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OPINIÓN, ROCA MILITAR

OPINIÓN: La integración territorial argentina, por Roberto E. Porcel

Conferencia pronunciada el 15 de mayo de 2014 por el Dr. Roberto Edelmiro Porcel* en la Asociación Correntina General San Martín, bajo el tema “Centenario de Julio Argentino Roca: La integración territorial argentina”.

La Asociación Correntina General San Martín, en este año que conmemoramos el centenario del fallecimiento del general Julio Argentino Roca, me ha invitado a tratar el tema de “Nuestra Integración Territorial”.

Antes de hacerlo, quiero felicitar públicamente a un amigo aquí presente, el profesor Antonio Emilio Castello, comprovinciano de ustedes, que ayer se ha incorporado como miembro de número a la Academia Argentina de la Historia, institución fundada el 21 de junio de 1948, también en una época brava para los hombres que querían expresar libremente sus ideas.

Como no dudo que el Profesor Castello reúne las condiciones necesarias para dar lustre al sitial que a él le ha correspondido, pido un aplauso para el nuevo colega.

Señores, volviendo ahora a nuestro tema, correspondió a don Julio Argentino Roca, como ministro de guerra del Presidente Nicolás Avellaneda primero, y como Presidente de la República después, lograr la actual integración de nuestro territorio nacional, desmembrado como estaba tanto en el sur como en el norte.

Roca, fue un militar, un político y un verdadero estadista, que poseía la virtud de saber elegir el momento oportuno para actuar en defensa de los intereses que se confiaban, mucho más cuando ellos eran importantes para el país.

Por eso, dado el tema a tratar, vale la pena hacer primero una breve reseña de quienes ocupaban antes de las expediciones al Gran Chaco y al llamado desierto, gran parte de nuestra vasta geografía,  poblada por aborígenes que habitaban desde antes de la conquista y colonización en la zona norte, en el Impenetrable, verdaderos pueblos originarios, y por indígenas invasores de origen trasandino llegados para establecerse recién a fines del siglo XVIII y principios del XIX, en la región sur.

Ellos dominaban miles de hectáreas que permanecían completamente ociosas al arado, a la cría del ganado y a otras actividades productivas, en su casi totalidad vírgenes y desocupadas, dado la desproporción entre esas bastas superficies y el escaso número de los pobladores indígenas.

En el Gran Chaco central (Entre el Pilcomayo y el Bermejo) y el meridional (al sur del Bermejo), comprensivo de las actuales provincias de Formosa, del Noreste de Salta, de la del Chaco, del norte de Santa Fe y de gran parte de Santiago del Estero, es decir del denominado “Impenetrable”, dominaban nuestros aborígenes originarios.

Pertenecían a las etnia de los Pampidos, o sea los pueblos Guaycurues , nación   integrada por los aguerridos Tobas, Mocovíes, Pilagás y Abipones, casi permanentemente en lucha entre ellos (ya no quedaban los temibles Payaguas Tacumbues más conocidos como Agaces); a la etnia de los pueblos Mataguayos, los Matacos, hoy conocidos como Wichies, los Vejoses, los Palomos , y también  los Chorotes y chulupies o Chunupies, que reúnen algunas características que los distinguen y otras que los confunden con los Mataguayos. Los Chunupies fueron muy guerreros.

También estaban los Vilelas de origen Huarpidos y varios pueblos de etnia Brasilios o Brasílicos, o sea los guaraníes denominados Chiriguanos, famosos por su bravura, los Tonocotes y algunos Mataraes.

Y en nuestro Sur, atravesando una línea trazada desde los Andes a través del Río Diamante hasta el Salado o Chadileuvú, en la provincia de Mendoza; continuando la misma por el río Quinto en su curso por San Luis y Córdoba y finalmente siguiendo los límites de la famosa frontera de Alsina, que comenzaba en Córdoba y llegaba a Bahía Blanca, nos internábamos en el mal llamado desierto, que terminaba para los maloneros en la costa norte del cauce de los Ríos Negro y Limay, para dar s lugar en la costa sur de esos ríos a la llamada Patagonia.

Esas tierras estaban ocupada por indígenas mayoritariamente chilenos o de ascendencia chilena, que fueron pasando la cordillera hacia el Este para asentarse en nuestras tierras, desde la segunda mitad del siglo XVIII, pero principal y mayoritariamente en el siglo XIX, durante y después de la llamada guerra a muerte en Chile.

