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OPINIÓN

OPINIÓN: Una visión equilibrada sobre los Pueblos Originarios, por Roberto E. Porcel

Charla del Dr. Roberto E. Porcel en la Municipalidad de Mercedes (Provincia de Corrientes), el 13 de agosto de 2014.

Quiero empezar esta charla explicando los motivos que me llevaron a escribir un libro comprensivo de todos nuestros pueblos de Aborígenes Originarios, diferenciándolos de aquellos indígenas que, por la fuerza o en forma pacífica, ingresaron a nuestro país posteriormente, en la segunda parte del siglo XVIII y durante el siglo XIX.

También quería aclarar cuáles de nuestros Pueblos Originarios subsisten, principalmente en el Chaco Central, aunque muchos también se encuentran en el Chaco Austral.

El movimiento Indigenista por todos nosotros conocido, que se expandió en nuestra América Latina en las últimas décadas del siglo XX, logró en nuestro país, en el año 1994, el amparo constitucional para nuestros Pueblos Originarios.

Esto trajo un abuso, en nuestro sur, en base a una gran mentira. Pero la mayor parte de los argentinos lamentablemente se desinteresaron del tema y -lo que es mucho más grave- nuestras autoridades nacionales y provinciales ignoraron, o por lo menos aparentaron ignorar, quiénes son los únicos y verdaderos acreedores del amparo dispuesto en el artículo 75, inciso 17 de nuestra ley fundamental.

¿Qué es un Pueblo Originario?

Conforme la legislación que emana de los Convenios Internacionales de la OIT, N° 107/1957, de nuestra Ley Nacional N° 23.302 de 1985, y del convenio N° 169/1989, “Pueblos Originarios son los integrados por aborígenes, descendientes de pueblos que habitaban nuestra tierra en las época de la conquista y colonización española”.

Es decir, pueblos aborígenes que poblaban ya nuestro territorio en el momento de las entradas de alguna de nuestras tres corrientes colonizadoras: la del Río de la Plata, la del Alto Perú o la de la Capitanía de Chile. Las tres tuvieron lugar y se desarrollaron en él durante el siglo XVI.

Además dichos aborígenes, para ser acreedores del referido amparo, deben aún vivir de acuerdo a las modalidades sociales, económicas y culturales que eran propias de dichos pueblos en el siglo XVI, conservando su lengua, sus costumbres y sus tradiciones.

Esos aborígenes los encontramos hoy únicamente en nuestro Gran Chaco y tienen su origen en dos grandes grupos que abarcan tres etnias.

Etnia es una agrupación natural de personas que tienen ciertas afinidades somáticas, lingüísticas y culturales y que habitan, generalmente, en un espacio geográfico determinado.

El grupo de los Pámpidos agrupa a los aborígenes de las etnias Guaycurúes y a los Mataguayos, la etnia Brasilio o Brasílida corresponde a los Guaraníes y Tonocotes.

Del último censo conocido (encuesta complementaria de los pueblos indígenas de años 2003/2004), resulta que existían aproximadamente en Argentina -han transcurrido 10 años desde la misma-, 69.452 tobas, la población más numerosa de nuestros pueblos originarios; 15.837 mocovíes y 4.465 pilagás, todos de la etnia Guaycurú.

Además había 21.807 chiriguanos -guaraníes de etnia brasilio-; 40.036 wichies o matacos, de etnia Mataguayos; 2.613 chorotes, que algunos consideran también Mataguayos; alrededor de 1.000 tonocotes de origen brasilio; 553 chunupies, 300 tapietes y algunas otras pequeñísimas comunidades, como los ocloyas de Jujuy. Estos últimos pertenecen al grupo y etnia de los andidos.

Todos estos aborígenes siguen viviendo en comunidades, conservan su lengua y en lo posible sus costumbres. Por eso, como descendientes e integrantes de nuestros Pueblos Originarios, están amparados por nuestra norma constitucional.

Entre ellos se encuentran los hoy maltratados Quom, pámpidos de etnia Guaycurú y del pueblo toba, realmente originarios, que los gobiernos del Chaco, Formosa y el Nacional no sólo ignoran, sino también reprimen.

