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LIBROS, ROCA MILITAR

LIBROS: La Campaña del Desierto (Academia Argentina de la Historia, 2009)

LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Varios Autores. Prólogo de Juan José Cresto. Academia Argentina de la Historia. Buenos Aires, 2009, 352 pp.

PRÓLOGO

I. PRESENTACIÓN DE LA OBRA

La Academia Argentina de la Historia presenta una obra sobre la ocupación del desierto, por entender que es necesario esclarecer numerosos problemas que aún hay en nuestro pasado histórico y otros que merecen ser revisados o confirmados.

No cabe duda que la operación de ocupación de nuestros extensos territorios por el gobierno nacional es un tema de tratamiento multifacético, que ha sido estudiado desde los más diversos ángulos desde hace un largo siglo y cuarto. Autores argentinos y del exterior –como el ingeniero Alfredo Ebelot o E. Nordenskiöl– trataron los más variados aspectos del llamado “fenómeno indígena”, esos habitantes autóctonos que un día vieron llegar hombres diferentes desde lejanos sitios que ni conocían ni imaginaban, que descendían de barcos, hombres que se fueron radicando en tierras que ellos consideraban ancestralmente propias y, por lo tanto, sentían que la ocupación del recién llegado atentaba contra sus propios intereses y derechos.

No estaban equivocados totalmente en el planteo, el mismo que se produce reiteradamente a lo largo de toda la historia de la humanidad. Los hicksos ocuparon las tierras del labrador del Nilo hace cuatro mil años, los helenos indoeuropeos, la península Balcánica, hace tres mil, los germanos entraron al imperio de Roma hace mil seiscientos, los blancos indoeuropeos ocuparon el continente amerindio hace cuatrocientos, los africanos invaden por oleadas a la Europa próspera y aún lo siguen haciendo; en fin, las razas y los pueblos que migran desde todos lados y hacia todos lados, trabajan o no en el mismo sitio, se mezclan, se radican, se acostumbran, hacen suya la tierra y la constituyen como su nueva Patria.

En este fenómeno universal, la ocupación de un desierto en la República Argentina es un aspecto mínimo. Y una vez más expresamos que desierto se emplea en su acepción de “carente de población”, “vacío de habitantes”, mas no en la acepción de “zona estéril”. Cuando el ministro de guerra del presidente Avellaneda, doctor Adolfo Alsina, utiliza un método que él cree conveniente por su formación de hombre de leyes, de vida urbana, con residencia habitual en la ciudad, con criterio patriótico y con supino desconocimiento de la naturaleza del campo, desierto y brutal, no comprende que su propuesta, hecha con insistente y meritoria voluntad, puede caer en el fracaso. Los arreos de animales habrían de continuar durante su ministerio, pese a su importante gestión y solamente se modificaría con el ingreso al Ministerio de Guerra del general Roca, hombre que conocía el desierto y la milicia, que había pasado largos años combatiendo a los levantiscos enemigos de los gobiernos y también a las tribus salvajes, indómitas.

Hoy, el tiempo ha pasado. En aquellos días los periódicos traían a menudo el escándalo y el dolor que causaban las invasiones sobre las estancias y sobre los pueblos desguarnecidos de seguridad y de protección.

Asombro, impotencia, dolor. Todos conocían a algún pariente, a algún amigo, a algún vecino de un remoto pueblito al que le habían muerto a un hijo o llevado a una niña o a su madre a los aduares indígenas; todos sabían del robo de aquellas modestas pertenencias de esos gauchos pobres, todos tenían información, aunque fuere indirecta, del horror, de la pesadilla de los feroces malones. Combatir al indio era una “causa nacional” y prueba de ello es el apoyo de todos los periódicos de la época. Más aún, la obra de Roca como militar era admirable ya para su edad y para su época, pero la adhesión masiva a su persona tenía un solo y unánime apoyo: había erradicado la pesadilla de los malones. Si no hubiera hecho más que eso en su vida antes de ser candidato a presidente, aún así habría tenido el suficiente respaldo popular.

Y esta expresión merece una reflexión. Este autor y los restantes historiadores que firman las notas de este volumen no podemos suponer hechos sobre acontecimientos que no ocurrieron, pero sí, no cabe duda, que la expulsión de los indígenas del desierto, que vivían de los malones y de su posterior negociación de los animales sustraídos con los inescrupulosos comerciantes de allende la frontera, fue por sí misma suficiente causalidad de su elección para ejercer el cargo de presidente de la República.

