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OPINIÓN, ROCA MILITAR

OPINIÓN: Las Conquistas del Desierto y del Impenetrable, por Roberto E. Porcel

Conferencia pronunciada el 23 de septiembre de 2014 por el Dr. Roberto Edelmiro Porcel* en el aula magna de la Facultad de Derecho de la Universidad  Nacional del Noreste (Corrientes), bajo el tema “La Campaña del Desierto y la del Chaco”.

Corría el mes de diciembre del año 1877. Nicolás Avellaneda ejercía la Presidencia de la Nación. Su ministro de guerra, el Dr. Alfonso Alsina, agonizaba en la Ciudad de Buenos Aires.

La frontera con el indio se extendía desde el Fortín Cuatreros en Bahía Blanca, hasta la Laguna “La Amarga”, en el sur de Córdoba, a lo largo de una zanja llamada peyorativamente por quienes estaban en contra de su construcción “muralla china al revés”, que se cavaba bajo la dirección del ingeniero don Alfredo Ebelot.

Tenía tres metros de ancho por dos de profundidad y solo se había construido algo más de la mitad del recorrido programado originalmente, pero solo a lo largo del territorio de la provincia de Buenos Aires.

Desde allí, la frontera continuaba por el Río Quinto en su recorrido a través de Córdoba y San Luis, y del Río Diamante en su trayecto Mendocino.

En nuestro norte chaqueño, el coronel Manuel Obligado se había hecho fuerte en Reconquista, pero más al Norte, en el Chaco, en Formosa, en Santiago del Estero al norte del Salado y en la frontera este de Salta, se extendía el impenetrable.- Y en ese Chaco Gualamba, mandaba también el aborigen.

En otras palabras, nuestro dominio del territorio Argentino, no se podía ejercer fuera de los limites demarcados anteriormente, ni en el sur, ni en el Chaco Austral y en el Chaco Central.

Ya Francisco de Viedma, fundador durante el virreinato de Carmen de Patagones en 1779, después que su piloto Basilio Villarino remontó el Río Negro, el Limay y el Collón Cura reconociendo esas zonas aun habitadas todavía por los Tehuelches y posteriormente después del 25 de mayo de 1810, el coronel Pedro Andrés García cuando dirigía las expediciones a las Salinas Grandes para proveer a Buenos Aires de ese vital elemento, habían sentenciado que para frenar los ataques del indio y aprovechar nuestro territorio, era imprescindible, avanzar hasta el Río Negro.

Julio Argentino Roca, que había conocido al aborigen chaqueño en 1869 y 1870, cuando estuvo al frente en Salta de la frontera de Oran y a los indígenas sureños entre 1872 y 1877, cuando en su asiento en Río IV, primero estuvo a cargo de la línea sur de la frontera de Córdoba y posteriormente de la jefatura de la frontera de Córdoba, San Luis y Mendoza, se había hecho eco de esas acertadas opiniones.

Por eso se manifestó contra el plan defensivo de Alsina, que quería avanzar lentamente sobre el desierto, estableciendo fuertes líneas defensivas.

Para frenar las malocas que tanto daño material y físico causaban, sostenía Roca que no servían las zanjas ni los fortines. Había que atacar al indio en sus propios toldos, como ellos atacaban nuestros pueblos de frontera y arrasaban nuestros campos, para llevarse año tras años los arreos de miles de cabezas de ganado con destino a Chile, para negociarlas allí, muchas veces en las estancias de las autoridades militares que debían controlarlos.

Y durante sus malones, mataban a nuestros pobladores y raptaban sus mujeres y sus niños.- Teníamos así una frontera, donde sus pobladores vivían en una diaria incertidumbre y soportaban la tremenda crueldad de cada maloca.

Adolfo Alsina falleció el 29 de diciembre de 1877. Roca, que había ganado gran fama y sus jinetas de general en Santa Rosa, en el campo de batalla, al vencer el 6 de diciembre de 1874 nada menos que al general José Miguel Arredondo, -su ex jefe en San Ignacio en el año 1867-, fue convocado por Avellaneda para remplazarlo como ministro de guerra y marina.

Desde ese momento nuestra historia comenzó a cambiar en las llamadas fronteras.

Roca asumió su ministerio en marzo de 1878.