Pero no son originarios por ejemplo los kollas, de raza Andida y etnia Aymará, la comunidad más numerosa del NOA, que entraron recién en el siglo XIX no solo a Jujuy sino también a Chile, ocupando en nuestro país las tierras de nuestros desaparecidos omahuacas. Además, estos indígenas han alcanzado un grado de adelanto y adecuación a nuestros sistemas similar a la de los demás habitantes de la región con quienes conviven, adoptando nuestra lengua, usos y costumbres, más allá de que la mayoría son bilingües, ya que conservan también la lengua quechua o aymara. Pero atención: no ser originarios no les quita su calidad de argentinos -que ellos no discuten-, ni de ser titulares de los mismos derechos, garantías y obligaciones de cualquier otro ciudadano o habitante de nuestro país.

Lo mismo ocurre con los Mbyá (alrededor de 5.000 indígenas) de la provincia de Misiones.

Sobre los guaraníes, dado que estoy en Mercedes, ciudad anfitriona de esta charla, voy a explayarme un poco más.

Cuando Atienza gobernaba Corrientes, los paraguayos invadieron y tomaron Misiones, ante el desinterés que demostró en evitarlo don Juan Manuel de Rosas, que no dio ningún apoyo al gobernador para echarlos, fijándose en esa época como límite la frontera de Loreto. En esa oportunidad entraron los Mbyá, guaraníes provenientes del Paraguay.

Son por supuesto guaraníes, o sea de la misma etnia de los primitivos pobladores de la región.

Pero no son guaraníes cainguas, los originales de Misiones, los que en 1641, en Mbororé y dirigidos por los Jesuitas, vencieron y corrieron a los bandeirantes y mamelucos procedentes de San Pablo, que pretendieron una vez más apresarlos para usarlos como esclavos; los que recuperaron de la corona portuguesa Colonia del Sacramento para España, en 1680 y nuevamente por segunda vez, pocos años después; los que apoyaron a Mauricio Bruno de Zavala, gobernador del Río de la Plata, para fundar Montevideo en 1726, después de derrotar al corsario francés Moreau, que había ocupado el cerro cerrando el paso a los portugueses que ambicionaban ocupar ese sitio tan estratégico; los que defendieron las Misiones Jesuitas del este del río Uruguay durante la guerra guaraní que duró entre 1750 y 1755, cuando el rey Borbón Fernando VI le regaló ese inmenso territorio tan graciosamente a Portugal, regalo que ratificó posteriormente lamentablemente su hermano Carlos III.

Ellos desparecieron como pueblo después de las guerras de nuestra independencia, en que combatieron bajo el mando de Andresito Guacurarí, nacido probablemente en Santo Tomé, lugarteniente y ahijado de Juan Gervasio Artigas, el caudillo Protector de los Pueblos Libres.

Pelearon primero contra los paraguayos para recuperar Misiones en 1815 (retomaron Candelaria, Santa Ana, San Ignacio, Corpus y Loreto), y posteriormente intentaron recuperar sin éxito las viejas misiones jesuíticas orientales que estaban en manos de los Portugueses.

Posteriormente lucharon contra estos últimos para apoyar al caudillo oriental en su propia tierra.

Finalmente Andresito -cuyo proceder no estoy juzgando en esta charla- fue vencido por el general Lecor en Itá Curuví en 1819 y cayó prisionero, en manos del imperio, falleciendo seguramente en prisión.

Los Cainguas y Santanas sobrevivientes de esas guerras se esparcieron en nuestro noreste, donde hoy sus descendientes, totalmente acriollados, conviven con los demás pobladores de la región. En Corrientes se estima que llevan su sangre mucho más de 20.000 personas.

Dejemos ahora el norte del país, para ver qué pasa en nuestro sur.

Sus pobladores originarios de raza pámpida fueron de etnia Tehuelches, más allá del grupo de los pehuenches australes del cerrado y pequeño circuito de Varvarco y el río Agrio, en el noroeste de Neuquén, y de los Puelches Algarroberos del sur del río Diamante en Mendoza, de los que es muy poco lo que sabemos, desalojados por los Pehuenches Boreales o Mendocinos.