Así, por lo tanto, esta obra tiene por objeto un estudio histórico desapasionado, aunque, implícitamente, surge del mismo un reconocimiento para con aquellos hombres que combatieron el delito de los asaltos a los pueblos indefensos con precarios medios y, a la vez, consolidaron las fronteras nacionales.

El hombre blanco –conquistador en su origen, colonizador después e inmigrante laborioso más tarde– debió enfrentar a los indios por razones de su propia supervivencia. Se ha sostenido que éstos eran pobladores originarios del continente. Ello es cierto, según se comprende y se le da una interpretación amplia a la palabra “originaria”, porque la mayor parte de las tribus que ocuparon la meseta patagónica de nuestro país fueron indígenas que desplazaron a los verdaderos habitantes oriundos y originarios, situación que los colocaba como pobladores de menor tiempo de residencia que el propio colono blanco, sobre el que medraban a través del comercio o del latrocinio.

II. LOS AUTORES Y SUS NOTAS

En este volumen colaboran catorce miembros de la Academia que ilustran el tema desde los más variados ángulos, porque el problema de la presencia indígena en la Argentina es complejo y sumamente disímil.

El indio de los días de los conquistadores españoles presenta una problemática propia en cada región y, además, según la procedencia de cada tribu, pero la situación del indígena en el siglo XIX radicado en la pampa húmeda argentina, armado de la lanza con extremos de cuchilla de hierro y montado a caballo –ambos, elementos de origen europeo– es otra bien diferente.

Ninguno de los autores de los trabajos de la presente obra ha tomado preconceptos o ideas preconcebidas y mucho menos con animadversión social o ideológica. Por el contrario, en algunos casos, se ha puesto el acento en la relación con los indígenas, como el del doctor Fiz Antonio Fernández, que tiene largos antecedentes de médico y de antropólogo al servicio de ellos y el del coronel y doctor José Luis Picciuolo, que destaca la colaboración con ellos a través de aquellos formidables hacedores, que fueron los sacerdotes y hermanos salesianos, seguidores de Don Bosco.

El doctor Fiz Antonio Fernández hace un meduloso trabajo sobre la base de la integración de los pueblos indígenas “que se está llevando a cabo –dice– en todo el mundo por la UNESCO”. Luego hace un análisis de los primitivos habitantes de nuestro territorio, en un extenso y altamente calificado trabajo de investigación.

Por su parte, el coronel y doctor José Luis Picciuolo se ocupa con el mismo rigor científico de aquellos nobles pioneros patagónicos que fueron los soldados de Cristo en las huestes humanistas de Don Bosco.

No hay un solo pueblo de la enorme heredad patagónica que no le deba algo o mucho a los humildes y laboriosos salesianos, lo que el autor remarca y documenta. Dice: “…en todo este proceso, participaron activamente los salesianos ocupándose principalmente de la salud espiritual de indígenas, criollos y europeos (…) llenando un vacío que no pudo cubrir el estado argentino.”.

III. NOTAS DE EVOCACIÓN Y ANÁLISIS

“Primero se escuchó un alarido largo, interminable, después sobrevino el silencio y más tarde estalló el infierno. Alrededor de Olavarría ardían los campos con los sembradíos incendiados y una columna interminable de humo se alzaba a los cielos” –así inicia su bello trabajo el doctor Gastón Pérez Izquierdo sobre “La zanja protectora”, lo que hace con rigor histórico, en su fondo y con un cierto acento poético, en su estilo. En su colaboración señala documentadamente las ambivalencias de los resultados del llamado “Malón Grande”, de 1875-6. Luego hace un interesante relato de las posibilidades políticas que se jugaron con las invasiones indígenas y menciona de manera pormenorizada la importancia de la “zanja de Alsina”, como se ha convenido históricamente en llamarla.