Reitero, en aquella época solo la provincia de Buenos Aires en la mayor parte de su territorio, nuestra Mesopotamia, Santa Fe desde Rosario a Reconquista, Santiago del Estero al sur del Salado, Córdoba, San Luis, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza al norte del Diamante, integraban el territorio en que se ejercía con plenitud nuestro dominio. Solo menos de medio país.- La otra mitad la dominaba el indígena.

Había llegado el momento para Roca de desarrollar su plan de ocupación. Su objeto no era solo recuperar esas tierras para poder trabajarlas y terminar con los malones. Tenía que eliminar otro peligro, Chile, que disputaba su soberanía. Para ello era necesario entrar primero y clavar nuestra bandera.

Ordenó por eso a los jefes militares de frontera, realizar operaciones que llegaran a los mismos toldos de los indígenas con columnas ligeras.

Estas tuvieron éxito y se entregaron o aprisionaron en sus entradas a Juan José Catriel, cacique de nuestros pampas serranos, que se había sublevado después de lancear a su hermano Cipriano, que se había plegado a la revolución de Mitre de 1874; a Epumer, cacique Ranquel hermano y sucesor de Mariano Rosas; a Pincen, cacique argentino de origen voroga, nacido en Guamini, hijo de Vuta Pincen y a 43 capitanejos.

Cuatrocientos indios de lanza cayeron en combates. Pero el más importante de los caciques, Namuncura, huilliche chileno hijo de Calfulcura, huyó sin dar batalla rumbo al oeste.

Fue grande la liberación de cautivos.

Así veintiséis (26) ataques sorpresivos a toldos de indios, prepararon la entrada para la ocupación del desierto. Roca contaba para ello con menos de 5.000 hombres, pero una vez más demostró sus cualidades como militar para organizarlos y sincronizar la marcha de las diferentes columnas.

Dividió sus hombres en cinco divisiones al mando de jefes experimentados y en cada una de ellas marchó uno o más escuadrones de indios amigos, conocedores del desierto.

Él fue al frente de la primera columna, con la que llegó al Río Negro, en Chole Choel, el 25 de mayo de 1879, sin tener ningún enfrentamiento importante, pues los indios rehuían el combate y huían hacia la cordillera.

Desde allí, le bastaron solo 100 hombres para seguir hasta la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, que en su encuentro dan nacimiento al Negro, donde llegó el 11 de junio. Finalmente, cumplida su misión, regresó a Buenos Aires delegando el mando en el Coronel Conrado Villegas, jefe de su Estado Mayor.

El Coronel Nicolás Levalle, otro experimentado jefe en la lucha de frontera, marcho al frente de la 2° división.

La tercera estuvo bajo el comando del coronel Eduardo Racedo, y se dirigió al llamado país de los Ranqueles.

Al Tte. Coronel Napoleón Uriburu le tocó la parte más dura. Comandante de la 4º división, ocupó las tierras de Mendoza y Neuquén hasta la costa Norte del río Neuquén, que cruzó sin autorización, por considerarlo necesario.

Por último el Coronel Hilario Lagos comandó la quinta y última columna. Todas las divisiones cumplieron ampliamente su misión.

La mayor parte de indígenas de origen chileno que trataba de escapar de nuestras tropas, cruzaron nuevamente la cordillera pero esta vez en dirección a sus tierras originales.

Solamente murieron en combate 1313 indios de lanza y 1271 fueron tomados prisioneros, conjuntamente con 10513 indígenas no combatientes que integraban la denominada chusma (ancianos, mujeres y niños).

Se rescataron más de 300 cautivos y se incorporaron a nuestro territorio 15.000 leguas cuadradas.

Uno se pregunta ¿de qué genocidio se pretende acusar a Roca, cuando estaba asegurando nuestro dominio y soberanía en el sur del país?

En la campaña de Juan Manuel de Rosas del año 1833, que lamentablemente fue solo de defensa y castigo y no de ocupación, ya que también llegó al Río Negro y al encuentro, para después retirarse a pesar de haber vencido, los indígenas combatientes que murieron al enfrentar a los jefes de sus columnas (él se quedó en Médano Redondo), el general Pacheco, el coronel Pedro Ramos y el Tte. Coronel Delgado, superaron el número de 3.200 lanzas. Y nadie menciona la palabra genocidio, que además por supuesto no lo fue.