Estos poblaron al sur del río Diamante, mientras los Pampas lo hicieron originalmente al sur del Quinto en San Luis y Córdoba y del Plata primero y el Salado después, en la provincia de Buenos Aires.

Los Pampas, tehuelches septentrionales denominados Gününa Küne, descendían de los Querandíes, que posteriormente se mestizaron como muchos otros aborígenes argentinos y otras etnias trasandinas, con los Ranqueles.

Más al sur, estaban los Guenaken, que poblaron desde el sur del río Neuquén, sobre la Cordillera, hasta el Atlántico, al norte del Río Negro, más conocidos como Puelches o Serranos, Poyas y Leuvuches.

Al Sur del río Chubut estaban los Tehuelches Meridionales -llamados Payniken- hasta el río Chico, afluente del Río Santa Cruz, y los Aonikenk, desde su costa sur hasta el Estrecho de Magallanes. Eran más conocidos por los españoles como Patagones. Además estaban los Teuesh o Poyas, recostados contra la cordillera.­

No me ocuparé de los Tehuelches Australes, los Sherman y los Haus de la península Mitre, ni de los Yaganes, aborígenes todos de Tierra del Fuego, que han desaparecido totalmente desgraciadamente a manos de los buscadores de oro y los laneros.

Quede claro desde ya que los principales exterminadores de los Tehuelches Septentrionales y Meridionales, de nuestros verdaderos pueblos originarios del sur Argentino, fueron los indios provenientes de Chile, los Araucanos, Huilliches y Picunches.

Estos aborígenes chilenos poblaron nuestra tierra recién a partir del siglo XVIII y principalmente en el XIX, después de 1820, durante y al término de la guerra a muerte en Chile, hasta las campañas militares de los generales Roca y Villegas.

Entre 1875 y 1878, de acuerdo a las estimaciones de los jefes de frontera (Levalle, Winter, Villegas, Maldonado, Lagos, y Donovan), poblaban el sur de la provincia de Buenos Aires aproximadamente 2.800 pampas serranos de los Catriel y Cachul, únicos aborígenes originarios de nuestra tierra; y desde el sur del río Diamante en Mendoza hasta la línea de frontera bonaerense, santafesina y cordobesa, algo más de 8.000 salineros (Huilliches en su mayoría y Araucanos), de origen chileno y dependientes del cacique Manuel Namuncurá, hijo del celebre Calfulcurá que falleció en 1873 de muerte natural, después de su derrota el año anterior en la batalla de San Carlos, en Bolívar; entre 8.000 y 10.000 ranqueles, entre los que había cerca de 1.000 criollos dependientes del cacique Mariano Rosas (después de su muerte de su hermano de Epumer y Baigorria); 6.000 pehuenches australes, cuyo cacique mayor era Purrán; 8.000 huilliches chilenos dependientes de Renque-Curá (hermano de Calculfurá), asentados sobre la cordillera, pero en su costado este; 1.500 indígenas dependientes del cacique Cañumil en la región llamada Entre Ríos Sur (entre los ríos Negro y el Colorado); además de los Manzaneros y los Patagones de más al sur (payniken, aonikenk, poyas y leuvuches).

En total, sumando a los indígenas de Pincen (de origen voroga, aunque él había nacido en Guaminí y se consideraba argentino) y los de las tribus amigas de origen araucano de los caciques Rondeau (hijo), Coliqueo, Razylef (hijo) y nuestros pampas serranos y otros dispersos, solamente había aproximadamente entre 40.000 y 45.000 aborígenes tras la frontera del indio, de los que la gran mayoría de ellos eran, en esos años, chilenos o descendientes de chilenos -hijos o nietos-, entrados en los últimos tiempos (desde mediados del siglo XVIII y durante el mismo siglo XIX).