A su vez, el académico Carlos María Martínez expresa en el comienzo de su trabajo sobre la gestión del presidente Avellaneda: “Al finalizar en 1880 el mandato presidencial del doctor Nicolás Avellaneda, se habían incorporado al territorio nacional más de un millón de kilómetros cuadrados quedando así totalmente integrado el país.” Luego, el autor señala las numerosas dificultades que debió sostener aquel gran hombre de Estado para poder cumplir sus propósitos, con un mundo en plena recesión económica y, por lo tanto, con significativas dificultades presupuestarias. El propio autor se pregunta en el texto de su trabajo, refiriéndose a la época de Avellaneda: “¿Cuál era entonces el desafío de esa generación que tanto le dio al país? Construir una nación, hacer un país dándole educación y posibilidad de evolución. Para ello había –y fue esa una de sus metas– que conquistar el desierto y ensanchar la frontera.” En fin, un trabajo de información original y acertadas y hondas reflexiones, cual corresponde a un historiador de valor.

El doctor Juan José Cresto –quien suscribe esta Introducción– presenta un resumen de la campaña de 1879, que significó para el general Roca la base de su posterior ascenso a la presidencia de la nación, porque mientras la llevaba a cabo, simultáneamente, tendía todos los hilos políticos que constituían la complicada madeja electoral. Es sabido que Roca abjuró del plan defensivo de su bienintencionado predecesor, el doctor Alsina, para lanzarse a una guerra sumamente ofensiva, de permanente ataque y desgaste de las fuerzas indígenas, hasta desorientarlas individualmente, impedir sus coaliciones y, de este modo, debilitarlas.

Fue un ejemplo más de su capacidad de táctica militar, que ya le era reconocida.

Y más aún: actuó en el desierto el mismo hábil político que obraba en las ciudades haciendo atractiva cualquier propuesta suya.

El doctor Rodolfo S. Follari se ocupa de la campaña contra los indios del año 1833, que le permitió al país largos años de paz interior.

Trae al respecto un mensaje del 21 de mayo de 1832, del gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Juan Ramón Balcarce, quien dice: “…Por uno de esos brotes que produce el árbol del orden que florece en las provincias argentinas, han combinado éstas una expedición general que ya está en marcha y ha principiado a operar con buen suceso.”

El doctor Follari hace un pormenorizado relato de la expedición y para ello usa una bibliografía extensa y adecuada.

La historiadora Susana T. P. de Domínguez Soler se hace cargo de un problemática que no es común en el tratamiento de las campañas al desierto: el tema de la mujer en los días en que el ambiente era, por sí mismo, brutal y su hábitat apenas estaba protegido por alejados y precarios fortines. Dice: “El fortín era un puesto estratégico de avanzada al desierto, una línea de frontera levantada a regular distancia. No hubo un modelo único para todos los fortines. Eran generalmente de reducidas dimensiones: un sector de vigilancia a cargo de hombres, seres anónimos que dieron su vida por la patria.”. ¡Cuántas informaciones y cuán agobiante es esta bella frase ! Este breve y novedoso trabajo tiene el mérito de honrar con su recuerdo y su fervor a quienes tanto dieron y a quines se las ha olvidado. Refiriéndose a la mujer, expresa: “Su existencia cobra vida a través de los relatos que aparecen en la crónica de los viajeros o en apuntes de oficiales, llegando a nosotros episodios de patriotismo y de heroísmo en donde se las menciona como eran generalmente conocidas: «las fortineras»…”. Más que un trabajo, parece un justo reconocimiento a una clase social y a un género olvidado y hasta menoscabado por la historia.

IV. LAS INVESTIGACIONES INSTITUCIONALES

El trabajo del doctor Víctor Luis Funes es una completa descripción del panorama indígena y una lúcida interpretación de la oposición que se presentó en nuestro país entre la porfiada resistencia de indios chilenos recién llegados y dedicados regularmente al robo del ganado criado por el cristiano, por un parte, y la voluntad de su erradicación expresada y desarrollada por los poderes públicos regulares del Estado nacional argentino, por la otra. Se trata de un trabajo muy bien documentado que desarrolla la problemática de la coexistencia del indígena con los poderes públicos nacionales y –a la vez– con la sociedad civil.