Cuando Roca asumió la presidencia, en 1880, encargó al ya general Conrado Villegas, en quien había delegado el mando el 1878, una expedición al Nahuel Huapí en 1881, para terminar con el hostigamiento indígena, pero como nuevamente a su término los araucanos, con apoyo de sus hermanos de Chile, cruzaron nuevamente la cordillera, Villegas organizó una segunda campaña en 1883, llamada de los Andes, que no solo corrió a todos los indígenas trasandinos a su país, sino que controlo militarmente los pasos cordilleranos, terminando con el peligro de sus malocas.

Manuel Namuncura, que también había huido a Chile, donde había nacido, regresó ya que no había podido llevarse a su familia y se entregó al ejército el 24 de marzo de 1884.

Se le dio un excelente trato y el grado y sueldo de coronel. En todas sus fotos y visitas a Buenos Aires, le gustaba lucir su uniforme de militar argentino.

En cuanto a la Patagonia, en enero de 1885 se entregó con su gente el gran cacique Sayhueque, gobernador del país de la Manzanas, acompañado por los aborígenes que se le habían unido de los caciques Inakayal y Foguel.

Esto implicó el final de la lucha en nuestro Sur.

Veamos ahora nuestro problema chaqueño.

Las tribus aborígenes de entonces, que a diferencia de los sureños eran verdaderos “Pueblos Originarios”, ocupaban alrededor de 230.000 Km.2. Gran parte de esa superficie era perfectamente aprovechable.

Nuestra frontera con Paraguay corre por el río Pilcomayo, que nace en Bolivia y llega a nuestra tierra a la altura del paralelo 22°, en Salta, para desembocar en el río Paraguay.

A su vez el Bermejo que nos separa de Bolivia desde las sierras de Santa Victoria hasta las Juntas del San Antonio, sirve de límite entre Formosa y el Chaco. Un brazo del mismo se llama Río Teuco, se une al cauce viejo del Bermejo a la altura de La Cangayé. El Bermejo desemboca también en el río Paraguay.

El territorio entre estos ríos se denomina Chaco Central. Al Sur del Bermejo tenemos el Chaco Austral y al Norte del Río Pilcomayo, en Bolivia y Paraguay, el Chaco Boreal.

Durante la presidencia de Roca, en el año 1884, su ministro de guerra y ex profesor, el general doctor Benjamín Victorica, tuvo a su cargo por un decreto del día 13 de septiembre, abrir caminos y ocupar militarmente en forma definitiva, ese territorio llamado Impenetrable, como ya se había hecho con el llamado desierto en 1779, comunicando Rivadavia en Salta, con Formosa sobre el río Paraguay y Resistencia sobre el Paraná. Tenía además que estudiar su suelo, sus ríos, arroyos y esteros, sus crecientes y sus posibilidades económicas.

Victorica dirigió y organizó personalmente la campaña, que consintió en la marcha simultánea de cinco divisiones, a cargo también de veteranos militares, con un único destino: Cangayé, en las Juntas del Bermejo con el Teuco.

Allí debía culminar la marcha con el encuentro de las tropas nacionales, que debían llegar desde sus diferentes asientos, dejando a su paso abierto los caminos y senderos, desde la frontera este de Salta hasta los ríos Paraguay y Paraná.

Pero para eso era necesario vencer las dificultades del terreno y afrontar la agresividad o lograr el acompañamiento de las diversas etnias y subgrupos de las mismas, que habían llegado y ocupado esas tierras desde antes de la conquista española.

Eran de origen Andidos; Brasílicos, Arawat y Pampidos, o sea Ocloyas, Churumatas, Chulupies, Chorotes, Matacos, Chiriguanos, Tonocotes, Tobas, Mocovíes, Pilagás, Vilelas, Mataraes.- Ya habian desaparecido los abipones, mbayaes y agaces. He mencionado los grupos más importantes.

Pero las parcialidades mayoritarias eran tres. Los CHIRIGUANOS, Guaraníes que su número era reducido en nuestro territorio en comparación con las otros dos. Eran además de excelentes guerreros, habilísimos flecheros, cazadores y los únicos agricultores. Su principal cultivo era el maíz. Su cacicazgo era hereditario y los otros indígenas les temían.- Incluso los TOBAS los respetaban.