Ahora bien, los autodenominados actualmente Mapuches, que hoy pretenden y reclaman derechos a tierras como si fueran descendientes de nuestros pobladores originarios, tienen sangre trasandina y en su casi totalidad son nacidos en Chile y no en Argentina.

Actualmente podemos calcularlos en unos 130.000 (o sea muchísimos más que en aquella época), la mayor parte mestizados con otras etnias y/o también con blancos. Tienen su centro de operaciones en una ONG británica, la International Link o Enlace Mapuche Internacional, con sede en 6 Lodge Street, Bristol, Inglaterra. Todos sus directivos, salvo un araucano, son ingleses. En Suecia también tienen un centro Documental Mapuche llamado “Ñuque Mapú”.

En nuestro sur, sus loncos se manejan en modernas camionetas 4X4.

Me pregunto: ¿de dónde sacan estos mapuches tantos fondos para mantener esas y otras filiales, buena prensa y abundante publicidad, tan fuerte apoyo económico y logístico en la Argentina?

Podemos decir que los primeros aborígenes chilenos que se asentaron en Argentina fueron los huilliches del sur del río Toltén.

Como explica Casamiquela, son de etnia Pehuenche y no Araucana. Se aliaron con nuestros pehuenches australes de Varvarco para luchar contra los pehuenches boreales de Mendoza, sus grandes enemigos. Esto le permitió ingresar primero con Carripilón a la cabeza y después con el primer Yanquetruz, cacique también chileno como el anterior -muerto durante la guerra pehuenche en 1789-, y fundar la nación Rankulche, que por consiguiente no es tampoco originaria. Se asentaron en la tierra de los carrizales, en Poitague y Leuvuco, expulsando en esta zona pampeana a nuestros primitivos peuelches.

También ambas etnias unidas (huilliches chilenos y pehuenches australes), a fines del mismo siglo XVIII, después del viaje del piloto Villarino que navegó el Limay y el Collón Cura (año 1783) y contemporáneamente con el viaje de fray Menéndez desde Chile al Nahuel Huapi (año 1790), conforme sus notas arrojaron de Neuquén a los puelches y poyas, nuestros verdaderos pueblos originarios de esa zona, corriéndolos al sur del río Limay y ocupando sus tierras originales que ubicamos hoy en los Parques Nacionales Lanín y Nahuel Huapi.

Nuestros tehuelches, a pesar de su tamaño y fortaleza física, no eran numerosos y además eran nómades y cazadores, no aborígenes de naturaleza guerrera.

Su número o población era muy inferior al de los aguerridos y veteranos indios chilenos invasores. Los tehuelches estaban acostumbrados a desmontar y luchar de a pie, con flechas y bolas, y poco podían hacer contra la caballería y las largas lanzas de los araucanos, cubiertos con sus corazas de cuero. Los indígenas trasandinos venían guerreando desde el siglo XV, primero contra el Inca, y después desde el XVI contra los españoles, de quien habían aprendido el arte de la guerra. Recordemos sus grandes líderes de la época de Valdivia, los caciques Caupolicán y Lautaro.

Como nos enseña el historiador Sarobe, el caballo que trajeron precisamente los conquistadores permitió la intermediación comercial de los Andidos trasandinos, con nuestros aborígenes Tehuelches y Pehuenches, a través de los pasos cordilleranos del sur mendocino y de Neuquén y posteriormente su invasión durante y después de la guerra a muerte en Chile, que se desarrolló entre los años 1818 y 1824.

Calixto Oyuela, jefe del fuerte de Carmen de Patagones, le informa a Martín Rodríguez, entonces gobernador de Buenos Aires, que 1800 pampas serranos fueron vencidos por los moluches o arribanos, naturales del Arauco, que cruzaron los Andes apoyados por milicias de Chile, portadores incluso de un cañón de bronce, en la batalla de Choele Choel, en 1821, perdiendo así nuestros aborígenes este fundamental paso del camino de los arreos a Chile de haciendas robadas, debiendo retirarse los sobrevivientes al sur del Negro y el Oeste de Buenos Aires, a la zona de Guaminí, Carhué y Puán. En esa batalla murieron sus caciques Ojo Lindo y Anapilco y centenares de guerreros Tehuelches, y muchas de sus mujeres e hijos fueron capturadas y pasaron a integrar los toldos araucanos de los vencedores.