Como si ello fuera poco, analiza la evolución cronológica de la legislación sobre el indígena, la que desembocará en el ascenso de Roca, quien, al pedir fondos al Congreso para desarrollar su proyecto, expresa en una frase toda la problemática de la campaña del desierto y de la historia de esa época: “Nuestro propio decoro como pueblo nos obliga a someter cuanto antes, por la razón o por la fuerza, a un puñado de salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y que nos impiden ocupar definitivamente en nombre de la ley y del progreso y de nuestra seguridad, los territorios más ricos y fértiles de la República.” Palabras éstas que sintetizan todos los proyectos y son, por sí mismas, un programa de gobierno. Nota muy documentada y valiosa, se extiende luego a la situación presupuestaria de aquella nación carente de habitantes, extensa y pobre, que asomaba al mundo y al progreso.

El doctor Roberto Edelmiro Porcel hace un pormenorizado y bien documentado estudio sobre los pueblos indígenas originarios así como de los invasores procedentes de Chile, siguiendo una tesis que ha tenido suficiente repercusión, en la que deja constancia de la calidad de las tribus nativas y la de los posteriores ocupantes, resguardando –si cabe el término– la justicia histórica y desenmascarando la patraña de la erradicación de pueblos invasores. “El proceso de araucanización en nuestro territorio empieza en el siglo XVIII, pero se concreta con una ocupación efectiva a partir del comienzo de la llamada en Chile “Guerra a Muerte”, que duró desde 1819 hasta el año 1824, es decir, en el transcurso del siglo XIX.”, expresa. El doctor Porcel sienta la tesis que señala a los indígenas que exigen reivindicaciones territoriales como verdaderos usurpadores de tierras ocupadas por diversos pueblos antecesores.

V. INVESTIGACIONES SOBRE PERSONALIDADES

El recientemente fallecido profesor Enrique Germán Herz publica un breve trabajo cuyo título es suficientemente explícito de su contenido: “«La guerra al malón», testimonio valioso del ciclo histórico-literario sobre las luchas de las fronteras”, en cuyo texto hace una exégesis de la obra homónima, de tal modo que su recuerdo le sirve para ahondar el estudio bibliográfico existente sobre el tema. Dice: “…en mi opinión, el primer eslabón de esa larga cadena de obras (…) es “La cautiva”, de Esteban Echeverría”. Y agrega: “Desde otro ángulo, el «Martín Fierro», la obra más difundida y representativa de nuestra literatura, expresa con marcado realismo la vida de los gauchos que integraban los contingentes de frontera (…). Hay una pléyade de libros testimoniales sobre las luchas fronterizas: “Una excursión a los indios ranqueles”, de Lucio V. Mansilla, es, a la vez, un documento histórico…”, en la que se narra la pretensión de la instalación del colono en las márgenes del río Quinto. El autor menciona a Eduardo Gutiérrez, a Álvaro Barros, a Manuel Prado, a José Garmendia y a Estanislao Severo Zeballos.

Haciendo mención a la obra de nuestro colega Roberto Edelmiro Porcel, expresa transcribiéndolo: “La Araucania, en Chile, se extendía desde el río Bio-Bio como frontera norte, hasta el Toltén, al sur. Los mapuches, cruzando la cordillera, atacaron y vencieron a nuestros indígenas tehuelches y pehuenches, araucanizando nuestras pampas, imponiendo su lengua “mapa-dunga” y arrojando a nuestros naturales al sur del Río Negro y al este de Buenos Aires. Esta invasión comenzó en el siglo XVIII, se concretó tras la guerra a muerte en Chile (1819- 1824) y su dominio duró hasta la campaña del general Roca.”

Es éste el trabajo póstumo del historiador Herz y por intermedio de estas líneas, los colegas de la Academia le tributamos este último y merecido homenaje.

El doctor Federico Pérgola –historiador de la medicina y miembro de número de la Academia– trata un tema propio de su profesión: “La visión del mundo y de las enfermedades en las etnias que habitaron el sur del territorio”. Señala en su trabajo que los procesos de aculturación de las tribus indígenas dispersas en la vastedad territorial no fueron fáciles y se pregunta: “¿por qué nos hemos ocupado de las enfermedades junto con la visión del mundo circundante en esas etnias? Porque la enfermedad, al desconocerse sus causas, entra dentro del folclore tribal como parte misma del ritual.” Verdaderamente, es una honda respuesta. Luego penetra en el mundo de las creencias, de ese folclore y también de sus cosmogonías. Los pehuenches –por vía de ejemplo–, “…según las averiguaciones hechas por los misioneros (…) no tenían en su idioma la palabra que significara Dios”. Y así, con sencillo estilo, el autor va desbrozando las costumbres, los mitos y la vida cotidiana de etnias y pueblos que poblaron nuestras regiones australes.