Estos con los otros pueblos Guaycurúes, ocupaban la parte oriental del Chaco, desde el Pilcomayo al sur, internándose además en los montes meridionales. Altos y de muy buena contextura, eran guerreros compulsivos incluso entre peleaban entre ellos mismos. Sus enfrentamientos eran permanentes.

Los hombres en los periodos de paz, solo se dedicaban a la pesca en forma individual, flechando peces, o reunidos en grandes grupos, utilizando redes. Si escaseaban los peces, realizaban cacerías colectivas, en la cual se ayudaban con numerosos perros.

Los MATACOS, mataguayos que estaban al sur del Bermejo, estaban dotados de un físico fornido. Habían sido sin embargo los más mansos durante la conquista española, por lo que sus pueblos habían sufrido una explotación tan abusiva, que ello ocasionó una reacción posterior que perduraba en 1884.

Podemos decir que durante el dominio español fue un gobernador de Tucumán, Gerónimo Matorras, quien más éxito tuvo en ese Chaco, cuando en 1774 no solo llegó a La Cangayé, sino que allí celebró un pacto con el cacique mayor de los Mocovies, que importó una paz en la región que solo se quebró al morir los protagonistas.

Cabe mencionar como el primer hombre blanco que en una simple canoa navegó desde Salta hasta el río Paraguay, el río Bermejo, al padre Morillo. Diez años después, en 1790, lo hizo con su flotilla superando graves problemas, Juan Fernández Cornejo, que había fracasado en su primer intento.

Pero a raíz de la revolución de 1810, por necesidad de tropas, se abandonaron los fuertes de la frontera norte y se retiraron los curas de los pueblos de indios.

Volvieron las invasiones y se sufrieron nuevamente sus consecuencias.

En 1870 se encargó a Napoleón Uriburu, jefe del Regimiento de Caballería Nueva Creación, la misión de encontrar una ruta que condujera desde Jujuy hasta la ciudad de Corrientes. Uriburu estimo en 20.000 el número de Tobas en su trayecto y buscó su amistad para avanzar entre ellos.- Gracias a eso pudo llegar a Resistencia.

Roca, ya Presidente, comprendió que había que terminar con el problema indígena del Chaco.

Victorica, como había hecho Roca en el Sur, antes de iniciar su campaña, ordenó para asegurar el éxito de la misma, varios reconocimientos del Gran Chaco.

El Coronel Manuel Obligado, que tenía su asiento en Reconquista, ya en dos oportunidades había incursionado en el Impenetrable santafecino en los años 1879 y 1883. Lo hizo nuevamente por orden de Victorica, partiendo de Reconquista, recorriendo una vez más todo el territorio santafecino lindante con el Chaco, al norte de su asiento.

Por su parte, el Coronel Bosch, gobernador del Chaco tuvo que realizar un profundo reconocimiento de esa provincia. En 1880, cuando se lo nombró gobernador, mantuvo con los indígenas también relaciones cordiales, pero por el maltrato que estos recibieron de los patrones blancos, se levantaron y su alzamiento terminó en masacre de nuevos colonos, que eran completamente ajenos al problema.

Fue necesario que el Tte. Coronel Juan Sola los desbandará, para pacificar la región.

Bosch, partiendo de Resistencia, avanzó hasta Napalpi, Guayahibí y Pinalta, para culminar una segunda gran entrada que llegó hasta cerca de la laguna “Las Tunas”, desde donde siguió al sur, emprendiendo el regreso a su base antes de llegar a la laguna del Algarrobal.

Una mención muy especial merece en esta conquista el Teniente Coronel Rudecindo Ibazeta. Su primera acción se desarrolló en 1883, partiendo desde Fortín Dragones, en Salta, en dirección al Fortín Victorica. Desde allí cambió su rumbo y marchó al norte, en busca del Pilcomayo, que encontró y bordeo por territorio Boliviano hasta llegar en ese país al fortín de Caiza, donde fue muy bien recibido por las tropas de Bolivia, asentadas en el lugar, maravilladas por su hazaña al haber marchado por esas peligrosas tierras con tan poca gente.

Ya de regreso en su asiento, participó de la campaña del General Victorica.