También los tehuelches fueron vencidos. Habían caído en Languiñeo, donde su matanza fue tan grande que el lugar tomó este nombre. Languiñeo significa “lugar de los muertos”.

También cayeron en Barrancas Blancas, Shótel Naike y río Senguer, en Chubut.

Cuando los Araucanos Vorogas, que defendieron a Fernando VII durante la guerra de la independencia en Chile -llamada guerra a muerte-, fueron vencidos, se refugiaron con sus chusmas en nuestra tierra, conjuntamente con los hermanos Pincheira, guerrilleros realistas que los reforzaban en sus enfrentamientos y malones con sus armas de fuego, ya que se dedicaron a malonear, robar millares de cabezas de hacienda que vendían en Chile, atacando las poblaciones de la llamada frontera, robando mujeres y chicos cristianos, los célebres cautivos y oprimiendo principalmente a los mendocinos.

Finalmente los vorogas se radicaron en Guaminí, Carhué y Púan, arrojando una vez más a nuestros pampas serranos a las sierras más al este, para posteriormente masacrarlos nuevamente en las Sierras de la Ventana y Curamalal, y posteriormente perseguirlos y lancearlos en Bahía Blanca, a la vista de las tropas de la Fortaleza Protectora Argentina, testigos mudos de esa matanza ya que tenían órdenes de Rosas de no intervenir. Rosas estaba en trato con el tercer cacique mayor, Cañiuquir, para separar a los vorogas de los Pincheira y sus guerrilleros realistas.

Don Juan Manuel de Rosas, para combatir a los ranqueles -sus eternos y odiados enemigos-, terminada su campaña al desierto de 1833, que no fue de ocupación sino de castigo y exterminio, permitió en 1834 la entrada de dos mil lanzas chilenas de etnia Huilliche, a cuyo frente estaban los hermanos Calfulcurá y Francisco Namuncurá, los Piedras. Pero éstos, en lugar de atacar a los ranqueles, como habían prometido, sorprendieron traidoramente en Masallé a los vorogas, sus enemigos en Chile, matando a dos de sus caciques principales -Rondeau y Melín- y a todos los guerreros que trataron de oponérseles.

Posteriormente, en 1836, masacraron en el río Agio a los Araucanos Moluches de Raylef, que regresaban a chile tras sus malones, con 200.000 cabezas de hacienda robada en nuestros campos.

Su premio por estas dos acciones fue quedarse con la chusma de los vencidos (incluso Calfulcurá tomo para sí la mujer de Rondeau), con la hacienda robada (que eran millares de cabezas), y además con el permiso para quedarse en nuestra tierra y habitar en Las Salinas Grandes, en la Pampa, frente a Carhué, permiso que no significó en modo alguno otorgarles propiedad de esas tierras.

Allí permanecieron -para mal del país- maloneando, robando anualmente millares de cabezas de ganado que terminaba en Chile, asesinando a los pobladores de estancias y pueblos de la zona de frontera y secuestrando sus mujeres y chicos durante varias décadas, hasta la campaña de Julio Argentino Roca en 1879.

La campaña al llamado desierto del general Julio Argentino Roca fue complementada por el general Villegas durante su presidencia, en el llamado Cuadrilátero (en Neuquén y la zona andina sureña) en 1881 y 1883. Como estas fueron campañas de ocupación y no de castigo, pusieron fin al dominio indígena del llamado desierto.

La mayor parte de los aborígenes chilenos en esa época optaron por cruzar la cordillera a sus tierras originales. Los que quedaron en nuestra patria se acriollaron y argentinizaron.

Outes y Bruch, en su conocido libro Los Aborígenes en la República Argentina publicado en 1910, nos informan, tras una prolija investigación, que a inicios del siglo XX los indígenas chilenos de nuestro territorio no pasaban de unos pocos centenares, diseminados en la Provincia de Buenos Aires y las gobernaciones de La Pampa, Neuquén y Río Negro.

