ambiciones con el amplio cambo de maniobras que brindan los problemas laborales no resueltos.

Roca, el conciliador, es un precursor de la legislación obrera Argentina.

  1. Los derechos de las minorías

También parecía imperioso modificar la vieja ley electoral, base para el funcionamiento de todo gobierno representativo. La reforma fuñe anunciada en el primer mensaje presidencial; pero Roca, enemigo de las improvisaciones, la estudió cuidadosamente.

Gran conocedor de las posibilidades y limitaciones del electorado de la época, elaboró con la colaboración del Doctor González la que luego fue la ley 4.161. Esta introducía cambios fundamentales en el régimen de elecciones, al crear la libreta cívica, descentralizar los comicios y permitir el acceso de las minorías a las funciones de gobierno mediante el sistema de voto uninominal.

Aplicada por única vez en el año 1904, tuvo saludables efectos y acordó renovado entusiasmo cívico a la contienda electoral que viose reflejado en la composición de la Cámara de Diputados, a la que se incorporaron el primer representante socialista, Doctor Alfredo L. Palacios, junto con Juan Belestra, Eliseo Cantón, Aniceto Latorre, Manuel Iriondo, Carlos Delcasse y otros diputados que, como dice el Doctor Arce en uno de sus trabajos, no eran “precisamente roquistas”.

Alejado el General de la presidencia en 1904, el ensayo fue abandonado prontamente; pero la representación de las minorías satisfacía exigencias político-institucionales tan reales y perentorias que, en 1911, la ley electoral de Sáenz Peña buscó análogas soluciones democráticas con la lista incompleta.

Roca en busca de mayor concordia cívica, fue el iniciador, injustamente olvidado, de la reforma progresista de nuestro régimen electoral.

  1. El gran estadista

Mediante estas medidas de orden político y otras muchas de orden económico, financiero, social, cultural, laboral y militar adoptadas durante su segundo gobierno, – entre las cuales deben recordarse las de modernización del Ejército y la Armada merced a una nueva ley de conscripción obligatoria para todos los ciudadanos, la adquisición de armamentos, las construcciones militares y navales, los ferrocarriles estratégicos y la creación de institutos como la Escuela Superior de Guerra propuesta por su antiguo jefe y ahora Ministro de Guerra, el Teniente General Campos, el presidente procuró dar solución a graves problemas con criterio progresista, y espíritu liberal.

Se revela, como en ningún otro período de su vida, el gran estadista de las soluciones prácticas, ajustadas al momento, sin dejar de considerar el futuro en la medida necesaria, pues, como dice Octavio Amadeo refiriéndose al mismo Roca: “Lo difícil de un jefe es contener sus ímpetus para ponerse al peso lento de su grey y dirigirla. Es mal elogio decir que un gobernante se adelantó a su época. El hombre de gobierno debe llevar la hora exacta”. Tal como Roca lo hizo.

  1. Paz internacional

Ha quedado para el final referir la conciliadora actitud argentina ante el problema de los límites internacionales con Chile, cuya solución constituía la más grande preocupación de chilenos y argentinos a fines del siglo pasado. Del tino, comprensión y serenidad de las autoridades de ambos países dependía que se llegase o no a la guerra.

El General Roca cumplió un plan de política internacional hábilmente concebido para estrechar los vínculos con Perú, Bolivia, Brasil, Uruguay y Paraguay. De esta manera procuraba fortalecer la posición argentina frente al país trasandino, pero no lo hacía con finalidades ofensivas sino con el propósito de inclinar al gobierno chileno a buscar soluciones transaccionales.

Las visitas de Roca a Río de Janeiro y a Montevideo, con calificadas comitivas, y la realizada luego a nuestro país por el presidente del Brasil, Campos Salles, todas de gran repercusión internacional, sirvieron para robustecer la actitud pacifista adoptada por el presidente argentino.

Nada más se dirá hoy respecto a la política general seguida por Roca y sus ministros Amancio Alcorta y Joaquín V. González, para llevar a feliz término las negociaciones. El histórico encuentro del estrecho de Magallanes y los Pactos de Mayo que dieron solución al diferendo, serán temas de una disertación posterior a cargo de quien conoce muy bien aquellos episodios.

Cabe, sí, referirse a la conferencia secreta mantenida entre el presidente de la Nación y su ministro de Guerra durante la Nochebuena de 1901.

Catorce años después, cuando el primer aniversario de la muerte del prócer, aquel su Ministro de Guerra del año 1901, el ilustre Teniente General Don Pablo Riccheri, pronunció ante la tumba un emocionado discurso. Era el día en que las ocho asociaciones militares entonces existentes, descubrieron la magnífica placa de bronce que hoy se aprecia sobre el lado Norte del panteón. Al hablar en nombre de todas ellas, en presencia del Presidente de la República, Doctor Victorino de la Plaza, y de altas autoridades civiles y militares, el General Riccheri dio estado público a lo ocurrido en la hasta entonces secreta conferencia: “El momento tal vez más grande en la vida del General Roca”, afirmó el orador.