Por ejemplo, ellos con Anteñir (cacique Huilliche) a la cabeza, habían exterminados en 1825, desde la zona de Malagüe hasta el cerro de La Capilla y el paso Pehuenche, a los Pehuenches Mendocinos (lanzas y chusma), a su vez sucesores de nuestros primitivos Puelches Algarroberos, de origen Huarpido de quienes tan poco sabemos.

Cincuenta años antes, Los Pehuenches de Mendoza habían sostenido una guerra con los Pehuenches Boreales del Norte de Neuquén, de la zona de Varvarco y el Río Agrio, apoyados estos últimos en esa famosa contienda Pehuenche, por los Huilliches de Chile, originarios del sur del río Tolten (baja frontera de los Araucanos).

Los Ranqueles, también fueron indígenas invasores, procedentes de Chile, que entraron al país que ellos llamaron de los Carrizales, cruzando el Chadileuvú rumbo el Este a mediados del siglo XVIII, durante la ya referida guerra Pehuenche

Lo hicieron bajo el mando del cacique Carripilún al que sucedió el primer Yanquetruz, ambos chileno.- Este último murió peleando con los Pehuenches Mendocinos en 1789.- Se asentaron en Leuvuco y Poitahue, desalojando a los tehuelches originarios del cacique Melipiolo.

El primer cacique general argentino que tuvieron los Ranqueles fue Galván, cuando murió volviendo enfermo a Chiloe el segundo Yanquetruz, su padre, en 1836.

Allí, en la actual provincia de la Pampa, es cierto que se mestizaron posteriormente a su entrada con los que quedaban de nuestros originarios Huarpes Puntanos, Comechingones del sur de tras la sierras, Pampas (descendientes de los querandíes) y también con Picunches (Pehuenches del norte del Bio Bio) y Vorogas (Araucanos) chilenos que escaparon del desastre de Masallé.

Pero además el mestizaje también lo hicieron con criollos, que huyendo de Rosas buscaban refugio en sus tolderías y con las cautivas blancas que raptaban en sus continuos malones.

A fines del siglo XVIII (1790), coincidiendo con la entrada desde Chile de Fray Menendez al Nahuel Huapi, nuestros Pehuenches Boreales unidos a los Huilliches chilenos arrojaron de los actuales Parques Nacionales Lanin y Nahuel Huapi, a la costa sur del río Limay, a los pueblos originarios de esa zona neuquina, nuestros   Puelches y Poyas (de etnia Tehuelche).

Los moluches chilenos (Araucanos arribanos), en 1821, apoyados por milicias tras-andinas, derrotaron en la batalla en la isla de Choele Choel a 1.800 Puelches o Pampas Serranos (Tehuelches), matando a gran cantidad de ellos y a sus caciques Ojo Lindo y Anapilco, arrojando a los sobrevivientes al sur del Río Negro y al Oeste de la Provincia de Buenos Aires, a la zona de Guaminí, Carhue, Puan y Epecuén.

Se apoderaron así de la famosa isla, tan útil para el paso de hacienda robada (Informe de Calixto Oyuela comandante de Carmen de Patagones).

Pero también vencieron a nuestros Tehuelches en los combates de Languiñeo, Río Senguer, Shote Naike y Barrancas Blancas.

El Arauco, en Chile, tenía su baja frontera (al Norte) en el río Bio-Bio y la alta (al Sur), era el Río Tolten.- Lindaba con el Pacifico al Oeste y la Cordillera al Este.- Los grupos aborígenes araucanos eran cuatro, Los Costinos, Los Abajinos, Los Arribanos (Moluche) y los Vorogas ubicados en la zona del río Imperial.

Los Vorogas, fueron derrotados en el Arauco durante la llamada guerra a muerte en que apoyaron a Fernando VII, y huyendo de los patriotas vencedores, traspasaron con su chusma la cordillera en 1821.

Tras varios años de malonear juntos con los guerrilleros realistas de los hermanos Pincheira, terminaron arrojando primero a nuestros Pampas Serranos de la zona de Guaminí, Carhué, Puan, Epecuén, Pigüe, donde ellos se habían asentado después de la derrota que sufrieron en Choele Choel, eligiendo ese lugar para sus toldos.