Finalmente, citando a Mumme, dice: “Los araucanos no conocían ninguna divinidad, su lengua no posee palabra alguna para ella, así como tampoco para expresar conceptos abstractos como el bien y el mal; una mala acción era, pues, un asunto privado entre el dañador y el perjudicado….”.

Carlos Pedro Blaquier hace una semblanza del eminente estadista que integró a la nación la Patagonia en un trabajo cuyo título sintetiza su contenido: “Roca, realizador de la Argentina moderna”. Es una breve, concreta y muy bien informada nota que reseña la vida del ilustre tucumano. Extraemos a título de ejemplo un solo párrafo: “La llamada «Conquista del Desierto» o «Campaña del Desierto», llevada a cabo por cinco columnas del ejército argentino que actuaron con gran sincronización y eficiencia bajo el mando supremo del general Roca, convirtió a éste en la figura política y militar más importante de la Argentina de ese entonces. Dejó el Ministerio de Guerra y en 1880 el Colegio Electoral lo eligió Presidente de la Nación.”

La profesora Emilia Menotti es autora de un extenso y muy documentado trabajo que halaga leerlo por la precisa documentación que cita y por la oportuna intervención con que lo hace. Narra las diversas expediciones navales que se hicieron a la Patagonia, que incluye en el título “Las fuerzas navales argentinas en la Campaña al Desierto”, tema muchas veces injustamente relegado, o, por lo menos, carente de adjudicación de la verdadera importancia que tuvo. Para ello, la autora no se limita a la expedición de 1879; se extiende a los antecedentes que se remontan a nuestros días liminares como nación y se hacen referencias reiteradas a las “Memorias” de Guillermo Brown, para narrar luego el largo desarrollo de las primeras presidencias. No podemos menos que referirnos a la mención a la autora hace de un memorándum de Luis Piedra Buena, pionero de nuestra marina en el Sur y de la resolución del Senado del 5 de octubre de 1868: “…conceder en propiedad la isla denominada «Del Estado» sobre el Cabo de Hornos y tres leguas de frente al norte del río Santa Cruz y cuatro leguas o lo que hubiese, de frente al noreste, hasta encontrar el mar, quedando comprendidas las islas de Pavón, donde tiene una colonia…”, como verdadero homenaje a un pionero de la Patagonia. Dice la autora: “…Justo homenaje hacia un valiente centinela que cuidó la soberanía nacional.”.

Después, se refiere al desarrollo de la marina fluvial, teniendo en cuenta la magnitud de nuestros ríos navegables. La creación de la Escuela Naval Militar y la presencia de la Armada en las aguas del Atlántico Sur dan motivo para otros análisis, de tal modo que su tarea es una síntesis muy completa de la actuación de nuestra fuerza naval.

El doctor Enrique Pinedo hace una semblanza del hombre que presidió los destinos nacionales cuando se llevó a cabo la campaña del desierto. Dice de Roca: “Como no fue el tipo de militar burócrata ocupado en los papeles de escritorio, logró en combate todos sus ascensos (…) su desempeño fue siempre eficiente y ejemplar (…) pasó a formar parte de los cuadros de oficiales a edad muy temprana y conquistó el generalato a los 31 años.” Pinedo hace un breve comentario de la vida y de la presencia política de Roca llegando a la conclusión que su gobierno fue uno de los más esclarecidos. Señala: “Hubo en nuestro país un antes y un después de Roca” expresando que su personalidad fue la base de sus medidas y éstas, a su vez, de sus notables períodos de gobierno.

Con las semblanzas de los hombres que participaron en las campañas del desierto y en la vida civil y militar de aquella época, así como en la descripción de la sociedad que la vivió y que hoy merece el recuerdo de las generaciones que la siguieron, esta obra es, a la vez, un esclarecedor trabajo de investigación y un homenaje para quienes les dieron un sentido a la República.

Juan José Cresto
Presidente
Academia Argentina de la Historia

Descargue el libro completo aquí.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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