El 24 de diciembre de 1901, frente a un inesperado desaire del gobierno chileno, el argentino había transmitido a nuestro representante ante “La Moneda”, Doctor Epifanio Portela, instrucciones para romper relaciones y pedir sus pasaportes. A última hora, el ministro de Guerra entrevistó al presidente para recabar autorización a fin de adoptar medidas que permitirían iniciar las operaciones militares en cuanto la guerra fuese declarada, evitando, en lo posible, la sorpresa inicial a favor del adversario.

“Eran casi las 12 de la noche -refiere textualmente Riccheri- y el ministro apuraba sus argumentos de orden militar para recibir el consentimiento e iniciar los preparativos de las operaciones. Esos argumentos, que eran irrefutables considerados del punto de vista militar, por instantes parecía que hacían vacilar al presidente, pero luego no más se sobreponía el firme propósito de conservar la paz mientras estuviera en sus manos conseguirlo, sin comprometer la integridad de la Patria o el honor nacional. Podía verse que esto constituía el fondo de una resolución inquebrantable; y en un momento, después de haber quedado breve tiempo en estado de meditación – ; después de 14 años, lo estoy viendo!” – exclama Riccheri, pronunció Roca estas palabras históricas:

“Sí, Vd. tiene razón; si pensara que no hubiera ya ninguna esperanza de conservar la paz, daría el consentimiento; pero después de la viva escena que he tenido esta noche con el ministro de Chile, y que lo ha dejado convencido de que habiendo agotado todos los recursos pacifistas compatibles con la dignidad de la Nación, estamos resueltos a ir a la guerra, que el país no teme porque tiene la seguridad de alcanzar la victoria en ella, tengo el presentimiento de que su gobierno solicitará la reanudación de las negociaciones. Esperamos entonces hasta mañana, antes de disponer los preparativos para la iniciación de las operaciones. Agotemos todo cuanto sea posible para conservar la paz, porque aun cuando tengamos el convencimiento de que yendo a la guerra iríamos también a la victoria… Y como iluminado, agregó – cuenta Riccheri – Pero la guerra… con todos sus horrores, sus hecatombes de hombres llenos de vida y de porvenir, de hogares deshechos por la muerte, por el incendio y la violencia, de sedimentos de odios inextinguibles entre estas naciones nuevas que necesitan de todo su poder afectivo y de mutua confianza para vincularse un día indisolublemente ante peligros mayores, que viniendo de afuera puedan amenazar su integridad y su soberanía…“

“El General Roca había conseguido sobre sí mismo la victoria mas excelsa que pueda imponerse un hombre” – concluye Riccheri y lo proclama: “Roca, el pacificador”.

La firme determinación del presidente de no autorizar preparativos de operaciones militares, fue una resolución político-estratégica de extraordinaria trascendencia.

La insistencia del ministro de Guerra se apoyaba, indudablemente, en estudios realizados por los organismos militares. Pero el presidente aprecia con acierto la probable evolución de las negociaciones, asume la responsabilidad en el momento culminante y con su decisión impide una guerra que se creía inevitable.

Además, las palabras de Roca pronunciadas hace más de 60 años, constituyen un verdadero mensaje de paz para las generaciones que le han sucedido y para las que vendrán; y en su última parte, enuncian una solemne profecía que lo muestra previendo con visión de estadista americano, los días actuales en que las democracias del continente se ven amenazadas por la penetración comunista y totalitaria; pareciera adivinarla cuando recomienda la unión indisoluble entre las naciones americanas para enfrentar, como el dice, “peligros mayores que viniendo de afuera pueden amenazar su integridad y su soberanía”.

  1. Ultimo tributo a la Patria

Uno de aquellos recordados manifestantes obreristas de principios de siglo, el Doctor Nicolás Repetto, en carta hecha pública que dirigiera a Mariano de Vedia en 1940, escribió refiriéndose al Teniente General Roca: “Si nos inspiráramos hoy en la sabiduría experimentada y prudente de este gobernante excepcional, encontraríamos solución a más de un problema y disiparíamos la inquietud que mantiene en los espíritus nuestra indecisión para retomar el camino de la verdad”. Agregando: “He sentido necesidad de tributarle una vez más el homenaje a que se ha hecho acreedor por su obra principalmente civil y eminentemente civilizadora”.

Hace 52 años, en junio de 1912, el gobierno argentino obtuvo de Roca algo que dos años más tarde, al ocurrir su muerte, quedaría consagrado como postrer ofrenda a la Patria de quien la había amado entrañablemente y servido con fervor en todas las circunstancias de una entera y laboriosa vida.