Nuevamente partió desde la frontera salteña, emprendiendo su largo camino al este.

Debió abrirse paso a través de una cerrada selva a hacha y machete, por sendas que ni se notaban por falta de uso. Improvisó balsas para cruzar el Teuco y siguió no solo el cauce de este río, sino también el viejo del Bermejo, buscando su destino en Cangayé, al que llegó finalmente culminando con éxito su muy difícil misión.

Tuvo excelente trato en su marcha con los aborígenes que se le sometieron, entre ellos el célebre cacique Petiso.

Pero volvamos a Victorica. Con los antecedentes de las expediciones previas, el 17 de diciembre de 1884, llevando como jefe de su estado mayor a un veterano del Chaco, como era el Coronel Manuel Obligado, marchó desde Timbó por las márgenes del río Bermejo, rumbo al lugar de encuentro en Cangayé, en las Juntas del Bermejo.

A su vez, desde Cocherek, ligeramente al norte del paralelo 28, pero aun territorio santafecino, partió con el mismo destino, el teniente coronel José María Uriburu, que enfrentó y dio muerte al sanguinario cacique Ingles.

Finalmente, el teniente coronel Fotherigham transitó desde Formosa, sobre el Río Paraguay, también hasta Cangayé, mientras quedo en manos del coronel Blanco cubrir la retaguardia, ocupando la línea que corre entre Monigotes y Chilca.

Fotherigham encomendó las tareas de estudio al coronel Fontana, que ya había atravesado el Chaco con anterioridad, mientras él con su segundo, Rosendo Fraga, combatió bravamente contra los aborígenes de su zona, dando muerte al terrible cacique Cambá, quizá el más guerrero y peligroso de todos.

Además el coronel de marina Ceferino Ramírez llegó hasta Presidente Roca remontando el Bermejo en dirección a Cangallé y el mayor de marina Valentín Feilberg, el descubridor en el sur del lago Argentino, que confundió con el Viedma, algo que pocos argentinos saben, en Formosa, remontó a bordo de la cañonera Pilcomayo el río de este nombre, con el apoyo terrestre de 40 soldados de Fotheringham, y cuando llegó la época de las lluvias lo navegó hasta las Juntas de Fontana.

También esta campaña se hizo como la del desierto, con el apoyo de indios auxiliares.

Independientemente de se logró nuestra total integración territorial, los Guaicurúes, indios bravos, siguieron maloqueando. Recién en 1918 el ejército pudo dar por terminada la campaña al Impenetrable.

El Chaco no era como el llamado desierto en nuestro sur. Sus selvas, sus montes y sus esteros siguieron dando refugio y protección al indio alzado.

Roca quería terminar con el problema. Durante su segunda presidencia, en 1899, envió al veterano general Lorenzo Wintter, al frente de una división denominada de Operaciones del Chaco, con órdenes de asegurar definitivamente todo el Impenetrable. Wintter sometió a cerca de 5.000 aborígenes.

Pero el problema subsistió al norte del Bermejo, aunque en escala menor.

Siendo presidente Figueroa Alcorta, se creó la División de Caballería del Chaco, comandada por el coronel Teófilo O´Donell, que se dedicó a pacificar aborígenes formoseños.

Finalmente el coronel Enrique Rostagno, en 1911, se dedicó a recorrer y fundar fortines sobre la frontera del Pilcomayo, para evitar el ingreso de los indios del Chaco Boreal, sometiendo pacíficamente a los mocovíes de la región.

El Chaco central quedo finalmente ocupado y pacificado.

Pero no puedo dejar de mencionar que en 1919 se produjo un último malón, cuando los Pilagás asaltaron y mataron al sargento Leyes, su mujer e hijos y todos los soldados y sus familias del fortín Yuncas en Formosa.

Gracias a Roca se ocupó media patria y nuestro territorio finalmente se unificó.

Señores: En nombre de la Comisión Nacional de Homenaje al General Julio Argentino Roca, agradezco a la Junta de estudios Históricos de Corrientes y a las autoridades de esta casa de altos estudios, por haberme recibido en este suelo correntino, para recordarlo, en el centenario de su muerte.

Muchas gracias.

* El autor es historiador y miembro de número de la Academia Argentina de la Historia.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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