Es Horacio Zapater el que explica en su libro Notas de Viaje al país Araucano los motivos por los cuales, ante el tremendo aumento poblacional de los aborígenes araucanos en Chile, por falta de tierras para explotar y cultivar en el Arauco, comenzaron nuevamente a cruzar a la Argentina a mediados del siglo pasado, alrededor de setenta años atrás.

Debo aclarar que son estos últimos indígenas que refiere Zapater, y no los que quedaron en nuestra tierra, los que hoy están causando graves problemas en las provincias del sur, pretendiendo derechos a tierras que ocuparon nuestros Pueblos Originarios, pero no ellos.

Hoy se autodenominan y consideran mapuches y no argentinos. Me constan sus protestas por figurar sus hijos como argentinos y no como mapuches al sacar sus DNI. Usan bandera propia y pretenden tener territorio propio tanto en Chile, donde se los combate duramente, como en la Argentina, donde en cambio se toleran sus abusos.

Relatar éstos y sus arbitrariedades, sus ocupaciones de miles de hectáreas de tierras de la Nación y de particulares, de lugares de turismo e incluso campos militares, me llevaría mucho más tiempo del que he usado hasta ahora.

Voy a omitir por eso su relato recordando simplemente que protestan los acuerdos de YPF con Chevrón, manifestando que no se consentirá ningún tipo de proyecto o emprendimiento en la zona de Vaca Muerta por ser territorio Mapuche, sin la previa consulta a su comunidad.

Los Mapuches han presentado en junio pasado ante el Consejo Deliberante de Villa La Angostura, un libro titulado Huellas y Senderos, que es un relevamiento territorial y cultural de su comunidad Paichil Antriao, reclamando Villa La Angostura, de la que según ellos fueron despojados. Grueso error: ellos despojaron esos territorios a sus pobladores originarios, los Tehuelches.

Pretenden que más de la mitad de Villa La Angustura les pertenece y se quejan del proceder de sus abuelos, que según ellos se esforzaron por ir a la escuela y aprender el castellano como lengua principal, respetaron los símbolos patrios de nuestra Nación. Sostienen que estaban equivocados.

Para fundar su absurda pretensión en Villa Angostura, se remiten no a la época de las campañas militares, sino al año 1902, en el que dicen que el Estado Nacional les donó el lote Pastoril 9 a dos familias mapuches, la Paichil y la Antriado, lo que no prueban, y que en el correr del siglo pasado se produjo su despojo, arrinconando a los donatarios en el cerro Beldevere, ya que el resto del lote se usó para formar esa conocida villa turística que ahora reclaman como propia. Dicen que no pudieron hacerlo entre 1940 y 1990 por la acción de Gendarmería Nacional en territorio de frontera.

Pero reconocen -no pueden negarlo- que recién en el año 1990 se produjo una primera migración importante de mapuches a esa zona y dieron inicio a un proceso de lucha y reivindicación de sus mentidos derechos.

Han ocupado por la fuerza campos y terrenos de legítimos propietarios. Pretenden ser los dueños de Vaca Muerta, la riqueza más grandes de nuestro subsuelo. Han cerrado hoteles, escuelas y hasta una iglesia. Cobran peajes en los parques nacionales.

En Parque Lanín reclaman 400.000 Hectáreas como propias, requiriendo su comanejo bajo apercibimiento, en caso contrario, de expulsar a nuestros guardaparques.

Señores, ¿qué pretenden los mapuches? ¿Tener un territorio autónomo con bandera propia no solo dentro de Chile, sino también en nuestro país -del cual no son originarios, sino que fueron indígenas invasores-, y mientras tanto realizar negocios inmobiliarios y turísticos?

Lamentablemente nuestras autoridades no accionan como deben y la gendarmería ha abandonado el control de las fronteras. Los que quedan en ellas no pueden actuar.

Dejo a cada uno de ustedes juzgar lo que he relatado. Muchas gracias por haberme invitado a Mercedes y por la paciencia que han demostrado al escucharme.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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