Roca, a los 70 de edad, retirado del Ejército en 1908 y alejado ya de toda actividad publica, acepta representar a la Argentina en delicada misión especial ante el gobierno del Brasil. Suspende su merecido y necesario descanso, olvida su amado retiro de “La Paz”, en Córdoba, desatiende opiniones de allegados y amigos y retorna a la actividad pública, a la tensa labor y a los desvelos. Su país lo requería nuevamente para una campaña pacificadora y Roca, como un predestinado, no puede regirla. Se traslada a Río de Janeiro y cumple su difícil misión con el mejor de los éxitos para el restablecimiento de nuestras buenas relaciones internacionales.

Fue ésta la última actuación a favor de la paz y la última actividad pública, civil y civilizadora, del veterano soldado.

  1. Conclusión

En distintos días y en otras tribunas cedidas a la Comisión de Homenaje, distinguidos conferenciantes han disertado o disertarán con erudición y elocuencia, sobre diversos aspectos de la ilustre personalidad y de la extraordinaria obra de progreso realizada por el prócer.

Esta tarde, las palabras aquí pronunciadas han querido evocar a “Roca, soldado y pacificador”.

Nacido para ser un diligente servidor de la Patria, cumplió su destino. Vivió intensamente sus difíciles días y vivió también los nuestros, estos presentes años que él deseaba venturosos para todos los argentinos.

Constituido en brazo armado de la ley, sostuvo el principio de autoridad e impuso el orden para afianzar la justicia y consolidar la paz; y utilizó ese orden para proveer a la defensa común y promover el bienestar general. Interpretó su consigna ante la historia con sabia apreciación de las situaciones y esforzada decisión, sustentado por firmes convicciones democráticas y guiado por cabal sentido de estadista republicano. Fue “El soldado de la Constitución de 1853”.

A un tiempo mismo, llegada la hora y en todas las circunstancias de su vida, sea en carácter de militar, de gobernante o de simple ciudadano, el Conquistador del Desierto, por la dignidad y modestia de su espíritu, por la excelencia trascendente de su obra y por la limpia ovación conciliadora de su noble corazón, fue “El pacificador”, el eminente adalid de la paz interna e internacional que la naciente República requería para que subsistieran las libres instituciones argentinas a través de aquellos sus primeros y vacilantes años.

Señoras, Señores:

En la corta vida independiente de nuestro país brillan, entre muchos, cuatro nombres de soldados que aparecen unidos por la comunidad de ideales, vinculados en la continuidad de un mismo empeño humano y enaltecidos ante los frutos de sus afanes y sus desvelos. Esos cuatro soldados que se identifican con otros tantos períodos de nuestra historia patria, fueron: San Martín, el Libertador Argentino y Americano; Urquiza, el Organizador Político; Mitre, el Unificador Democrático; y Roca, el Pacificador de la República.

  1. Bibliografía
  1. Ante la Posteridad – Personalidad marcial del Teniente General Julio A. Roca, por el General de División Francisco M. Vélez, 2 tomos, Buenos Aires, 1938.
  2. Mensajes del Presidente Roca, publicación de la Comisión Nacional del Monumento al Teniente General Roca, Buenos Aires, 1941.
  3. Roca, 1843-1914. Su vida, su obra, por José Arce, 2 tomos, Buenos Aires, 1960.
  4. Historia Argentina Contemporánea, 1862-1930, publicación de la Academia Nacional de la Historia, 2 tomos, Buenos Aires, 1964 (Capítulo V, “La primera presidencia de Roca” y capítulo X, “La segunda presidencia de Roca”, por Armando Braun Menéndez.
  5. Roca, por Leopoldo Lugones, Buenos Aires, 1938.
  6. Roca en el escenario político, por Mariano de Vedia, Buenos Aires, 1939.
  7. Roca y su tiempo, por Augusto Marcó del Pont, Buenos Aires, 1921.
  8. Roca, por Mariano de Vedia, París, 1928.
  9. El Noventa, por Juan Palestra, Buenos Aires, 1934.
  10. Vidas Argentinas, por Octavio R. Amadeo, Buenos Aires, 1934.
  11. Mi paso por la Política, por Nicolás Repetto, Buenos Aires, 1956.
  12. La historia que he vivido, por Carlos Ibarguren, Buenos Aires, 1956.
  13. El colegio del Uruguay, por Antonio Sagarna, Buenos Aires, 1943.
  14. Vida y acción del Círculo Militar, por los capitanes José V. Fernández y Virgilio A. Hernández, Biblioteca del Oficial, Buenos Aires, 1932.
  15. El Teniente General Dr. Julio A. Roca, por el General de División José E. Rodríguez, en Revista del Círculo Militar, octubre de 1914.
  16. Discurso en la inauguración del ferrocarril a Tucumán, el 2.10.1876, por Domingo Faustino Sarmiento, en “Obras”, tomo 22, Buenos Aires, 1899.
  17. Discurso ante el panteón del General Roca, por el teniente General Pablo Riccheri, en Revista del Círculo Militar, octubre de 1915.
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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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