Posteriormente, en 1830, los corrieron nuevamente de las sierras de Cura Málal, donde acuchillaron a los indios del cacique Tetruel y casi en forma inmediata, persiguieron a otros Pampas Serranos o Puelches desde la Sierra de la Ventana hasta Bahía Blanca, matando a la vista de nuestros fortineros de la Fortaleza Protectora Argentina, a los caciques Curitripay, Catrileu y Lomo Colorado, con todas sus lanzas y su chusma.

Dice Martiniano Rodriguez, comandante de la fortaleza, que no distinguieron en su ataque, asociados a los guerrilleros realistas de los hermanos Pincheira, a los indios de guerra, de la chusma de ancianos, mujeres y niños.

Una vez terminada su campaña al desierto del año 1833, donde sus tropas al mando de Pacheco, Ramos y Delgado dieron muerte a 3.200 guerreros de lanza, la mayoría trasandinos, Juan Manuel de Rosas permitió el ingreso al país de 2.000 Huilliches al mando de los caciques hermanos Calculfura y Francisco Namuncura, imponiéndoles como condición de que atacaran a sus eternos enemigos los Ranqueles.

En lugar de eso, Calculfura sorprendió en la llamada traición de Masallé, a los Vorogas en sus toldos, asesinando a sus caciques principales Rondeau y Melín o Melian, y a todos los araucanos vorogas que trataron de defenderse.

Rosas como premio, permitió a Calfulcura llevarse la chusma de los vencidos y asentarse desde entonces desgraciadamente en las Salinas Grandes, desde donde tantos malones lanzaría en el futuro, sobre todo a partir de Caseros hasta 1873 en que murió de muerte natural, después de la derrota sufrida el año anterior en San Carlos (08/III/72), a manos del Coronel Ignacio Rivas.

Su sucesor Manuel Namúncura, su hijo mayor, Huilliche también nacido en Chile, dirigió el malón grande de 1876 (llamado el último malón).

Estos indígenas trasandinos  y no Roca, fueron los causantes del exterminio de nuestros aborígenes originarios del sur, los Tehuelches Gününa Küne (Pampas descendientes de los querandies) y Gennaken (Puelches o Pampas Serranos), e incluso cuando subían al norte del río Chubut, a Payniken y Aónikenk (Patagones del norte o del sur del Rio Chico, afluente del Santa Cruz).

Sus malones robaban nuestra riqueza ganadera (Más de cien mil cabezas anuales), para negociarla abiertamente y sin vergüenza en Chile, mataban sin piedad por igual a nuestros sacrificados pobladores robando sus mujeres para esclavizarlas o venderlas y a sus hijos que educaban como cautivos, exterminaban a nuestros aborígenes originarios capturando para su uso o matando su chusma y daban muerte cuantas veces podían a nuestros valientes fortineros, tantas veces mal montados y mal armados.

Que cómodo es señores, hoy para algunos deformadores de nuestro pasado, desde la seguridad y tranquilidad del mundo civilizado que nuestros antepasados nos legaron con su sangre y sacrificio, criticar calumniando con mentiras y vilezas a los que integraron la Argentina.

Ante la imposibilidad de detener al indio a través de la zanja de 600 kilómetros que programó el Dr. Adolfo Alsina, desde Bahía Blanca hasta la laguna La Amarga, en el Sur de Córdoba, Julio Argentino Roca supo convencer al Presidente Avellaneda que aprovechando el conflicto chileno-peruano, era el momento de ocupar nuestro sur, evitando toda intervención extranjera.

En su expedición al desierto del año 1979 Roca contó con menos de 5.000 hombres, pero no obstante fue un éxito por lo bien que supo sincronizarla.- Armó cinco columnas, y en cada una de ellas marchó un escuadrón de indios amigos.

La primera división quedó a su mando y llegó al Rio Negro, en Chole Choel, el 25 de mayo de 1879, sin ningún enfrentamiento importante, pues el indio rehuía el combate y huía hacia la cordillera. Por eso continuó con solamente 100 hombres hasta confluencia, lugar donde se encuentran los ríos Limay y Neuquén para dar nacimiento al Negro.

El Coronel Nicolas Levalle marcho al frente de la 2° columna.

El coronel Eduardo Racedo de la tercera, al país de los Ranqueles.

El Tte. Coronel Napoleón Uriburo fue el comandante de la 4°, que debía ocupar las tierras de Mendoza y Neuquén hasta la costa Norte del río que lleva este nombre.- Sin embargo, lo cruzó sin autorización, por considerarlo necesario.

El Coronel Hilario Lagos comandó la quinta y última columna.

Murieron en combate solamente 1.270 indios de pelea, otros 980 se entregaron prisiones, conjuntamente con 10.500 indios no combatientes, que integraban la chusma con ancianos, mujeres y chicos. También se rescataron 300 cautivos.

La mayor parte de indígenas de origen chileno que trataba de escapar, pasó la cordillera en dirección a sus tierras originales.

Que cantidad de muertos reales diferente a la que utilizan los que lo acusan de genocidio al general Roca, dando números que superan incluso a veces, al de la totalidad de los entonces pobladores del desierto.

Cuando Roca asumió la presidencia, en 1880, designó como ministro de guerra al Coronel de la Guardia Nacional, después General, Doctor Benjamín Victorica y encargó al general Conrado Villegas, que había integrado su estado mayor en la Campaña al Río Negro, dos expediciones en Neuquén, la primera en 1881 y la segunda y última en 1882/1883, en que dominó todos los pasos cordilleranos a Chile, terminando con el peligro del indígena trasandino.

En cuanto a la Patagonia, en enero de 1885 se entregó con su gente el gran cacique Sayhueque, gobernador del país de la Manzanas, acompañado por los aborígenes que se le habían un ido de Inakayal y Foguel.

Esto implicó el final de la lucha en nuestro Sur.

Sin embargo, no puedo dejar de mencionar en esta ocupación de nuestro suelo, al benemérito marino, explorador y primer poblador de Santa Cruz, don Luis Piedra Buena.

Como prueba de nuestra soberanía, armó su factoría en la isla Pavón, donde el Santa Cruz desemboca en el mar.

También mencionaré al primer gobernador de Santa Cruz, el teniente de marina Carlos María Moyano y al teniente coronel Luis Jorge Fontana, que había perdido anteriormente un brazo en su cruce del Chaco hasta Salta, primer gobernador de Chubut, y muy especialmente a don Francisco Pascacio Moreno, el gran perito defensor de la teoría de las altas cumbres.

Pero también durante la presidencia de Roca, en el año 1884, su ministro de guerra Benjamín Victoríca, puso fin en el Impenetrable al cierre o incomunicación del Este con el Oeste de la patria, uniendo en forma definitiva Rivadavia en Salta, con Formosa en el río Paraguay y Resistencia sobre el Paraná.

Lo hizo durante la campaña que dirigió personalmente para la cual formó cinco divisiones y culminó con el encuentro de las tropas nacionales que marchando desde diferentes lugares se reunieron en Las Juntas del Bermejo y el Teuco, en el cuartel general de Cangayé, quedando abierto desde entonces el paso para la civilización desde Colonia Rivadavia hasta los ríos Paraguay y Paraná.

Antes de iniciar su gran campaña, ordenó varios reconocimientos del Gran Chaco.

El Coronel Manuel Obligado partiendo de Reconquista, recorrió por segunda vez todo el norte santafecino (la primera vez fue en 1879 y la segunda en 1883).

En 1883, el Coronel Bosch realiza un profundo reconocimiento en la actual provincia del Chaco, partiendo de Resistencia, llegando hasta Napalpi, Guayahibí y Pinalta, para efectuar una segunda gran entrada hasta cerca de la laguna Las Tunas (Toro Alarachi), desde donde sigue al sur y antes de llegar a la laguna del Algarrobal emprende el regreso a Resistencia.

Por su parte el Teniente Coronel Rudecindo Ibazeta, partiendo en Salta del Fortín Dragones, también en 1883, se encaminó en dirección al Fortín Victorica, doblando al norte en busca del Pilcomayo, que encuentra y bordea por territorio Boliviano hasta Caiza.

Con los antecedentes de estas expediciones, el general Victorica, llevando como jefe de su estado mayor al veterano Coronel Manuel Obligado, marcho desde Timbó el 17 de diciembre de 1884, por las márgenes del río Bermejo, rumbo a Cangayé.

El teniente coronel José Maria Uriburu partió de Cocherek, ligeramente al norte del paralelo 28, en el norte santafecino, con el mismo destino.

El teniente Coronel Rudecindo Ibazeta, partió desde la provincia de Salta recorriendo la selva, abriéndose camino por sendas a hacha y machete y cruzando el Teuco en balsas improvisadas, siguiendo los cauces de los ríos Teuco y Bermejo, también con destino a Cangayé.

El teniente coronel Fotherigan transitó desde Formosa, sobre el Río Paraguay, también hasta Cangayé.- Finalmente el coronel Blanco cubrió la retaguardia, ocupando la línea entre Monigotes y Chilca.

Todas estas tropas debieron combatir o parlamentar con nuestros aborígenes durante sus marchas, especialmente con los bravos caciques Camba y Yaloshi, que fue el autor de las heridas de Fontana en su expedición de 1880 desde Resistencia hasta Colonia Rivadavia.

Pero además el coronel de marina Ceferino Ramirez llegó hasta Presidente Roca remontando el Bermejo hacia Cangayé y el mayor de marina Valentín Feilberg, el descubridor en el sur del lago Argentino al que llegó antes que Moyano y Moreno, a bordo de la cañonera Pilcomayo remontó este río con el apoyo terrestre de 40 soldados de Fotheringham, y cuando llegó la época de las lluvias navegó hasta las Juntas de Fontana.

También esta campaña se hizo como la del desierto, con el apoyo de indios auxiliares.

Independientemente del logro de nuestra integración territorial, principalmente los guaicurúes, indios bravos, siguieron guerreando y maloneando hasta que en 1918 el ejército dio por terminada la campaña del Chaco.

Sin embargo, un año después, en 1919, se produjo el último malón norteño, cuando los Pilagás asaltaron y mataron al sargento Leyes, su mujer e hijos y todos los soldados y sus familias del fortín Yuncas en Formosa.

Señores: nuestro país, más de medio país, gracias a don Julio Argentino Roca, el coraje y la sangre de los hombres que actuaron en las llamadas campañas del Desierto y del Chaco, se logró integrar territorialmente.

Esos héroes del desierto y del impenetrable, conocidos o anónimos, jefes, oficiales o soldados, merecen nuestro agradecimiento y nos deben llenar de orgullo.

Muchas gracias por el interés sobre el tema que han demostrado al escucharme.

* El autor es historiador y miembro de número de la Academia Argentina de la Historia.

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Actos de homenaje a roca en el 104 aniversario de su fallecimiento.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Círculo Militar, Santa Fe 750. Fecha 18 de setiembre. Hora:18.30. Ejecución: Banda del Colegio Militar de la Nación y Coro del Círculo Militar.

CONFERENCIA SOBRE EL 120 ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA. Lugar: Legislatura Porteña, Salón Montevideo, Perú 160. Fecha: 9 de octubre. Hora: 18.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga y Lucas Calzoni.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Lugar: Archivo General de la Nación, Leandro N. Alem 246. Fecha; 17 de octubre. Hora: 17.00 Expositores: Dr. Rosendo Fraga y Nicolás Pasaman.

OFRENDA FLORAL E HIMNO NACIONAL FRENTE AL MONUMENTO A ROCA. Lugar: monumento a Roca en Diagonal Sur y Defensa. Fecha: 19 de octubre. Hora: 07.30.

HOMENAJE A ROCA FRENTE A SU TUMBA EN LA RECOLETA. Lugar Bóveda de la familia Roca en el Cementerio de la Recoleta. Fecha 19 de octubre. Hora: 11.00. Orador: Ricardo Balestra.

CONFERENCIA SOBRE ROCA EN SU ANIVERSARIO. Lugar: Museo Roca, Vicente López 2220. Hora 19.00.  Fecha 19 de octubre. Orador: Ministro de Educación, Ciencia y Cultura, Eduardo Finochiaro

ROCA A 120 AÑOS DE LA PRESIDENCIA REFORMISTA. Lugar: Jockey Club, Cerrito 1446. Fecha: 24 de octubre. Hora: 19.00. Expositor: Dr. Rosendo Fraga.

ROCA A TRAVÉS DE LAS MARCHAS MILITARES. Lugar: Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, Anexo de la Cámara de Senadores, calle 7 esquina 49. Fecha: 26 de octubre. Hora 19.00. Ejecuta: Banda Paso de los Andes y Coro del Regimiento 7 de Infantería Mecanizado “Coronel Conde”.

FECHAS A DETERMINAR:

COLOCACIÓN DE OFRENDA FLORAL EN EL MONUMENTO A LA CAMPAÑA DEL DESIERTO. Organización: Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VI y filial Neuquén del Instituto Roca.  Lugar: dicho monumento en Choele-Choel, Neuquén.

ACTO A ROCA EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE. Lugar: Escuela Presidente Roca, Libertad (CABA).

ACTO A ROCA. Lugar: salón Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.

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